1. Introducción: El contraste del Reino
Queridos hermanos y hermanas, nos reunimos en este octavo día del novenario a San Blas bajo una consigna que nos interpela profundamente: «Comprometerse en la vida comunitaria». En una sociedad que muchas veces exalta el «yo», el éxito individual y la competencia, la Palabra de Dios nos propone hoy una lógica inversa: la lógica del nosotros.
Estamos en el año del Bien Común, y el lema «Denles ustedes de comer» no es solo una invitación a la asistencia social, es un mandato de corresponsabilidad. No podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no somos capaces de comprometernos con el hermano que camina a nuestro lado en esta Ciudad del Este pujante, pero también necesitada de solidaridad y fraternidad.
2. La Identidad: El «Resto» que se refugia en el Señor
Para comprometernos en la comunidad, primero debemos saber quiénes somos delante de Dios. Las lecturas de Sofonías y de San Pablo a los Corintios nos ofrecen una lección de humildad revolucionaria.
La fuerza de la pequeñez: Sofonías nos habla de un «pueblo pobre y humilde». No se refiere a una carencia material que humilla, sino a una disposición del espíritu: el Anawim, aquel que sabe que no se basta a sí mismo y que su refugio es el Nombre del Señor.
La elección de Dios: San Pablo es directo con los Corintios —y con nosotros hoy—: «Miren quiénes han sido llamados». No somos los más poderosos, ni los más sabios según el mundo. Dios elige lo que el mundo tiene por necio para confundir a los sabios.
La base del compromiso: Esto es vital porque el que se cree autosuficiente no sabe trabajar en comunidad. El que se siente «grande» quiere mandar; el que se sabe «pequeño y amado» sabe servir. Nuestro compromiso nace de la gratitud, no de la soberbia.
3. El Mapa del Compromiso: Las Bienaventuranzas
Si nos preguntamos: «¿En qué debo comprometerme?», el Evangelio de Mateo nos entrega hoy el mapa de ruta: Las Bienaventuranzas. Ellas no son un consuelo para el más allá, sino un programa de acción para el más acá.
Hambre y sed de justicia: Comprometerse es no acostumbrarse a la injusticia. Es sentir dolor por la desigualdad y trabajar para que el Reino se haga presente.
Misericordia y paz: El compromiso no es un trámite; es una actitud del corazón. Ser «bienaventurados» es tener la alegría profunda de saber que nuestra vida está gastada en favor de los demás. Como dice Sofonías: ellos «descansarán sin que nadie los perturbe», porque quien vive en el compromiso encuentra la verdadera paz.
4. La Praxis: ¿Cómo bajamos las Bienaventuranzas a lo cotidiano?
Pero, ¿cómo bajamos estas bienaventuranzas a lo cotidiano? San Pablo, en su carta a los Romanos, nos da la clave práctica: no se crean superiores, sino reconozcan que somos un solo cuerpo con diversos dones.
La «Sobria Autoestima»: El compromiso empieza por no estorbar el paso de Dios. Pablo pide una «justa valoración de nosotros mismos». El que es humilde reconoce que su talento es una herramienta prestada para el Bien Común.
La mística del Cuerpo: Pablo nos enseña que el compromiso no es un esfuerzo solitario. «Dénles ustedes de comer» es un mandato para el cuerpo entero. En nuestra comunidad, algunos son «pies» que salen a las periferias y otros son «corazón» que ora. Mi don necesita del tuyo.
Caridad sin máscaras: Pablo aterriza las Bienaventuranzas en actitudes concretas: caridad auténtica, alegría en la esperanza y hospitalidad. En una ciudad de fronteras, el compromiso se vuelve carne cuando practicamos la acogida.
5. El Riesgo de la Omisión: El Talento enterrado
Sin embargo, este despliegue de dones y este llamado a la acción no son opcionales. El compromiso es una responsabilidad que se nos ha confiado. Por eso, el Evangelio de los talentos nos advierte sobre el peligro de quedarnos de brazos cruzados.
El riesgo de no arriesgar: El pecado del tercer siervo fue el miedo. Enterró su talento. A veces, pecamos por omisión: tenemos miedo de involucrarnos o de equivocarnos, y terminamos enterrando nuestra capacidad de hacer el bien. En el Reino de Dios, quien no arriesga, ya está perdiendo.
La inversión del amor: El compromiso es la respuesta valiente de quien se sabe amado. «A quien tiene se le dará» significa que, en la comunidad, cuanto más te das, más recibes. El que sirve se llena de vida; el que se encierra en su egoísmo termina perdiendo incluso lo que creía tener.
Conclusión
Queridos hermanos, al concluir esta reflexión, fijemos en el corazón estas certezas:
El compromiso comunitario no es una carga, es la respuesta lógica a un amor (el de Cristo) recibido hasta el extremo.
Dios no elige a los capacitados, capacita a los elegidos que se animan a decir: «Aquí estoy».
El talento más peligroso es el que se guarda bajo tierra por miedo al qué dirán o por comodidad personal.
En la mesa del Bien Común, nadie es tan pobre que no tenga nada que compartir, ni tan rico que no tenga algo que recibir.
Que San Blas interceda por nosotros para que sepamos responder con generosidad al mandato de Jesús: «Denles ustedes de comer». Que nuestra comunidad sea el lugar donde el hambre de pan y el hambre de Dios encuentren respuesta en nuestras manos abiertas.
Fin de la homilía

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