• Una fábula costumbrista del siglo XXI: de identidades buscadas y superioridades disfrazadas.

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    Encarnación, 22 de febrero de 2026

    I. La Noticia

    Fue un martes por la mañana, entre el café y las noticias del tránsito, cuando apareció en las redes la historia de un hombre que había solicitado cambiar su nombre por un número.

    No pedía ser un superhéroe ni declaraba una religión nueva. Decía, con una calma que irritaba más que un insulto, que llevaba cuarenta años siendo tratado como una cifra en el padrón electoral, un dato en la planilla del seguro médico, un dígito en la base de clientes del banco y un porcentaje en las encuestas de satisfacción. Que había decidido, simplemente, ser honesto al respecto. Que quería llamarse Siete.

    En veinte minutos, su foto tenía treinta mil comentarios.

    «Esto es el fin de la civilización.»

    «Que lo internen.»

    «Yo también me siento un número, pero no me vuelvo loco por eso.»

    «Dale, el próximo se va a identificar como una fracción.»

    Nadie preguntó su historia. Nadie preguntó por qué.

    * * *

    II. El Foro

    Esa misma semana, el programa Diálogo Abierto —que se anunciaba como «el espacio donde la sociedad se piensa a sí misma»— convocó un panel de urgencia. Las sillas del estudio eran de cuero negro. Las luces, cálidas y estudiadas para proyectar seriedad. Ale, el conductor, con su corbata azul marino y su voz de frecuencia calibrada, presentó a los invitados con la solemnidad de quien introduce a los médicos antes de una operación.

    A la derecha, el Doctor Weber, catedrático de Psicología Social, autor de tres libros y colaborador habitual de la prensa de referencia.

    A su lado, Doña Purísima, referente moral de una comunidad de fieles con presencia en diecisiete países y dos millones de seguidores en redes.

    Frente a ellos, los candidatos: Ramiro «Toro» Ximenes, que había llegado sin corbata y con las mangas arremangadas como quien viene a trabajar, y la Mag. Lic. Abigail De los Cedros Lopes Lopes, cuyo traje gris perla hacía juego con el tono de su voz.

    Siete no estaba en el panel. Nadie lo había invitado aún.

    * * *

    III. El Intelectual

    El Doctor Weber esperó a que Doña Purísima terminara su primera frase para aclararse la garganta con una delicadeza que era, en sí misma, una declaración de superioridad.

    —Lo que estamos observando —dijo, juntando las yemas de los dedos— es un fenómeno sintomático. No hay que alarmarse, pero tampoco trivializarlo. La identificación con una categoría abstracta, en este caso numérica, responde a una disociación del yo narrativo que ya Ricoeur anticipó, y que en el contexto de la hipermodernidad líquida —Bauman lo desarrolló con precisión— adquiere formas que antes eran impensables. No estamos ante un caso de locura. Estamos ante un espejo de nuestra época.

    Hizo una pausa para dejar que la cámara lo encontrara.

    —La pregunta no es si este hombre está bien o mal. La pregunta es qué nos dice sobre nosotros.

    Ale asintió con la reverencia discreta de quien no entiende del todo pero reconoce el peso de las palabras. En casa, miles de espectadores sintieron que acababan de aprender algo.

    Esa noche, de regreso a su apartamento, el doctor Weber dejó el maletín sobre la mesa, se sirvió un vaso de agua y encendió su segundo ordenador, el que no tenía su nombre en ningún lado. Sus dedos, largos y cuidados, los mismos que habían gesticulado frente a la cámara horas antes, navegaron hacia territorios donde las personas no tienen nombre, no tienen historia, no tienen rostro. Solo tienen un precio. Solo son, también ellas, un número.

    * * *

    IV. La Moralista

    Doña Purísima no necesitó aclararse la garganta. Tenía años de práctica en ocupar el aire. Mientras hablaba, sus dedos buscaban sin querer el borde de la pulsera de oro que llevaba en la muñeca derecha, un tic que sus fieles interpretaban como señal de recogimiento interior.

    —Miren, con todo respeto al doctor —dijo, y la expresión con todo respeto sonó como una llave que cierra una puerta—, esto no es un fenómeno sociológico. Esto es una herida espiritual. Dios nos creó a su imagen y semejanza, nos dio un nombre, nos dio una identidad sagrada, y hay fuerzas —y aquí bajó la voz con el tono de quien sabe de lo que habla— fuerzas que trabajan para que el ser humano se despoje de esa dignidad. Para que se rebaje. Para que se pierda.

    En el estudio, alguien tosió.

    —Yo no condeno a esta persona —continuó, con una sonrisa que irradiaba compasión—. La compadezco. Y la llamo a volver. Pero también digo, con toda claridad, que quienes celebran esto o lo normalizan están abriendo una puerta que no saben lo que tiene adentro. Esto no es inocente. El enemigo actúa, y actúa con disfraces.

    Esa noche, su comunidad digital recibió un mensaje: Oren por los perdidos que renuncian a su nombre. El enemigo actúa. Los comentarios se llenaron de emojis de manos en oración intercalados con otros que no eran exactamente rezos.

    Doña Purísima respondió a algunos, eligiendo los más devotos. Luego cerró la aplicación, anotó en su agenda la reunión del jueves con el abogado para revisar el contrato de la nueva sede —el inmueble costaba lo que tres años de diezmos— y se fue a dormir.

    * * *

    V. El Político del Garrote

    Ramiro «Toro» Ximenes esperó su turno con la paciencia de alguien que sabe que lo mejor llega al final. Mientras los otros hablaban, él tamborileaba despacio con un dedo sobre la mesa, sin ritmo, como quien mide el tiempo de otra manera.

    —Yo voy a ser directo, porque para eso me eligieron —dijo, apoyando los codos sobre la mesa con una familiaridad que el estudio no había visto antes—. La gente está harta. Está harta de que le expliquen sus problemas con palabras de diccionario. Está harta de que le digan que lo raro es normal y que lo normal es una enfermedad. ¿Un hombre que quiere llamarse Siete? Yo respeto a las personas. Pero tenemos hospitales sin medicamentos, escuelas con el techo caído, familias que no llegan a fin de mes. Y los medios nos traen esto.

    Golpeó la mesa suavemente, lo justo para hacer ruido sin romper nada.

    —Yo vengo a limpiar la casa. A poner orden. A devolver el sentido común a la gente normal, que es la mayoría, que trabaja, que cría a sus hijos, que no necesita un filósofo para saber quién es.

    Los aplausos del público llegaron antes de que terminara la frase.

    Después del programa, en el pasillo, su jefe de campaña le mostró el teléfono con las métricas. Ese fragmento de cuarenta segundos ya tenía doscientas mil reproducciones. Habían ganado catorce mil seguidores nuevos.

    —¿Cuánto nos falta en la zona norte? —preguntó Toro, sin soltar el teléfono.

    —Unos ocho mil votos.

    Se detuvo frente al espejo del pasillo y se arremangó de nuevo la camisa. Las mangas siempre le quedaban bien puestas, pero había aprendido que el efecto era mejor si parecían recién subidas.

    —Bien —dijo—. Sigamos.

    * * *

    VI. La Política del Guante Blanco

    La Mag. Lic. Abigail De los Cedros Lopes Lopes esperó el momento de mayor tensión para intervenir, como quien entra en una habitación cuando ya todos están cansados. Mientras Toro golpeaba la mesa, ella anotó algo en su libreta con letra pequeña y ordenada. Nadie vio que no era una idea, sino un recordatorio: llamar al contador.

    —Quiero decir algo distinto —comenzó, con una voz que sonaba a reconciliación—. Más allá de si estamos de acuerdo o no con las elecciones de esta persona, lo que no podemos permitir es que nadie, absolutamente nadie, quede reducido a una cifra. Cada persona importa. Cada historia importa. Y en mi gobierno —hizo una pausa breve pero visible— ningún ciudadano va a ser un número en una planilla. Vamos a construir una sociedad donde todos tienen un lugar, un nombre, una dignidad.

    Ale asintió. Doña Purísima la miró con una sonrisa que podría haber sido aprobación o cortesía. El doctor Weber tomó nota mental de la cita para usarla en su próxima columna, atribuyéndola al pensamiento de algún filósofo europeo.

    Esa noche, el equipo analizó los resultados del panel. Su fragmento de cuarenta y cinco segundos había generado una respuesta positiva del sesenta y tres por ciento entre el segmento de votantes urbanos con estudios universitarios. Le recomendaron repetir el mensaje en los próximos actos. Sin variaciones. Exactamente esas palabras.

    * * *

    VII. El Programa Termina

    Ale cerró el foro con una frase redonda sobre la necesidad del diálogo en las sociedades democráticas. Luego, cuando las cámaras se apagaron, pidió a su productora Lilu los números del rating.

    Habían superado el promedio de la franja. El segmento más visto era el de Doña Purísima, seguido por el de Toro Ximenes.

    —El tema da más —dijo Ale, aflojándose la corbata—. Busquemos al hombre. Que venga la semana que viene.

    * * *

    VIII. Siete en Pantalla

    Siete llegó al estudio con su ropa de siempre. Lilu le indicó dónde sentarse y le pidió que no mirara a cámara hasta que Ale le diera la señal. Bajo las luces, su cara parecía más pequeña que en los memes.

    Ale le hizo cuatro preguntas. Las mismas cuatro que le había hecho la semana anterior a un exministro y que la semana siguiente le haría a un futbolista retirado. Siete respondió despacio, buscando las palabras. El micrófono de solapa captaba todo excepto lo que él quería decir.

    Vino la semana siguiente. Y la otra. El doctor Weber publicó una columna citándolo como caso de estudio. Doña Purísima dedicó tres sermones a advertir sobre su influencia. Toro Ximenes lo mencionó en dos actos de campaña. La Mag. Lic. Abigail De los Cedros Lopes Lopes lo incluyó en su plataforma de derechos ciudadanos.

    Luego, como siempre ocurre, la atención empezó a flojear. Los segmentos se acortaron. Las preguntas se repitieron. El rating bajó dos puntos un miércoles sin razón aparente, y Lilu lo anotó en su planilla sin comentario.

    * * *

    IX. El Desplazamiento

    Esa misma semana, durante el clásico del domingo, las barras se enfrentaron en la platea sur del estadio. Había once heridos, tres graves, y un hombre de cuarenta y dos años que no había llegado al hospital con vida. Había ido al partido con su hijo.

    Lilu entró al despacho de Ale con el teléfono en la mano.

    —Esto es más grande —dijo, sin más explicación necesaria.

    Al día siguiente, Ale abrió el noticiero con el rostro compuesto para la gravedad. Describió los hechos con precisión quirúrgica: los nombres, los colores de las camisetas, el recuento de heridos, la declaración del ministro de seguridad. La cámara lenta de las imágenes del estadio. La voz en off sobre los cuerpos en la platea.

    Luego hizo una pausa de un segundo exacto —el tiempo justo para que la emoción se asentara en el televidente— y con el mismo tono, sin bajar ni subir la voz, dijo:

    Y ahora, un mensaje de nuestros patrocinadores. ¿Ya adquiriste el nuevo smartphone X? Más velocidad, más memoria, más vida.

    Siete dejó de ser tendencia ese jueves por la tarde.

    * * *

    X. La Caída

    Lo que no llegó a los titulares fue el resto.

    Que su empleador, incomodado por «la imagen de la empresa», prescindió de sus servicios. Que su pareja, agotada por el escarnio público, se fue. Que sus amigos, uno a uno, fueron espaciando las llamadas hasta que dejaron de sonar.

    Una mañana, vaciando el último bolsillo de un abrigo que ya no abrigaba bien, encontró monedas suficientes para una chipa. Se la comió despacio, de pie en la vereda, guardando el último pedazo más de lo necesario. No por falta de hambre, sino porque sabía que después de ese mendrugo no había nada previsto.

    Lo tragó. Siguió caminando.

    * * *

    XI. La Chipa y la Niña

    Una mañana de invierno, en la vereda de una avenida que no aparece en las fotos de la ciudad, Siete estaba sentado contra la pared con el hambre encima.

    Pasó una niña de la mano de su abuela. Llevaba una chipa en la otra mano, todavía caliente, recién comprada en el puesto de la esquina.

    La niña se detuvo.

    Su abuela tiró suavemente de su mano. Ella no se movió.

    Miró a Siete con esa atención sin filtro que tienen los niños antes de que el mundo les enseñe a mirar hacia otro lado. Luego partió la chipa por la mitad y se la ofreció.

    Él la tomó. No dijo nada. Ella tampoco.

    Caminaron un poco más, la niña y su abuela, antes de que la niña hablara.

    —Abuela, ese señor tiene hambre. Y no tiene familia ni amigos. ¿Eso está bien o está mal?

    —¿Qué decís vos? —preguntó la abuela, como preguntan las abuelas cuando saben que la respuesta ya está ahí.

    —Yo creo que está mal —dijo la niña—. Tiene cara. Tiene historia. Tiene vida. No sé si está bien o mal que quiera llamarse Siete. Pero eso no importa tanto como que tiene hambre.

    Siguieron caminando.

    Después de un momento, la niña buscó algo en el bolsillo de su campera y sacó una tarjetita plastificada que su maestra les había dado al comenzar el año para que aprendieran a reconocer su documento.

    —Yo también soy un número, abuela —dijo, mostrándosela—. Soy el 7.555.342. Así me llaman en el hospital, en la escuela, en todos lados.

    Lo dijo sin drama. Como una observación.

    —¿Y vos, abuela? ¿Cuál es tu número?

    La abuela no respondió enseguida. Caminó media cuadra con esa pregunta, que era pequeña y enorme al mismo tiempo.

    * * *

    La parábola no tiene moraleja escrita. La tiene el que lee, si se anima a buscarla donde corresponde: no en el panel de televisión, no en el púlpito, no en el discurso de campaña.

    Sino en el número que figura en su propio documento, guardado en el bolsillo.

    «El que tenga oídos, que oiga.»

    Fin


  • La Luz de lo Auténtico en un Mundo de Apariencias

    Introducción: Luces que ciegan y Luz que ilumina

    Hoy celebramos la Fiesta de la Candelaria. Al encender nuestras velas, recordamos las palabras de Simeón: Cristo es la «Luz para iluminar a las naciones». Vivimos en una época paradójica, cargada de luces: la tecnología, el flujo infinito de información, el brillo de la estética perfecta en nuestras pantallas. Sin embargo, nunca habíamos sentido tanta oscuridad: vacío, ansiedad, soledad y un desarraigo que ninguna red social logra calmar. En este mundo que ofrece todo pero no sacia nada, la generación de hoy tiene una sed profunda de autenticidad.

    1. Del «Perfil» al Rostro: La búsqueda de lo real

    Nuestra cultura actual nos empuja a construir un «perfil»: una imagen editada y filtrada para ser admirada y sumar likes. Pero la redención no se encuentra en lo efímero de la vanidad o el prestigio aparente.

    — Contemplemos a Simeón y Ana. Ellos no tenían un «perfil» que mostrar, sino un rostro que ofrecer: un rostro marcado por las arrugas de la espera y la luz de la oración.

    — La autenticidad no se multiplica con clics; se revela en la «ofrenda humilde» de quienes, como María y José, presentan lo que tienen —un par de tórtolas— con un corazón transparente. Las generaciones de hoy están cansadas de lo artificial; no buscan influencers, buscan referentes cuya vida coincida con sus palabras.

    2. La Profecía de la Presencia: Una esperanza que permanece

    En medio de la desinformación y de un mundo que banaliza la juventud y lo inmediato, hoy celebramos la Jornada de la Vida Consagrada. El mensaje del Dicasterio para este año nos habla de la «Profecía del Permanecer».

    — Mientras una noticia falsa se vuelve viral y desaparece en segundos, el consagrado es aquel que «permanece» fielmente donde la dignidad está herida.

    — La vida consagrada no es algo estático; es una «esperanza activa» que genera gestos de paz donde hay conflicto. Los religiosos y religiosas son artífices de paz que eligen estar del lado de los pequeños, aunque exija un precio. Su testimonio es la «verdad» que ningún algoritmo puede borrar, porque es una vida entregada por amor.

    3. Un estilo evangélico para todos: El compromiso del «Amén»

    Este llamado al «permanecer» no es solo para las monjas o los frailes; es un llamado para toda la Iglesia. Se nos invita a pasar de la «conexión» digital a la comunión humana.

    — En sus grupos de WhatsApp, en sus colegios, en sus familias: ¿somos portadores de luz o de división?

    — Los invito a imitar esa «presencia fiel, creativa y discreta» de los consagrados. En lugar de buscar el aplauso del mundo, busquemos el «Amén» de una vida coherente. La luz de Cristo no es una pantalla que nos ciega, sino una hoguera que nos calienta y nos une.

    Conclusión: Presentar la vida para ser liberados

    Como decía el profeta Malaquías, el Señor viene como «fuego de fundidor» para purificar nuestra ofrenda. Hoy, presentemos ante el altar no nuestros éxitos o nuestro prestigio vacío, sino nuestra realidad: nuestras luchas, nuestra sed de sentido y nuestro deseo de ser auténticos.

    Que al salir de esta Catedral con nuestras velas encendidas, no llevemos solo un objeto bendecido, sino un corazón encendido por la Profecía de la Presencia. Que seamos nosotros, en nuestros barrios y trabajos, esa luz que no se apaga, ese testimonio real que inspira a otros a vivir, no para los «likes», sino para la Verdad que nos hace libres.

    Fin de la homilía

  • Queridos hermanos y amigos:

    Hoy, 2 de febrero, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, la festividad de la Luz. En la liturgia, contemplamos al anciano Simeón sosteniendo en sus brazos la Esperanza del mundo, reconociendo en ese Niño la luz que ilumina a todas las naciones.

    En esta fecha tan significativa, nuestra mirada se posa con gratitud en la figura del Padre Jesús Montero Tirado, SJ. Como una presencia profética en el Paraguay, él fue nuestro Simeón moderno: un hombre que durante 50 años sostuvo con firmeza la luz de la educación y la dignidad humana. Con su voz serena y su corazón entregado, supo ser ese puente entre el Evangelio y la vida cotidiana de miles de paraguayos.

    Este texto que compartimos hoy, «Palabra sedienta para la posteridad», nace como un sencillo homenaje y un reconocimiento profundo a su vida. Pero, por sobre todo, es una invitación. No queremos que estas líneas sean solo un recuerdo del pasado, sino una semilla para el futuro. Lo hacemos porque, como él nos enseñó, seguimos teniendo palabras deseosas de hacerse vida en medio de nuestra realidad.

    Su partida física no apaga el fuego, sino que nos entrega la antorcha. Les invito a meditar en este legado, con la certeza de que su voz seguirá resonando mientras existan corazones dispuestos a saciar la sed de amor y verdad en nuestro querido Paraguay.

    MEDITACIÓN: EL MAESTRO DE LA SED

    El Hecho

    Contemplo hoy la trayectoria de un sacerdote de la Compañía de Jesús que, desde su llegada a Paraguay hasta sus últimos días, se dedicó a sembrar el alma de nuestra nación. Su voz, su persona y su corazón fueron gotas frescas de agua cayendo sobre el campo sediento de tantas vidas: niños, jóvenes, adultos, hermanos sacerdotes y maestros. Aún parece que escucho su voz, como lo hacía casi diariamente; esa voz sedienta de compartir una palabra de amor, de paz y de dignidad. Hoy, 2 de febrero de 2026, cuando físicamente nos ha dejado, nos invade una pregunta inquietante: ¿Quién seguirá ofreciendo palabras sedientas a tantos que buscan, a veces sin saberlo, al Dios Vivo y su palabra eterna?

    La Reflexión

    Todos los que nos nutrimos con sus inspiraciones nos sentimos hoy llamados a mirarnos a nosotros mismos como cántaros sedientos de vida, como ánforas abiertas deseosas de llenarse de luz. Encontramos en él, frente al caos de tanta indigencia de dignidad, verdades y valores cristianos que nos ayudaron a levantarnos, a querer seguir, a construir un lugar mejor; a ser, en definitiva, mejores cristianos y mejores personas. Hoy lo llamarían influencer, pero él lo fue por algo mucho más profundo que la tecnología: lo fue por personificar la Verdad unida a su voz, con un testimonio inquebrantable de fidelidad a la educación, al bien común y al Evangelio.

    La Palabra Sedienta

    Hoy la pregunta golpea nuestro corazón: ¿Sabremos guardar la herencia de estos 50 años de servicio en Paraguay? No podemos permitir que el olvido cubra su palabra profética, esa que tantas veces nos ayudó a ver a Cristo presente en medio de nuestra realidad, marcada por el ruido, las ausencias y los conflictos. La palabra sedienta de hoy es un grito de gratitud: Gracias, Padre Jesús Montero Tirado. Gracias por tener sed de nuestra sed. Gracias por prestarnos tu voz para acercarnos la semilla eterna del Verbo. Fuiste y seguirás siendo el Maestro que supo responder a la búsqueda de muchos, dejándonos ahora a nosotros con la sed de saciar la sed de los demás.

    Oración Final

    Señor, danos la gracia de reconocer tu luz en aquellos que comprendieron el mensaje de tu discípulo. Gracias por hacerte presente por medio suyo en tantos escenarios de vida y familia. Concédenos la gracia de unir a todos los que bebieron de aquellas «palabras sedientas», para que unamos fuerzas y sigamos construyendo tu Reino con verdad, justicia y libertad. Danos tu Palabra, Señor, para saciar la sed que clama por un Paraguay mejor, por una Iglesia más viva y por un mundo auténticamente fraterno. Amén.

  • Introducción: El abrazo de los siglos

    Queridas hermanas: Hoy, el Evangelio nos sitúa en el corazón del Templo. Allí no hay multitudes, sino un encuentro silencioso y profundo. María y José traen la novedad —el Niño—, pero quienes lo reconocen son dos ancianos, Simeón y Ana. Ellos representan la consagración que ha sabido envejecer, la fidelidad que no se ha marchitado con los años, sino que se ha acrisolado.

    1. Simeón y Ana: La Profecía del «Permanecer»

    Simeón y Ana no están allí por casualidad. Están allí porque han hecho de su vida un «permanecer». Como nos dice el mensaje del Dicasterio, la vida consagrada es una «presencia que permanece» junto a las heridas y la fe puesta a prueba.

    — Simeón ha esperado toda su vida. Sus ojos están cansados por la edad, pero su mirada interior está más limpia que nunca. Él nos enseña que la consagración no se mide por la eficacia de lo que hacemos, sino por la fidelidad de nuestra espera.

    — Ana, que «no se apartaba del Templo día y noche», es el icono de la vida contemplativa. Su vejez no es una ausencia de vida, sino una plenitud de entrega. Ella es la prueba de que se puede ser fecunda desde el silencio y el ayuno.

    2. Signo de Contradicción en un mundo de lo superficial

    En un mundo que canoniza la belleza superficial y que banaliza la juventud como si fuera el único valor, la vejez consagrada de Simeón y Ana es un grito de contradicción.

    — El mundo huye de la arruga, del límite y de la espera. Pero estos dos ancianos irradian una luz que la juventud física no puede dar por sí sola: la luz del sentido.

    — Su fidelidad es «contradicción» porque demuestra que es posible amar a Alguien toda una vida sin cansarse. Ante la cultura de lo desechable, la vida de ustedes en el Carmelo dice: «Vale la pena permanecer».

    3. El Fuego del Fundidor y la Esperanza

    Malaquías nos hablaba del «fuego del fundidor». Simeón y Ana han pasado por ese fuego. Han vivido décadas de silencio, quizás de aridez, de ver pasar los años sin «ver» todavía al Mesías. Han sido probados de muchas maneras, pero no han cedido a la lógica del desencanto.

    — Por eso, cuando Simeón toma al Niño en brazos, no solo sostiene a Jesús; sostiene la esperanza de toda la humanidad.

    — Ustedes, queridas hermanas, en su propia «ancianidad» vocacional —tengan los años que tengan—, están llamadas a ser esa presencia que irradia esperanza. En los momentos donde la fe del mundo es puesta a prueba, su «permanecer» en el coro, en la celda y en el servicio sencillo, se convierte en una «profecía de la presencia».

    Conclusión: Luz para las naciones

    Al encender hoy nuestras velas, miremos a Simeón y Ana. Ellos nos enseñan que la mayor luz que podemos ofrecer al mundo no es nuestra fuerza, sino nuestra mansedumbre de corazón y nuestra capacidad de recomenzar cada día en la oración.

    Que la Virgen María, que hoy entrega a su Hijo en el Templo, les conceda la gracia de ser, como Ana, mujeres que «hablan del Niño a todos los que esperan la redención», no con muchas palabras, sino con el testimonio silencioso de una vida que ha encontrado su centro y su descanso solo en Dios. Amén.

    Fin de la homilía

  • 1. Introducción: El choque de dos currículos

    Buenas noches a todos. A esta hora de la tarde, cuando el sol ya cayó sobre nuestro río Paraná y el lunes empieza a asomarse con su agenda y sus exigencias, muchos llegamos aquí buscando un respiro.

    El mundo nos pide constantemente un currículum de éxitos. Se nos exige ser competitivos, estar siempre alegres en las redes sociales, ser eficientes y poderosos. Pero hoy, San Pablo nos presenta el «currículum de Dios». Es un currículum desconcertante: Dios no elige a los sabios según la carne, ni a los nobles, ni a los poderosos. Al contrario, Dios pone sus ojos en lo necio, lo débil y lo despreciable para confundir a los fuertes.

    Mientras el mundo nos pregunta: «¿Qué has logrado?», Jesús hoy nos pregunta: «¿Cuánto espacio libre hay en tu corazón?». Venimos a esta misa no a presentar nuestras medallas, sino a descansar en la sabiduría de saber que, para Dios, nuestra mayor titulación es ser sus hijos.

    2. Sofonías: El refugio de la verdad frente a las apariencias

    Esta idea de «ser pequeños» conecta con la profecía de Sofonías. Él nos habla de un «pueblo pobre y humilde» que no habla falsamente ni usa palabras engañosas en su boca.

    Vivimos en una ciudad hermosa, una ciudad que brilla y que atrae, pero que también nos empuja a menudo a vivir de las apariencias. A veces pasamos más tiempo construyendo una fachada que cuidando nuestra casa interior. El cansancio que muchos sienten hoy no es solo físico, es el agotamiento de sostener una máscara, de fingir que todo está bien y de ocultar nuestras heridas para no parecer «perdedores» ante los demás.

    Sofonías nos dice que el compromiso con Dios es, ante todo, un compromiso con la sinceridad. El «Resto de Israel» es ese grupo de personas transparentes que ya no necesitan mentir para ser aceptadas. La Iglesia, esta Catedral, debe ser ese espacio de libertad donde podemos dejar de actuar y decir: «Señor, estoy cansado, me equivoqué, necesito refugiarme en tu Nombre». Allí es donde se empieza a pastar y a descansar sin que nadie nos perturbe.

    3. Las Bienaventuranzas: El mapa de la verdadera felicidad

    Desde esa humildad, el Evangelio de las Bienaventuranzas deja de ser una lista de tareas difíciles y se convierte en una caricia de Dios. Jesús sube a la montaña y, al ver a la multitud —gente como nosotros, con sus deudas, sus lutos y sus sueños—, no les da órdenes, sino que los felicita. Las Bienaventuranzas son el mundo al revés:

    Felices los que lloran: Porque Dios se vuelve su consuelo más cercano.

    Felices los pacientes y los de alma pobre: Porque han dejado de pelear por el primer puesto y han descubierto que el Reino ya les pertenece.

    Felices los que tienen hambre de justicia: Porque su inconformismo es la semilla de un mundo mejor.

    Jesús nos está diciendo que la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos.

    4. Conclusión: Más que una Perla, un Santuario

    Hermanos, a menudo llamamos con orgullo a nuestra ciudad la «Perla del Sur». Es un nombre hermoso que habla de nuestro brillo, de nuestra costanera y de nuestro atractivo turístico. Pero la Palabra de Dios hoy nos invita a una vocación mucho más profunda.

    Nuestra misión es que Encarnación no sea solo una «perla» que se exhibe por fuera, sino que sea, ante todo, un Santuario de Esperanza.

    Un santuario es un lugar donde se encuentra refugio, donde el que está encorvado se endereza y el que está afligido encuentra consuelo. Que cuando la gente camine por nuestras calles, no solo vea edificios modernos, sino que encuentre una comunidad de «bienaventurados»: hombres y mujeres que no necesitan aparentar, que saben compartir el pan y que viven con la alegría de los sencillos.

    Vuelve a tu casa esta noche con el corazón ligero. No te gloríes en tus fuerzas, gloríate en el Señor. Si mañana lunes el mundo te hace sentir insuficiente, recuerda que estás en excelente compañía. Que esta semana que comienza sea un camino de sencillez, y que nuestra ciudad sea, para cada hermano que sufre, ese refugio de paz que tanto necesitamos.

    Fin de la homilía

  • 1. Introducción: El contraste del Reino

    Queridos hermanos y hermanas, nos reunimos en este octavo día del novenario a San Blas bajo una consigna que nos interpela profundamente: «Comprometerse en la vida comunitaria». En una sociedad que muchas veces exalta el «yo», el éxito individual y la competencia, la Palabra de Dios nos propone hoy una lógica inversa: la lógica del nosotros.

    Estamos en el año del Bien Común, y el lema «Denles ustedes de comer» no es solo una invitación a la asistencia social, es un mandato de corresponsabilidad. No podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no somos capaces de comprometernos con el hermano que camina a nuestro lado en esta Ciudad del Este pujante, pero también necesitada de solidaridad y fraternidad.

    2. La Identidad: El «Resto» que se refugia en el Señor

    Para comprometernos en la comunidad, primero debemos saber quiénes somos delante de Dios. Las lecturas de Sofonías y de San Pablo a los Corintios nos ofrecen una lección de humildad revolucionaria.

    La fuerza de la pequeñez: Sofonías nos habla de un «pueblo pobre y humilde». No se refiere a una carencia material que humilla, sino a una disposición del espíritu: el Anawim, aquel que sabe que no se basta a sí mismo y que su refugio es el Nombre del Señor.

    La elección de Dios: San Pablo es directo con los Corintios —y con nosotros hoy—: «Miren quiénes han sido llamados». No somos los más poderosos, ni los más sabios según el mundo. Dios elige lo que el mundo tiene por necio para confundir a los sabios.

    La base del compromiso: Esto es vital porque el que se cree autosuficiente no sabe trabajar en comunidad. El que se siente «grande» quiere mandar; el que se sabe «pequeño y amado» sabe servir. Nuestro compromiso nace de la gratitud, no de la soberbia.

    3. El Mapa del Compromiso: Las Bienaventuranzas

    Si nos preguntamos: «¿En qué debo comprometerme?», el Evangelio de Mateo nos entrega hoy el mapa de ruta: Las Bienaventuranzas. Ellas no son un consuelo para el más allá, sino un programa de acción para el más acá.

    Hambre y sed de justicia: Comprometerse es no acostumbrarse a la injusticia. Es sentir dolor por la desigualdad y trabajar para que el Reino se haga presente.

    Misericordia y paz: El compromiso no es un trámite; es una actitud del corazón. Ser «bienaventurados» es tener la alegría profunda de saber que nuestra vida está gastada en favor de los demás. Como dice Sofonías: ellos «descansarán sin que nadie los perturbe», porque quien vive en el compromiso encuentra la verdadera paz.

    4. La Praxis: ¿Cómo bajamos las Bienaventuranzas a lo cotidiano?

    Pero, ¿cómo bajamos estas bienaventuranzas a lo cotidiano? San Pablo, en su carta a los Romanos, nos da la clave práctica: no se crean superiores, sino reconozcan que somos un solo cuerpo con diversos dones.

    La «Sobria Autoestima»: El compromiso empieza por no estorbar el paso de Dios. Pablo pide una «justa valoración de nosotros mismos». El que es humilde reconoce que su talento es una herramienta prestada para el Bien Común.

    La mística del Cuerpo: Pablo nos enseña que el compromiso no es un esfuerzo solitario. «Dénles ustedes de comer» es un mandato para el cuerpo entero. En nuestra comunidad, algunos son «pies» que salen a las periferias y otros son «corazón» que ora. Mi don necesita del tuyo.

    Caridad sin máscaras: Pablo aterriza las Bienaventuranzas en actitudes concretas: caridad auténtica, alegría en la esperanza y hospitalidad. En una ciudad de fronteras, el compromiso se vuelve carne cuando practicamos la acogida.

    5. El Riesgo de la Omisión: El Talento enterrado

    Sin embargo, este despliegue de dones y este llamado a la acción no son opcionales. El compromiso es una responsabilidad que se nos ha confiado. Por eso, el Evangelio de los talentos nos advierte sobre el peligro de quedarnos de brazos cruzados.

    El riesgo de no arriesgar: El pecado del tercer siervo fue el miedo. Enterró su talento. A veces, pecamos por omisión: tenemos miedo de involucrarnos o de equivocarnos, y terminamos enterrando nuestra capacidad de hacer el bien. En el Reino de Dios, quien no arriesga, ya está perdiendo.

    La inversión del amor: El compromiso es la respuesta valiente de quien se sabe amado. «A quien tiene se le dará» significa que, en la comunidad, cuanto más te das, más recibes. El que sirve se llena de vida; el que se encierra en su egoísmo termina perdiendo incluso lo que creía tener.

    Conclusión

    Queridos hermanos, al concluir esta reflexión, fijemos en el corazón estas certezas:

    El compromiso comunitario no es una carga, es la respuesta lógica a un amor (el de Cristo) recibido hasta el extremo.

    Dios no elige a los capacitados, capacita a los elegidos que se animan a decir: «Aquí estoy».

    El talento más peligroso es el que se guarda bajo tierra por miedo al qué dirán o por comodidad personal.

    En la mesa del Bien Común, nadie es tan pobre que no tenga nada que compartir, ni tan rico que no tenga algo que recibir.

    Que San Blas interceda por nosotros para que sepamos responder con generosidad al mandato de Jesús: «Denles ustedes de comer». Que nuestra comunidad sea el lugar donde el hambre de pan y el hambre de Dios encuentren respuesta en nuestras manos abiertas.

    Fin de la homilía

  • Queridos hermanos: Hoy celebramos con toda la Iglesia, el domingo de la Palabra de Dios, una institución relativamente reciente en la Iglesia Católica, creada por el Papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, en la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio titulada Aperuit illis, frase inspirada en el pasaje de San Lucas que dice: “Entonces les abrió (aperuit) el entendimiento para comprender las Escrituras».

    La fecha elegida coincide con la fiesta de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín (la Vulgata), quien famosamente dijo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo». Se fijó esta celebración para el III Domingo del Tiempo Ordinario de cada año, con un fuerte sentido ecuménico, pues se vincula con la Jornada de Oración por la Unidad de los Cristianos y de la Jornada de diálogo con los judíos. Nos une con ellos, la Palabra de Dios.

    El Papa Francisco introdujo esta jornada para que la Iglesia pueda «reavivar la responsabilidad que los creyentes tienen en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva mediante un trabajo de transmisión y comprensión constante». Busca que la Palabra no sea solo un texto leído, sino un encuentro vivo con Cristo que nos une por encima de cualquier ideología. En este sentido, meditemos los textos de hoy.

    1. Introducción: Diógenes y la búsqueda de la Verdad

    Podemos comenzar evocando la figura de Diógenes de Sinope, quien, con una lámpara encendida al mediodía, recorría Atenas exclamando: «Busco a un hombre». Aquel gesto era un grito de auxilio y una crítica mordaz: entre la multitud, Diógenes no encontraba la esencia, la honestidad, la humanidad.

    Hoy, la Palabra de Dios nos presenta una luz superior. Jesús, al establecerse en la Galilea de los paganos, no enciende una lámpara para buscar defectos, sino para ser Él mismo la Luz de las Naciones. Mientras Diógenes buscaba al hombre con el pesimismo del que duda de encontrarlo, Cristo llama a los discípulos —«los haré pescadores de hombres»— con la certeza de que el ser humano, por más hundido que esté, es rescatable para la luz.

    2. La Humanidad en las Sombras: El Escondite de la Soberbia

    El Evangelio nos habla de un pueblo que habitaba en tinieblas. Hoy, esas tinieblas no son geográficas, sino existenciales. ¿En qué oscuridades se esconde la humanidad? Nos refugiamos en las sombras de una pretendida grandeza que es, en realidad, una trampa de la estupidez, el egoísmo y la soberbia.

    • La trampa del cinismo: Donde ya nada es verdad, donde nos burlamos de la virtud para justificar nuestra propia decadencia.
    • El poder perverso y la fantasía de superioridad: Creer que somos más que el otro por el cargo, la raza o la ideología, alimentando el odio al diferente y la exclusión de quienes «no caben» en el sistema.
    • El miedo y la mentira: La humanidad se esconde en la oscuridad porque tiene miedo de verse tal cual es; prefiere la falsa seguridad de sus sombras antes que la exigente claridad de la verdad. Es la «estupidez» de quien cree que escondiéndose de la luz, el problema desaparece.

    La Luz que Construye desde la Verdad

    Frente a estas sombras, Cristo trae una luz universal, pero profundamente humilde.

    • Evidenciar para sanar: La luz de Cristo no se reserva para los «perfectos». Viene a nuestras imperfecciones no para humillarnos, sino para que veamos y nos convirtamos al verdadero amor.
    • La humildad de la Verdad: A diferencia del cinismo que destruye, el discípulo está llamado a hablar con la verdad, aunque duela. Es la luz de quien no busca destruir al otro con su «verdad», sino construir con él.
    • Contra los fanatismos: Esta luz de la Palabra nos libera de seguir ideologías o personalidades. No somos de Pablo ni de Apolo; somos de Cristo. La Palabra nos une en un culto agradable a Dios, que es siempre un culto en espíritu y en verdad, lejos de los fanatismos ciegos.

    4. Preguntas para el examen del corazón

    Como comunidad, debemos confrontarnos con esta luz:

    • ¿Desde dónde estamos mirando el mundo y a los demás? ¿Miramos desde la luz o desde la oscuridad?
    • ¿Nuestras opiniones y acciones nacen de la valentía del amor o desde esa aparente seguridad que nuestros miedos sostienen?
    • ¿Estamos dispuestos a que la Palabra evidencie nuestras sombras para poder sanarlas, o preferimos seguir habitando en la mentira de nuestra propia suficiencia?

    5. Pescadores de Luz: Una Misión de Dignidad

    Finalmente, ser «pescadores de hombres» hoy significa ser hombres y mujeres que irradien la luz de la vida.

    Nuestra misión en la Diócesis y en la sociedad es llevar a las orillas del mundo una red cargada de:

    • Amor y Paz: Frente al conflicto constante.
    • Respeto y Dignidad: Reconociendo al otro como hermano, nunca como objeto.
    • Libertad Responsable: Que no es hacer lo que uno quiere, sino lo que el bien exige.
    • Sinceridad, Honestidad y Justicia: Siendo reflejos de una Palabra que no defrauda.

    Que este Domingo de la Palabra nos transforme en esa luz que, partiendo de nuestras propias imperfecciones reconocidas con humildad, ayude a otros a salir de sus propias cuevas hacia la verdadera libertad de los hijos de Dios.

    Fin de la homilía


  • AMBIENTE:
    La oficina parroquial. El calor de enero no da tregua. Litu está leyendo un artículo sobre «Liderazgos Narcisistas», mientras Ovi intenta moderar un debate encendido en el grupo de WhatsApp de los Custodios Reguetoneros.

    1. El Bully en el Grupo de WhatsApp

    P. OVI: —¡Litu, esto es insoportable! Uno de los chicos, inspirado por los discursos de Trump y los «influencers de la ira», está haciendo un bullying tremendo a otro porque cuestionó la invasión a Venezuela. Le dice que es un «tibio», un «traidor». ¡Usa un lenguaje de odio que asusta!

    P. LITU: (Sin levantar la vista del papel) —Es la Hipnocracia, Ovi. Han caído en el trance del relato. No importa la verdad fáctica, importa quién grita más fuerte y quién humilla mejor. El bullying es la herramienta del que confunde la Potestas con la Auctoritas.

    P. OVI: —¿Potestas? Explícame eso en paraguayo, Litu.

    P. LITU: —La Potestas es el poder del cargo, la fuerza bruta, el número de seguidores. Trump tiene Potestas. Pero la Auctoritas es el prestigio moral, la autoridad que nace de la coherencia y el servicio. La Iglesia está sufriendo una crisis porque muchos buscan la Potestas para aplastar al que piensa diferente, pero han perdido toda Auctoritas. Se han vuelto «hipnócratas»: gobiernan a través de la fascinación y el miedo.

    2. Visita al Carmelo: La Voz de María de la Resurrección

    Litu y Ovi deciden que necesitan una «desconexión de sistema» y van al locutorio de las Carmelitas Descalzas. Tras la reja, aparece la Hermana María de la Resurrección (Carmelita Pop).

    P. OVI: —Sister, ayúdenos. El bullying se nos metió en la parroquia. Los chicos creen que ser «firme en la fe» es ser un bully digital.

    SR. MARÍA (Carmelita Pop): (Con una sonrisa que desarma) —Mis queridos padres… Yo estuve ahí, ¿recuerdan? Yo vivía de la fascinación, de hipnotizar a mi audiencia. El bullying es el síntoma de una hibernación ética. La gente deja de juzgar por sí misma y entrega su conciencia a un líder narcisista porque les ahorra el trabajo de pensar.

    P. LITU: —El Papa León XIV dice que la paz debe ser «desarmada». Pero el bullying es un arma cargada de ego.

    SR. MARÍA (Carmelita Pop): —Exacto. Díganles a esos chicos que la verdadera autoridad no necesita gritar. El narcisista crea una realidad inventada donde él es el centro. Ustedes deben devolverlos a la realidad material. El bullying se cura tocando el dolor ajeno. Desafíen su «trance hipnocrático» con el encuentro real. Que dejen de obedecer a la «colmena» del odio y empiecen a obedecer a su conciencia.

    3. La Intervención Pastoral: «Despertar del Trance»

    Litu y Ovi regresan y convocan a los jóvenes. Litu escribe en la pizarra dos palabras: POTESTAS vs. AUCTORITAS.

    P. LITU: —Muchachos, el que insulta en las redes para defender una idea no es un valiente, es un hipnotizado. Está siendo víctima de una psicopatología del poder que necesita enemigos para existir.

    P. OVI: —Vamos a hacer un «ayuno de bullying». Como dice León XIV, vamos a desarmar el lenguaje. El que use un insulto en el grupo, pierde el celular por un día y se va a ayudar a la Pastoral Social. Vamos a cambiar la «Hipnocracia» del Like por la Auctoritas del servicio.

    CUSTODIO: —¿Y si Trump o los demás siguen gritando?

    P. LITU: —Que griten. Nosotros conservaremos la capacidad de distinguir lo real de lo inventado. Nuestra autoridad no viene de cuánta gente aplastamos, sino de cuánta paz desarmada somos capaces de generar.

    Cierre del Episodio:

    El episodio termina con un posteo de Kevin, supervisado por Litu, que simplemente dice:

    «La autoridad no se impone con bullying, se gana con coherencia. En la Parroquia Zeta, preferimos ser personas de conciencia que seguidores hipnotizados. ¡Despierten! El 2026 necesita voces, no ecos.»

  • Introducción: La Fe en lo Cotidiano

    Hermanos, hoy iniciamos el Tiempo Ordinario. No se llamen a engaño por el nombre: «ordinario» no significa mediocre ni carente de importancia. Es el tiempo de celebrar y vivir la fe en las circunstancias comunes de la vida; es el taller donde la misión cristiana se realiza en el día a día, en el trabajo, en la mesa compartida y en el descanso. Es aquí, en lo cotidiano, donde Dios nos sale al encuentro.

    El Interrogante de Isaías: ¿Qué quiere Dios de sus elegidos?

    Al escuchar la primera lectura, surge una pregunta inevitable: ¿Qué es lo que Dios espera de aquellos que ha llamado? Escuchamos al profeta Isaías decirnos algo que sacude nuestra comodidad. Dios le dice a su Servidor: «Es demasiado poco que seas mi Servidor solo para restaurar a las tribus de Jacob».

    Dios tiene una «ambición» santa para nosotros. A veces pensamos que cumplir con Dios es simplemente «mantener lo nuestro», cuidar nuestra pequeña parcela espiritual o cumplir con ciertos ritos. Pero Dios nos dice: Eso es poco. Él no nos ha elegido para el encierro, sino para ser «luz de las naciones». Nuestra misión no tiene como límite las paredes de nuestra casa o de este templo; su destino son los confines de la tierra.

    In Crescendo: ¿Es suficiente recibir el Bautismo?

    Damos un paso más y nos preguntamos con valentía: ¿Basta con estar bautizados? ¿Es suficiente tener un certificado de bautismo guardado en un cajón?

    Al mirar el Evangelio, vemos la figura de Juan el Bautista. Él, con una humildad que sobrecoge, reconoce que hay alguien demasiado grande a quien no podemos servir con la pequeñez de nuestras tibiezas. Juan nos enseña que el testimonio del cristiano consiste en asumir la luz, no en creerse la luz. Nosotros no somos la fuente del resplandor, somos el espejo que debe reflejarlo. Pero para que Cristo sea conocido en sus elegidos, ese reflejo debe ser nítido. Si nuestra vida está empañada por el egoísmo, la luz de Cristo no llega a nadie. Dios nos pide que esa luz brille con tal fuerza que los demás, al vernos, no nos vean a nosotros, sino a Aquel que nos envió.

    El Desafío de la Santidad: ¿Es posible ser cristiano mediocremente?

    Subimos un peldaño más en nuestra reflexión: ¿Se puede ser cristiano a medias? La respuesta de San Pablo a los Corintios es tajante. No estamos llamados a una vida espiritual de «bajo perfil». Estamos «llamados a ser santos».

    La santidad no es una vocación de élite para unos pocos elegidos con cualidades extraordinarias; es la vocación universal de todo bautizado. Es cierto que en este camino la iniciativa es de Dios: primero actúa la gracia. Pero la gracia no anula ni cambia mágicamente nuestra naturaleza. Dios no nos destruye para santificarnos; al contrario, la gracia —si colaboramos con ella— asume nuestra naturaleza, la eleva y la perfecciona. Dios toma lo que eres (tus dones, tu carácter, incluso tus límites) y lo transforma en algo sagrado. Ser santo es permitir que la gracia de Dios saque la mejor versión de lo que somos.

    Conclusión: El Momento del «Aquí Estoy»

    Termino hoy haciéndote y haciéndonos la misma pregunta que el Espíritu nos hace a través de la Palabra: ¿No sientes que es demasiado poco como estás viviendo tu vida cristiana hasta ahora?

    ¿No sientes que Dios te está pidiendo más que una fe de mínimos, de cumplimientos externos y de silencios cómodos?

    • ¿Dónde te pide Cristo hoy que des testimonio de que lo conoces?
    • ¿En qué rincón de tu vida te pide que demuestres que lo sigues?

    Ese testimonio se muestra con palabras, sí; pero se muestra mucho mejor con nuestras actitudes, y se muestra por excelencia con nuestras acciones. No es momento de grandes discursos, sino de una entrega concreta.

    Por eso, ante la magnitud de esta llamada a ser luz, unamos nuestra voz a la del Salmo y digamos de corazón: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». No para hacer «lo poco», sino para dejar que Tú hagas cosas grandes a través de mí.

    Fin de la homilía

    Oración

    Señor y Dios nuestro,

    Hoy reconocemos que, muchas veces, nos hemos conformado con una fe de mínimos y un amor a medias. Pero tu Palabra nos sacude y nos recuerda que «es demasiado poco» que solo busquemos nuestra propia paz mientras el mundo espera tu luz.

    No permitas que vivamos nuestra vocación con mediocridad. Danos la humildad de Juan para señalarte a Ti antes que a nosotros mismos, y la docilidad para que tu gracia asuma, eleve y perfeccione nuestra naturaleza, transformando lo que somos en reflejo de tu santidad.

    Porque queremos ser luz en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, con palabras que sanen, actitudes que integren y acciones que revelen tu Reino, hoy te respondemos con todo el corazón: ¡Aquí estoy, Señor!

  • ¿Quieres conocer lo que dice el Papa León XIV en su Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, titulada “La paz esté con ustedes: Una paz desarmada y desarmante”, publicada el 1 de enero de 2026?

    Aquí te comparto un Resumen para que conozcas algunos contenidos centrales del Mensaje del Santo Padre y una Guía de reflexión que puede ayudar a vivir en una mayor paz, acogiendo la invitación del Papa.

    Resumen del Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2026

    El mensaje del Papa León XIV presenta una visión profunda sobre la naturaleza de la paz frente a una realidad global marcada por el miedo y la tecnología militar. El Papa propone una transición de una paz basada en el equilibrio de fuerzas hacia una paz «desarmada y desarmante».

    El contenido del mensaje se presenta en contraste con el convulso panorama geopolítico de inicios de 2026:

    1. La Crítica a la «Noción Armada» de la Seguridad y la Blasfemia de instrumentalizar la fe.

    Frente a la escalada de tensiones en muchas regiones (Irán, el Ártico (Groenlandia), Venezuela) y los persistentes conflictos bélicos (Ucrania, Israel-Palestina, Siria, Myanmar, Sudán, Etiopía y Eritrea), el mensaje advierte sobre la peligrosa tendencia de los gobiernos a justificar el rearme bajo la premisa del «peligro respecto a los otros».

    • Gasto Militar: El Papa señala con preocupación que en 2024 el gasto militar mundial creció un 9,4%, alcanzando los 2.718 billones de dólares.
    • Desestabilización Planetaria: Denuncia que la lógica de oposición y la disuasión nuclear encarnan una «irracionalidad» basada en el miedo y no en la justicia o la confianza.
    • Educación para la Guerra: Critica que las políticas educativas y los medios de comunicación estén promoviendo una percepción de amenaza constante, sustituyendo la «cultura de la memoria» por programas que difunden una visión puramente armada de la defensa. En lugar de una «cultura de la memoria» que nos ayude a aprender del pasado, se fomenta un adiestramiento mental para la confrontación, lo cual es el motor de las polarizaciones vigentes en las democracias occidentales.
    • La denuncia de las «lógicas de oposición»: El Papa advierte sobre cómo las sociedades modernas han caído en la tentación de definirse a través del conflicto. En el contexto de las polarizaciones actuales, el mensaje critica que la identidad se construya sobre el miedo al que piensa diferente, convirtiendo al adversario político en un enemigo existencial.
    • La «blasfemia» de instrumentalizar la fe: Uno de los puntos más críticos del mensaje es la denuncia de quienes utilizan el lenguaje religioso o la fe para bendecir nacionalismos o proyectos ideológicos que fomentan el odio. Esto resuena fuertemente con las corrientes de polarización en Occidente, donde a menudo se utiliza la religión como una herramienta de división política. El Papa califica esto como una «blasfemia contra el nombre de Dios, que es Paz».

    2. El Riesgo de la Tecnología y la Inteligencia Artificial

    El texto aborda directamente la modernización de los conflictos que mencionas al citar la respuesta de la OTAN y las intervenciones tecnológicas actuales:

    • Desresponsabilización: El Papa advierte sobre el creciente «delegar» de decisiones de vida o muerte a las máquinas (IA), lo que genera una espiral destructiva para el humanismo jurídico y filosófico.
    • Poderes Privados: Denuncia la influencia de grandes concentraciones de intereses financieros privados que empujan a los Estados hacia la guerra.

    3. La Paz como «Presencia» y no solo como Meta

    Mientras el mundo parece fragmentarse en lo que describe —citando a Francisco— como una «tercera guerra mundial a pedazos», León XIV propone una resistencia activa:

    • La Paz Desarmada: Inspirada en el camino no violento de Jesús, esta paz no es una utopía lejana, sino una realidad que debe experimentarse en lo íntimo para evitar que la agresividad se difunda a la vida pública.
    • Desarme Integral: Siguiendo a Juan XXIII, afirma que el desarme solo es posible si es «absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias», eliminando el temor de los corazones.
    • No destruir puentes: Citando a San Agustín, el texto exhorta a no romper los puentes de comunicación, incluso con aquellos que se consideran enemigos, recordando que «mientras los hombres caminan por la tierra, no deben desesperar de nadie».

    4. Diplomacia vs. Fatalismo

    En el contexto de la posible deslegitimación de instituciones internacionales ante conflictos en América y Europa, el mensaje hace un llamado urgente:

    • Refuerzo Institucional: Lamenta la violación de acuerdos internacionales y pide no deslegitimar, sino reforzar las instituciones supranacionales.
    • Caminos de la Paz: Exhorta al uso de la diplomacia, la mediación y el derecho internacional como el «camino desarmante» frente al desequilibrio de poder entre los más fuertes.

    En resumen, aunque el Papa no nombra específicamente a partidos o líderes mundiales, su mensaje es un ataque directo a las estructuras mentales que sostienen la polarización, proponiendo sustituir la «seguridad basada en el miedo» por una «seguridad basada en la confianza recíproca».

    El Papa concluye que la paz verdadera no puede apoyarse en el equilibrio de fuerzas militares, sino en una «fraternidad» que reconozca al diferente, instando a que el Jubileo de la Esperanza que hemos celebrado, sea el motor para este desarme del corazón.

    Guía de Reflexión: Caminemos a la luz del Señor

    Aquí tienes una serie de puntos de reflexión y preguntas para trabajar en los grupos parroquiales, basados directamente en el mensaje de Su Santidad León XIV:

    1. El desafío de la «Paz Desarmada»

    El Papa nos recuerda que la paz de Cristo es «desarmada» porque su propia lucha lo fue, incluso en contextos de gran injusticia política y social.

    * En nuestros conflictos cotidianos (familia, trabajo, comunidad), en los conflictos de nuestra sociedad civil y en los conflictos políticos: ¿buscamos imponer nuestra razón por la fuerza o tenemos la valentía de Jesús para responder con la no violencia?.

    * ¿Qué «espadas» —palabras hirientes, juicios, deseos de dominio— necesitamos «envainar» hoy para que la paz sea una realidad en nuestro entorno?.

    2. El peligro del miedo y el rearme

    El mensaje denuncia que el aumento del gasto militar mundial (un 9,4% en el último año) nace de una lógica de sospecha y de considerar al «otro» como una amenaza.

    * El Papa advierte que es posible olvidar la luz y ceder a una visión distorsionada del mundo bajo el signo del miedo.

    * ¿Cómo podemos, como comunidad, contrarrestar las narrativas de desesperanza que nos rodean y volver a ver la «gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos»?.

    3. La tecnología y la desresponsabilización

    León XIV expresa su preocupación por el uso de la Inteligencia Artificial en la guerra, lo que lleva a «delegar» en máquinas decisiones sobre la vida y la muerte.

    * La paz requiere un despertar de las conciencias y del pensamiento crítico frente a una tecnología que puede deshumanizarnos.

    * En un mundo cada vez más digital y automatizado, ¿cómo podemos proteger la dignidad humana y asegurar que nuestras decisiones sigan guiadas por la misericordia y no por algoritmos?.

    4. La paz como un «desarme del corazón»

    Citando a san Juan XXIII, el mensaje afirma que el desarme general solo es posible si llega hasta las mismas conciencias.

    * La paz no es solo la ausencia de guerra, sino una «presencia» que debe habitar en nosotros.

    * Desde la experiencia del Jubileo de la Esperanza, ¿qué pasos concretos podemos dar para que nuestras comunidades sean verdaderas «casas de paz» donde se practique el perdón?.

    5. Compromiso grupal:

    El Papa nos invita a transformar «espadas en arados»;

    * ¿Podríamos identificar una situación de conflicto en nuestro barrio o parroquia y proponer una acción de «justicia reparadora» o mediación para este mes?.

    6. Para la Juventud: «Centinelas en un mundo tecnológico»

    El Papa advierte sobre una «tercera guerra mundial a pedazos» y cómo la tecnología —como la Inteligencia Artificial— se usa para «delegar» decisiones de vida o muerte.

    * El reto: Hoy se nos vende un «realismo» sin esperanza que nos vuelve ciegos ante la belleza de los demás.

    * Pregunta para el grupo: En redes sociales y juegos, ¿consumimos narrativas que nos entrenan para ver al otro como un enemigo o como una amenaza?.

    * Dinámica: Identifiquen un «puente» que puedan construir esta semana para conectar con alguien que piensa diferente, siguiendo el consejo de San Agustín de no destruir puentes.

    7. Para las Familias: «La Paz comienza en el pesebre del hogar»

    El mensaje nos dice que «nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo» y que la paz debe ser una realidad experimentada en la vida doméstica.

    * El reto: Si no cultivamos la paz en casa, la agresividad se difunde a la vida pública. La fragilidad de los niños y ancianos nos hace más lúcidos sobre lo que realmente da vida.

    * Pregunta para la mesa: ¿Cómo manejamos los conflictos en casa? ¿Buscamos una paz «desarmada» (basada en el diálogo) o una paz impuesta por la fuerza o el grito?.

    * Dinámica: Realizar un momento de «desarme del corazón» antes de la cena, pidiendo perdón por las palabras que usamos como «armas» durante el día.

    8. Para las Comunidades Parroquiales: «Ser Casas de Paz»

    El Papa León XIV desea que cada comunidad sea una «casa de paz» donde se aprenda a desactivar la hostilidad.

    * El reto: Debemos denunciar la «blasfemia» de arrastrar las palabras de la fe al combate político, nacionalista, de estatus social. La paz no es una utopía, sino una creatividad pastoral.

    * Pregunta para la comunidad: ¿Nuestra parroquia es un lugar donde alguien diferente (en etnia, pensamiento o estatus) se siente acogido o rechazado?.

    * Dinámica: Analizar los gastos y prioridades de la comunidad: ¿invertimos en «arados», proyectos sociales y de encuentro, de atención a sectores vulnerables?