1. Introducción: El choque de dos currículos
Buenas noches a todos. A esta hora de la tarde, cuando el sol ya cayó sobre nuestro río Paraná y el lunes empieza a asomarse con su agenda y sus exigencias, muchos llegamos aquí buscando un respiro.
El mundo nos pide constantemente un currículum de éxitos. Se nos exige ser competitivos, estar siempre alegres en las redes sociales, ser eficientes y poderosos. Pero hoy, San Pablo nos presenta el «currículum de Dios». Es un currículum desconcertante: Dios no elige a los sabios según la carne, ni a los nobles, ni a los poderosos. Al contrario, Dios pone sus ojos en lo necio, lo débil y lo despreciable para confundir a los fuertes.
Mientras el mundo nos pregunta: «¿Qué has logrado?», Jesús hoy nos pregunta: «¿Cuánto espacio libre hay en tu corazón?». Venimos a esta misa no a presentar nuestras medallas, sino a descansar en la sabiduría de saber que, para Dios, nuestra mayor titulación es ser sus hijos.
2. Sofonías: El refugio de la verdad frente a las apariencias
Esta idea de «ser pequeños» conecta con la profecía de Sofonías. Él nos habla de un «pueblo pobre y humilde» que no habla falsamente ni usa palabras engañosas en su boca.
Vivimos en una ciudad hermosa, una ciudad que brilla y que atrae, pero que también nos empuja a menudo a vivir de las apariencias. A veces pasamos más tiempo construyendo una fachada que cuidando nuestra casa interior. El cansancio que muchos sienten hoy no es solo físico, es el agotamiento de sostener una máscara, de fingir que todo está bien y de ocultar nuestras heridas para no parecer «perdedores» ante los demás.
Sofonías nos dice que el compromiso con Dios es, ante todo, un compromiso con la sinceridad. El «Resto de Israel» es ese grupo de personas transparentes que ya no necesitan mentir para ser aceptadas. La Iglesia, esta Catedral, debe ser ese espacio de libertad donde podemos dejar de actuar y decir: «Señor, estoy cansado, me equivoqué, necesito refugiarme en tu Nombre». Allí es donde se empieza a pastar y a descansar sin que nadie nos perturbe.
3. Las Bienaventuranzas: El mapa de la verdadera felicidad
Desde esa humildad, el Evangelio de las Bienaventuranzas deja de ser una lista de tareas difíciles y se convierte en una caricia de Dios. Jesús sube a la montaña y, al ver a la multitud —gente como nosotros, con sus deudas, sus lutos y sus sueños—, no les da órdenes, sino que los felicita. Las Bienaventuranzas son el mundo al revés:
Felices los que lloran: Porque Dios se vuelve su consuelo más cercano.
Felices los pacientes y los de alma pobre: Porque han dejado de pelear por el primer puesto y han descubierto que el Reino ya les pertenece.
Felices los que tienen hambre de justicia: Porque su inconformismo es la semilla de un mundo mejor.
Jesús nos está diciendo que la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos.
4. Conclusión: Más que una Perla, un Santuario
Hermanos, a menudo llamamos con orgullo a nuestra ciudad la «Perla del Sur». Es un nombre hermoso que habla de nuestro brillo, de nuestra costanera y de nuestro atractivo turístico. Pero la Palabra de Dios hoy nos invita a una vocación mucho más profunda.
Nuestra misión es que Encarnación no sea solo una «perla» que se exhibe por fuera, sino que sea, ante todo, un Santuario de Esperanza.
Un santuario es un lugar donde se encuentra refugio, donde el que está encorvado se endereza y el que está afligido encuentra consuelo. Que cuando la gente camine por nuestras calles, no solo vea edificios modernos, sino que encuentre una comunidad de «bienaventurados»: hombres y mujeres que no necesitan aparentar, que saben compartir el pan y que viven con la alegría de los sencillos.
Vuelve a tu casa esta noche con el corazón ligero. No te gloríes en tus fuerzas, gloríate en el Señor. Si mañana lunes el mundo te hace sentir insuficiente, recuerda que estás en excelente compañía. Que esta semana que comienza sea un camino de sencillez, y que nuestra ciudad sea, para cada hermano que sufre, ese refugio de paz que tanto necesitamos.
Fin de la homilía

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