Tema: Cuidar la Casa Común: Miren los lirios del campo (Novena del Bien Común: Denles ustedes mismos de comer).
Lecturas: Is 11, 1-10; Sal 71; Lc 10, 21-24. Martes de la primera semana de adviento.
I. Introducción: El Ritmo de Adviento y el Ritmo de la Esperanza
Hermanos y hermanas, la vida pasa por diferentes momentos, que la cadencia de la liturgia expresa y celebra para recordarnos que el Señor siempre nos acompaña. Hay tiempos donde no todo es evidente, pero la promesa es firme y hay razones para la esperanza en el suelo de la fe. El Adviento es el tiempo de esta esperanza activa, que nos hace confiar en Dios que viene a nuestro encuentro.
La esperanza en Cristo no defrauda. Firmes en ella, queremos ser custodios de la vida y de la creación, para preservarla sana y vital, para las generaciones presentes y para las de mañana. Habitamos y construimos juntos la Casa Común, que nos abriga y nos nutre.
Como país somos una gran fuerza productiva en el campo y en la generación de energía limpia. Sin embargo, el equilibrio ecológico es delicado y la balanza de la justicia es sensible. El índice de pobreza refleja una realidad dolorosa: el beneficio social y económico de nuestra fuerza productiva sigue sin llegar a todos y se mantienen marcadas diferencias en cuanto al acceso a bienes y oportunidades, que hacen al bien común.
Es aquí donde resuena la palabra del Señor: «Denles ustedes mismos de comer». Este mandato nos desafía a atender y buscar preservar la salud del suelo, del agua, de la naturaleza y de la vida, porque de ello depende la existencia misma, de nuestros hermanos más pobres y de todos. Por eso nos apremia una conversión ecológica, que ayude a construir mejores condiciones en el uso y cuidado de nuestra Casa Común.
II. Laudato Si’ y las Lecturas del Día
La Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, en su décimo aniversario, sigue vigente. Su mensaje es el núcleo de la ecología integral, que nos recuerda que la justicia social y el cuidado del medio ambiente son inseparables.
El profeta Isaías nos anuncia la paz mesiánica como la restauración de la armonía y la justicia. Describe esta paz como el fin de la violencia y el abuso, donde «Morará el lobo con el cordero…» (Is 11, 6).
El Salmo 71 complementa esta visión: el Rey mesiánico «defenderá a los humildes» y «librará al pobre que clama» (Sal 71, 4.12). En él se expresa la confianza en que el Señor restablecerá los derechos de los más débiles y traerá el equilibrio social.
Finalmente, el evangelio de Lucas nos trae la oración de Jesús que valora la sabiduría de los humildes y sencillos. El Mesías comienza a restaurar la creación en aquellos que no están cegados por la soberbia y confían en la providencia divina.
Todas las lecturas nos llaman a la conversión integral y a la esperanza de la nueva armonía, perseverando en medio de las luces y las sombras de la historia humana.
III. Algunos Momentos de Esta Conversión y los Signos de Esperanza
La Sabiduría de la Conversión para la Supervivencia
Primero, la conversión de las relaciones: Cuando Isaías afirma que “el lobo morará con el cordero”, no dice que dejará de haber diferencias, sino que habitarán en armonía. Lo que cesa es la agresión y el abuso del más fuerte sobre el débil. Es una utopía con realismo, pues Jesús nos recuerda que siempre habrá un débil a quien cuidar (cf. Juan 12, 8).
Esta sabiduría de la conversión significa que:
• El fuerte debe alejarse de su instinto de imponerse, y buscar una relación diferente.
• El débil debe afirmarse y educarse para buscar el entendimiento y el diálogo, sin transformarse en victimario.
• Los pastores deben buscar la reconciliación, defendiendo a la vez la vida de todos, en particular la del más humilde.
Segundo, la conversión de nuestras acciones: Nuestras acciones no deben ser «pan para hoy y hambre para mañana». Las grandes transformaciones tecnológicas y la ambición no pueden olvidar el impacto de sus modelos en el sustento de las generaciones venideras.
Si buscamos justicia y futuro, debemos armonizar la capacidad de producir grandes volúmenes de bienes con la sabiduría de preservar la tierra y promover la calidad, entendiendo calidad como calidad nutricional, diversidad vs. monocultivo, sostenibilidad y baja huella ecológica, calidad en cuanto a justicia, distribución y dignidad. Los recursos naturales no son ilimitados y el impacto de nuestras acciones nunca es aislado. La riqueza de nuestro mundo no se mide por el PIB, sino por el valor de cada vida y el cuidado de todos y de todo. No se trata de volumen por volumen, sino del valor insuperable de la dignidad.
Hay que lograr juntos una conversión social, política y económica, con verdadera ciencia: No es sabio destruir para construir, depredar para consumir, dividir para reinar, acaparar para que pocos se sientan bien, transgredir para valer.
Lo sabio es asumir a todos con sus diferentes necesidades para que haya vida, servir al bien con desinterés para unir, cuidar con respeto el bien presente y futuro para ennoblecer y dar dignidad a todos, compartir para seguir creciendo, saber esperar y postergar el éxito individualista para dar paso al triunfo de la comunidad.
IV. Dar Ejemplo como Iglesia en lo Grande y en lo Pequeño
La conversión ecológica integral no se agota en discursos, sino que debe asentarse en ejemplos vivos que hablen de respeto a la creación y de renovación en el manejo de recursos. Una parroquia, un Santuario, una Iglesia ecológica deben ser la profecía hecha realidad, asumiendo una transformación que abarque políticas eclesiales tangibles:
1 Gestión y Reducción de Impacto: Implementar políticas que contemplen la reducción y disposición adecuada de residuos en las actividades eclesiales, y asumir la responsabilidad por el impacto ambiental de grandes eventos, como las peregrinaciones masivas. Esto incluye optimizar el consumo de energía e impulsar la complementación con nuevas fuentes de energía renovable en nuestras estructuras.
Ejemplos concretos: Instalación de paneles solares en edificios parroquiales, colegios diocesanos, casas de ejercicios, universidad; implementar sistemas de clasificación de basura y compostaje; exigir en las grandes peregrinaciones la sustitución de plásticos de un solo uso y organizar la limpieza masiva post-evento. Mitigar y compensar la huella de carbono anualmente con la siembra de árboles.
2 Movilidad Sostenible: Promover e impulsar medios de movilidad con menor huella de carbono, apoyando al mismo tiempo una movilidad pública eficiente, accesible y sostenible que beneficie a toda la comunidad, especialmente a los más pobres que dependen de ella.
Ejemplos concretos: Fomentar el uso de la bicicleta o caminar en distancias cortas; apoyar iniciativas que transformen el transporte público y lo hagan más eficiente y ecológico, como trenes de cercanía y de larga distancia, y que mejoren la calidad y frecuencia de medios de transporte de la población, evitando el uso de vehículos inseguros.
3 Arraigo Rural, Formación y Soberanía Alimentaria: Incorporar en la pastoral educativa y juvenil la promoción de carreras y oficios que fomenten el arraigo de las nuevas generaciones al espacio rural. Esto es vital para asegurar la vida en el campo y dignificar el trabajo agrícola y ecológico, ligando la formación profesional con el cuidado de la Casa Común.
Ejemplos concretos: Impulsar la creación de escuelas agrícolas o técnicas que enseñen el manejo sostenible de la tierra; fomentar carreras en agronomía, ecoturismo o energías limpias; promover programas de liderazgo juvenil rural que valoren la identidad y la subsistencia en el campo. Fomentar la agricultura familiar y apoyar su sostenibilidad en las políticas públicas. Educar cristianos urbanos que valoren el campo y que construyan espacios urbanos saludables.
V. Conclusión: Semillas de Esperanza
Estas acciones fortalecen el bien común, sembrando semillas que ayudan a crear las condiciones y oportunidades que permitan a los individuos y a las comunidades atender sus necesidades con dignidad y sostenibilidad integral.
En esto, la Iglesia en su totalidad, pastores y fieles, tenemos que unirnos con el ejemplo que da confianza y credibilidad. No podemos ser como aquel pastorcito de la fábula que gritaba: Allí viene el lobo, allí viene el lobo… Y no ser honestos en lo que practicamos.
Que la Iglesia en Paraguay sea un testimonio vivo de que la mejor economía es la del Cuidado, y que al darles de comer a nuestros hermanos, les ofrezcamos no solo el pan, sino un futuro digno en una Casa Común sana y restaurada.
Hermanos y hermanas, al contemplar a la Virgen de Caacupé, vemos a la mujer humilde y sabía, limpia y auténtica, que nos habla de la nueva creación y nos invita a colaborar con su Hijo, nuestro Redentor, para limpiar nuestra casa y cuidarla con más sabiduria. Ella es la Virgen pura, la Virgen de la Unidad, que nos llama a buscar la justicia en todas las generaciones, para que el lobo conviva en paz con el cordero. Ella, Virgen humilde y sabia, nos muestra que lo sabio no es acaparar, sino cuidar y compartir. Que Ella nos dé la gracia de ser un testimonio vivo en Paraguay, para que al cumplir el mandato de ‘Denles ustedes mismos de comer’, aseguremos un futuro digno y lleno de esperanza para todos sus hijos.»
Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo


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