Queridos hermanos y amigos:
Hoy, 2 de febrero, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, la festividad de la Luz. En la liturgia, contemplamos al anciano Simeón sosteniendo en sus brazos la Esperanza del mundo, reconociendo en ese Niño la luz que ilumina a todas las naciones.
En esta fecha tan significativa, nuestra mirada se posa con gratitud en la figura del Padre Jesús Montero Tirado, SJ. Como una presencia profética en el Paraguay, él fue nuestro Simeón moderno: un hombre que durante 50 años sostuvo con firmeza la luz de la educación y la dignidad humana. Con su voz serena y su corazón entregado, supo ser ese puente entre el Evangelio y la vida cotidiana de miles de paraguayos.
Este texto que compartimos hoy, «Palabra sedienta para la posteridad», nace como un sencillo homenaje y un reconocimiento profundo a su vida. Pero, por sobre todo, es una invitación. No queremos que estas líneas sean solo un recuerdo del pasado, sino una semilla para el futuro. Lo hacemos porque, como él nos enseñó, seguimos teniendo palabras deseosas de hacerse vida en medio de nuestra realidad.
Su partida física no apaga el fuego, sino que nos entrega la antorcha. Les invito a meditar en este legado, con la certeza de que su voz seguirá resonando mientras existan corazones dispuestos a saciar la sed de amor y verdad en nuestro querido Paraguay.
MEDITACIÓN: EL MAESTRO DE LA SED
El Hecho
Contemplo hoy la trayectoria de un sacerdote de la Compañía de Jesús que, desde su llegada a Paraguay hasta sus últimos días, se dedicó a sembrar el alma de nuestra nación. Su voz, su persona y su corazón fueron gotas frescas de agua cayendo sobre el campo sediento de tantas vidas: niños, jóvenes, adultos, hermanos sacerdotes y maestros. Aún parece que escucho su voz, como lo hacía casi diariamente; esa voz sedienta de compartir una palabra de amor, de paz y de dignidad. Hoy, 2 de febrero de 2026, cuando físicamente nos ha dejado, nos invade una pregunta inquietante: ¿Quién seguirá ofreciendo palabras sedientas a tantos que buscan, a veces sin saberlo, al Dios Vivo y su palabra eterna?
La Reflexión
Todos los que nos nutrimos con sus inspiraciones nos sentimos hoy llamados a mirarnos a nosotros mismos como cántaros sedientos de vida, como ánforas abiertas deseosas de llenarse de luz. Encontramos en él, frente al caos de tanta indigencia de dignidad, verdades y valores cristianos que nos ayudaron a levantarnos, a querer seguir, a construir un lugar mejor; a ser, en definitiva, mejores cristianos y mejores personas. Hoy lo llamarían influencer, pero él lo fue por algo mucho más profundo que la tecnología: lo fue por personificar la Verdad unida a su voz, con un testimonio inquebrantable de fidelidad a la educación, al bien común y al Evangelio.
La Palabra Sedienta
Hoy la pregunta golpea nuestro corazón: ¿Sabremos guardar la herencia de estos 50 años de servicio en Paraguay? No podemos permitir que el olvido cubra su palabra profética, esa que tantas veces nos ayudó a ver a Cristo presente en medio de nuestra realidad, marcada por el ruido, las ausencias y los conflictos. La palabra sedienta de hoy es un grito de gratitud: Gracias, Padre Jesús Montero Tirado. Gracias por tener sed de nuestra sed. Gracias por prestarnos tu voz para acercarnos la semilla eterna del Verbo. Fuiste y seguirás siendo el Maestro que supo responder a la búsqueda de muchos, dejándonos ahora a nosotros con la sed de saciar la sed de los demás.
Oración Final
Señor, danos la gracia de reconocer tu luz en aquellos que comprendieron el mensaje de tu discípulo. Gracias por hacerte presente por medio suyo en tantos escenarios de vida y familia. Concédenos la gracia de unir a todos los que bebieron de aquellas «palabras sedientas», para que unamos fuerzas y sigamos construyendo tu Reino con verdad, justicia y libertad. Danos tu Palabra, Señor, para saciar la sed que clama por un Paraguay mejor, por una Iglesia más viva y por un mundo auténticamente fraterno. Amén.


Deja un comentario