Escena 1: La cocina de la parroquia

AMBIENTE: La cocina de la casa parroquial. Media tarde. Doña Margarita está lavando tazas con una eficiencia que no admite interrupciones. Bit duerme debajo de la mesa. Entran los Custodios Reguetoneros — Valentina, Mateo y Rodrigo — con los teléfonos en la mano y la energía de quien acaba de ver algo que no puede guardar.

Valentina

(Sin saludar, directo al grano.)

¡Doña Margarita, cayó el cerebro del hackeo de Itapúa! ¡Dieciocho años! ¡Estudiante de tecnología! ¡Acá, en Encarnación!

Mateo

(Mostrando la pantalla.)

Operación Ícaro. Ya son diez detenidos. Movieron nueve mil millones de guaraníes. ¡Nueve mil millones!

Rodrigo

(Con una mezcla de asombro y admiración involuntaria.)

Y empezó con los compañeros del colegio. Con los amigos. Imagínate la cabeza que tiene ese tipo.

(Doña Margarita no se da vuelta. Sigue lavando. El silencio dura tres segundos exactos — los tres lo sienten.)

Doña Margarita

(Sin levantar la vista del fregadero.)

¿Y eso te parece admirable, Rodrigo?

(Rodrigo abre la boca. La cierra. Bit abre un ojo.)

Rodrigo

No… admirable no. Es que… técnicamente…

Doña Margarita

(Seca el último plato. Se da vuelta. Los mira a los tres.)

Empezó con sus amigos, dijiste.

(Pausa.)

Doña Margarita

Eso no es cabeza. Eso es no tener corazón.

Escena 2: Llegan Litu y Ovi

AMBIENTE: La misma cocina. Doña Margarita ha puesto agua a calentar. Los Custodios están sentados, un poco más quietos que antes. Entran Litu y Ovi — Litu con el breviario bajo el brazo, Ovi con el teléfono en la mano y la noticia ya leída.

Ovi

(Entrando.)

Doña Margarita, ¿vio lo de la Operación Ícaro?

Doña Margarita

(Sin mirarlo, alcanzando la yerba.)

Me contaron. Siéntense.

Litu

(A Ovi, en voz baja.)

Ya sabe todo.

Ovi

(También en voz baja.)

Siempre sabe todo.

(Se sientan. Doña Margarita sirve el tereré en la guampa compartida y la pasa a Ovi primero, como siempre. Litu espera su turno con resignación conocida.)

Valentina

Padre Ovi, ¿cómo puede ser que alguien tan joven haga algo así y no sienta nada?

Ovi

(Pensando antes de hablar.)

No sabemos si no sintió nada. Quizás sintió mucho. El problema es lo que sintió: la adrenalina, el poder, el dinero. Pero no sintió el peso del otro.

Litu

(Apoya el breviario sobre la mesa.)

Hay una frase antigua. Nadie sabe bien quién la dijo — árabe, griega, no importa. Dice: somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras.

Mateo

(Frunciendo el ceño.)

¿Y eso qué tiene que ver con un hacker?

Litu

Todo. En el mundo digital, cada dato que sale de vos ya no es tuyo. Ese joven tomó datos de millones de personas. Palabras digitales de gente que nunca eligió hablar. Y él tampoco midió lo que estaba soltando.

Rodrigo

Pero Padre, él sí eligió. Planeó todo. No fue un accidente.

Litu

Planeó el cómo. No pesó el qué. Hay una diferencia entre deliberar técnicamente y discernir moralmente. Uno calcula. El otro siente el peso del otro como persona.

(Doña Margarita, que ha estado escuchando de espaldas mientras acomoda cosas, se da vuelta.)

Doña Margarita

En mi época eso se llamaba conciencia.

(Silencio.)

Doña Margarita

No es una palabra antigua. Es una palabra que se fue quedando sola.

Escena 3: La vuelta del aforismo

AMBIENTE: La misma cocina. La guampa ha dado dos vueltas. Bit se ha movido debajo de la silla de Doña Margarita, que es su segundo lugar favorito después de debajo de la mesa.

Ovi

Lo que me impacta es el mecanismo que usaban para lavar el dinero. Transferían plata robada a una cuenta al azar. Llamaban al dueño diciéndole que fue un error. Le pedían que la devolviera a otra cuenta. Y la persona, queriendo hacer lo correcto, sin saberlo se volvía cómplice.

Valentina

(Horrorizada.)

Usaron la buena fe de la gente como herramienta.

Ovi

Exacto. Y ahí la frase de Litu se complica. Porque esa gente guardó silencio — no preguntó, confió, cooperó — y ese silencio inocente fue robado y convertido en eslabón del crimen.

Mateo

O sea que el silencio tampoco te salva.

Litu

No siempre. Hay silencios que elegimos. Y hay silencios que otros diseñan para nosotros.

(Doña Margarita se sienta por primera vez desde que empezó la conversación. Pone las manos sobre la mesa.)

Doña Margarita

Cuando yo era chica, mi mamá me decía: antes de hablar, pensá si lo que vas a decir es más importante que el silencio. Y yo le pregunté una vez: ¿y si el silencio también hace daño? Me miró y me dijo: entonces rezá, porque eso ya no te lo puedo enseñar yo.

(Nadie dice nada. Bit suspira desde debajo de la silla.)

Rodrigo

(En voz baja.)

¿Y rezó?

Doña Margarita

(Con una sonrisa corta.)

Y recé. Y a veces igual me equivoqué. Pero al menos sabía que me había equivocado.

Escena 4: La pregunta que queda

AMBIENTE: La cocina. Están por levantarse. La luz de la tarde entra de costado.

Valentina

Padre Litu, ¿y ese joven va a entender algún día lo que hizo?

Litu

(Sin apuro.)

No lo sé. Eso depende de si alguien lo ayuda a sentir el peso de lo que soltó. La condena le dice qué hizo. La conciencia, si despierta, le dirá a quién le hizo.

Ovi

Y nosotros, ¿qué hacemos con esto? Porque los chicos de dieciocho años que conocen el código mejor que nadie están en nuestras parroquias también.

(Silencio. Los Custodios se miran.)

Doña Margarita

(Levantándose, recogiendo la guampa.)

Lo que siempre hicimos. Estar. Que nos encuentren antes de que los encuentre otra cosa.

(Se da vuelta hacia la pileta. Pausa. Sin mirarlos.)

Doña Margarita

Y enseñarles que el silencio también pesa. Que lo que uno no dice también es suyo. Que ser dueño de algo no significa hacer lo que uno quiere con ello.

(Abre la canilla. El agua corre. Bit sale de debajo de la silla y se va al patio.)

Litu

(En voz baja, casi para sí.)

Dueños del silencio. Esclavos del don.

Ovi

(Mirándolo.)

¿Qué dijiste?

Litu

(Levantándose.)

Nada. Una frase que está tomando forma.

(Salen. Los Custodios los siguen. La cocina queda en silencio, con el agua corriendo y la luz de la tarde sobre la mesa vacía.)

* * *

[FIN DEL EPISODIO 21]

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