Categoría: Reflexiones y ensayos
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La Masonería ofrece un espacio donde todas las convicciones caben porque ninguna manda. No juzgamos moralmente a los masones: la integridad moral no está en el foco del análisis. A nuestro juicio, la pregunta es teológica: a quién se rinde tributo, y si un cristiano puede confesar a Cristo y adherir a un marco neutro
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Cristo reina de otra manera: no como los jefes de las naciones, sino sirviendo. Este artículo recorre el Reinado de Cristo y la memoria cristera, y pregunta qué le pide esa soberanía a la Iglesia: servir, convertirse y no mezclarse en el régimen de la ciudad terrena. ¿Se parece al que lavó los pies?
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¿Qué soberanía no se defiende ni se conquista, y sin embargo no desaparece? A nuestro juicio, la que está grabada en cada hijo e hija de Dios, y no en la moneda del César. De ella nacen una pertenencia que relativiza las demás, una paz que no es equilibrio de fuerzas y una fraternidad abierta.
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¿Necesita el Evangelio poder tecnológico y poder nacional? Las dos caras de la moneda responden que sí. Este artículo, a nuestro juicio, propone otra lectura: el Evangelio no se acobarda, y no ceder ante el miedo no es lo mismo que no tener miedo. Ni moralidad blanda ni tecnología dura: esperar el Reino sin retenerlo…
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Aunque las dos caras del poder invoquen a Dios, la pregunta de fondo es otra: ¿quién es el César de esa moneda? Qué respalda cada una, qué culto nace del miedo y qué rumbos quedan para el cambio de época: ¿volver, cambiar de capitán o poblar una orilla nueva?
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La cara de élite no expulsa al Evangelio: lo cita, pero, a nuestro juicio, le retira la función de límite al poder. La «república tecnológica» ofrece otra escatología: el desenlace lo decide una tecnología, no Cristo. El artículo contrasta ambas a la luz de las bienaventuranzas y pregunta quién responde ante quién.
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La cara popular convoca multitudes y habla el lenguaje de la gente. Cuando la fe se usa para legitimar y movilizar, el Evangelio no desaparece: queda cautivo, despojado de su kénosis. Y esta cara debe poder responder una pregunta: si ganara, ¿qué lugar quedaría para quien piensa distinto?
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Las monedas de poder no afectan solo a los creyentes: afectan a toda la ciudad, y a ella le cabe examinarlas. Siete lentes que cualquier ciudadano puede usar (jurídica, política, económica, comunicacional, histórica, de rendición de cuentas y eclesial), señales de cierre y una advertencia: aplicarlas primero a uno mismo.
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Discernir no es sospechar ni aprobar de antemano, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno. Seis preguntas de la tradición cristiana (la razón, el Espíritu, las dos ciudades), cuatro criterios de Magnifica humanitas para edificar en el bien, y un criterio último que ningún método reemplaza: la cruz.
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¿Cómo se hace una moneda de poder? Volvemos a la escena del denario del César: quién la emite, qué la respalda y quién la acepta. Distinguimos poder y autoridad, lo que el poder hace con el Evangelio y lo que el Evangelio hace con el poder.
