Cuando el Evangelio se jubila

SEGUNDA SERIE: La Moneda del Poder. Corrientes y poder, poder y apariencia cristiana: el discernimiento que le toca a la Iglesia

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara

Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

TIEMPO DE LECTURA: 21 minutos

I. ¿Al César o a Dios, o son uno?

La cara popular respondía que son uno: la fusión de lo político y lo religioso. Esta cara responde de otra manera: queda el César, y a Dios se lo puede jubilar. Es nuestra lectura de esta cara, y la ofrecemos como tal: no lo expulsa ni lo combate; lo cita, lo conserva como recurso intelectual y lo retira de toda función que condicione el ejercicio del poder. Con buenas referencias, pero sin trabajo.

II. Quiénes llevan la voz, y qué proponen

Hay un proyecto, que algunos de sus propios impulsores llaman la «república tecnológica», con dos voces visibles. Peter Thiel, cofundador de PayPal y de Palantir, da conferencias sobre el Anticristo y el Armagedón, con la tecnología y los riesgos existenciales como marco: una serie de cuatro en San Francisco en septiembre de 2025 y otra de cuatro en Roma en marzo de 2026, por invitación y a pocos pasos del Vaticano. El Angelicum, donde se había informado inicialmente que se realizarían, negó que fueran allí, y la Universidad Católica de América, cuyo Cluny Institute figuraba entre los organizadores, negó patrocinarlas o alojarlas. Entre los pensadores que según la invitación sirven de base están René Girard, Francis Bacon, Jonathan Swift, Carl Schmitt y John Henry Newman. Según las grabaciones filtradas de las conferencias de San Francisco, el Anticristo del siglo XXI sería un «ludita que quiere detener toda la ciencia», que llegaría prometiendo «paz y seguridad» y hablando sin cesar del Armagedón; y sus «legionarios» serían quienes, según él, abogan por un gobierno mundial para frenar la ciencia, entre ellos críticos de la inteligencia artificial y una activista climática. Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, junto a Nicholas Zamiska, publicó The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West. El 18 de abril de 2026, la empresa difundió en la red X un resumen del libro en veintidós puntos. Sostiene que «Silicon Valley debe una deuda moral al país que hizo posible su ascenso» (punto 1); que las sociedades libres necesitan algo más que atractivo moral, a saber, «poder duro», y que «en este siglo el poder duro se construirá sobre software» (4); que «la pregunta no es si se construirán armas con inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito», porque los adversarios «no se detendrán» (5); que una nueva era de disuasión basada en la IA está por comenzar (12); que debe resistirse la intolerancia hacia la creencia religiosa que existe «en ciertos círculos» (20); y que, frente al «nuevo dogma» de que todas las culturas son iguales, algunas «han resultado mediocres y, peor, regresivas y dañinas» (21). (Palantir en X, 18/4/2026; traducción nuestra.)

Nombrarlos aquí, una sola vez, ayuda a ubicar el proyecto. De aquí en adelante hablamos de sus ideas, no de las personas.

Su empresa, Palantir, desarrolla plataformas de análisis de datos que usan gobiernos y fuerzas de seguridad. En abril de 2025, según informó Wired, ganó un contrato de treinta millones de dólares con el servicio estadounidense de inmigración y control de aduanas (ICE) para construir un sistema llamado ImmigrationOS, cuya primera tarea sería ayudar a ICE a elegir a quién deportar; las otras serían agilizar las expulsiones y facilitar el seguimiento de las autodeportaciones. Según esos mismos informes, la empresa trabaja con ICE desde 2011.

III. Qué ofrece, y a qué miedo responde

Ofrece orden y seguridad frente al caos, administrados por quien dispone de los datos y de la infraestructura. Responde al miedo que describimos en el primer artículo: miedo a la incertidumbre, a un mundo de riesgos que nadie controla, a perder el lugar frente a otras potencias. Tiene también una parte de verdad: el poder necesita eficacia, y la seguridad es un bien. La pregunta es a qué precio, y bajo qué control.

IV. Qué hace con el Evangelio: jubila

Mientras la cara popular legitima y moviliza, esta, a nuestro juicio, jubila. Lo decimos como una lectura y no como un hecho documentado: no expulsa el vocabulario cristiano, lo usa, a veces con erudición, pero le retira la función de límite. Los veintidós puntos que resumen su propuesta no fundan ningún freno al poder en el Evangelio, en la dignidad de la persona ni en la conciencia. Su modo es sobre todo el de auspiciar (financiar, abrir puertas, ofrecer acceso a quien decide), y en algunas aplicaciones, cuando se trata de vigilancia o control de personas, roza el de coaccionar.

Hay datos que no encajan con una caricatura, y conviene decirlos. El punto 20 pide resistir la intolerancia hacia la creencia religiosa, y las conferencias usan la Escritura con insistencia para hablar del Anticristo; su autor se describe, según Reason, como cristiano ortodoxo. La religión no queda excluida. Entonces la pregunta es otra: ¿responde ese manifiesto al Evangelio que sus propios voceros invocan? Las bienaventuranzas (Mt 5,3-10) llaman felices a «los que tienen alma de pobres» (v. 3), a «los pacientes» (v. 4), a «los misericordiosos» (v. 7) y a «los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (v. 9). Un resumen que sostiene que el poder duro se construirá sobre software, que «la pregunta no es si se construirán armas con inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito» y que algunas culturas son «regresivas y dañinas» no parece responder a ese Evangelio. Es, de nuevo, una posición nuestra, que cada lector puede contrastar con los textos.

Un ejemplo de este vocabulario es el katechon. San Pablo, en su Segunda Carta a los Tesalonicenses, habla de algo, y de alguien, que «retiene» la manifestación final del mal: «Ya saben qué es lo que ahora lo retiene, para que no se manifieste sino a su debido tiempo. El misterio de la iniquidad ya está actuando. Sólo falta que desaparezca el que lo retiene» (2 Ts 2,6-7). El texto pasa del neutro («qué es lo que lo retiene») al masculino («el que lo retiene»), y de ahí viene buena parte de la discusión. Durante siglos se discutió qué era: ¿el imperio?, ¿el orden político?, ¿la Iglesia con su predicación? Carl Schmitt popularizó el término en el siglo XX para pensar el orden político como contención del caos. Quien dio esas conferencias usa la palabra: según un análisis de las grabaciones, ve en el imperio estadounidense el «candidato natural» a katechon y, a la vez, Anticristo: «punto cero» del Estado mundial y de la resistencia a ese Estado. Una tesis de lectura, que queda abierta y como tal debe presentarse, es que si el Anticristo es quien frena la ciencia, el contenedor del caos tiende a identificarse con el avance tecnológico mismo; no tenemos una fuente que muestre que quien dio esas conferencias identifique así a una empresa concreta. La tradición coincidió en algo: lo que contiene el mal desde la fragilidad y el servicio es otra cosa que lo que lo gestiona desde una posición de dominio. El riesgo aparece cuando el contenedor del caos pasa a ser el propio poder, concentrado y armado de datos, erigido en lo único que puede salvarnos. Entonces la figura queda invertida: ya no se opone al poder absoluto desde la verdad y la fragilidad, sino que se confunde con él.

La Iglesia no cuestiona la tecnología ni la seguridad. Cuestiona que se pierda la pregunta por quién responde ante quién.

V. Otra escatología

Hay algo más que conviene decir, y es una lectura nuestra: esta propuesta no solo ofrece una política, ofrece un relato del final. Según las grabaciones, la historia marcha hacia un enfrentamiento entre quienes impulsan la ciencia y quienes quieren detenerla, y el Anticristo es el que la frena. El resumen de los veintidós puntos completa el cuadro: el poder duro se construirá sobre software (4), quien prevalezca será quien construya primero (5) y una nueva era de disuasión basada en la IA está por comenzar (12). En lo que conocemos, el protagonista del desenlace es una tecnología y quien la controla.

La escatología cristiana tiene otro protagonista. El Apocalipsis dice, desde su primera línea, qué es lo que revela: «Revelación de Jesucristo, que le fue confiada por Dios para enseñar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto» (Ap 1,1). Lo que se revela es a Cristo, y el fin de la historia lo decide el juicio, no un poder. San Pablo, en el mismo pasaje del katechon, dice que cuando se manifieste el Impío, «el Señor Jesús destruirá con el aliento de su boca y aniquilará con el resplandor de su Venida» (2 Ts 2,8). Y el Catecismo advierte que la impostura aparece cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia (CEC 676).

La cara popular lo intenta con un Reino conquistado por votos y congregaciones; esta, con una seguridad asegurada por datos y por poder duro. Cambia el agente, el ingeniero en lugar del conquistador, pero ambas colocan dentro de la historia lo que el cristiano espera de Cristo.

VI. Cuatro lentes, seis preguntas de fe

De rendición de cuentas. Es la primera pregunta, y la que retoma a Guardini: ¿hay una voluntad a la que se pueda interpelar, o solo una «organización anónima»? Un poder que opera con datos y algoritmos, que pocos entienden y casi nadie puede auditar, tiene un riesgo particular de volverse irresponsable en el sentido más literal: nadie responde.

Jurídica. ¿Qué pasa con la privacidad, las garantías procesales y el control democrático de la vigilancia? ¿Hay un marco que limite, o la ley va por detrás de la técnica?

Política y administrativa. ¿Quién decide los contratos, con qué transparencia? ¿Qué sucede cuando una empresa privada pasa a ser pieza central de funciones del Estado?

Económica. ¿Quién se beneficia? Es lo que señaló uno de los críticos del manifiesto: que son «la ideología pública de una empresa cuyos ingresos dependen de la política que defiende» (Euronews, 22/4/2026; traducción nuestra). No es una acusación, es una pregunta que hay que hacerse ante cualquier proyecto que se presenta como puro ideal.

Desde la fe, seis preguntas, las del artículo 3. Dos las respondemos aquí; las otras cuatro las dejamos abiertas al lector.

Evangélica: ¿qué frutos da? ¿Qué pasa con las personas concretas, sobre todo con las más vulnerables y con el trabajo humano? El juicio final no pregunta por la eficacia ni por la ideología: «tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25,35-36); «cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (v. 40), y lo mismo en sentido contrario (v. 45). Ese criterio se aplica a las plataformas como a cualquier poder.

Agustiniana: ¿qué se usa y qué se ama, y en qué orden? Agustín distingue entre gozar y usar: «Gozar es adherirse a una cosa por el amor de ella misma. Usar es emplear lo que está en uso para conseguir lo que se ama, si es que debe ser amado» (La doctrina cristiana, De doctrina christiana, I, 4). Y advierte que, si queremos gozar de lo que debemos usar, «trastornamos nuestro tenor de vida» y quedamos «atados por el amor de las cosas inferiores» (I, 3). La plataforma, el dato y el algoritmo son medios. El peligro está en que el medio pase a ser fin, o en que las personas, que nunca deben tratarse solo como medios, pasen a ser datos que se emplean. Entonces el orden del amor se invierte.

Cuatro preguntas más, abiertas al lector:

Ignaciana: ¿se asemejan las promesas de la tecnología a las tentaciones de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11)? ¿Qué elegiría Cristo? ¿Qué es contrario a Cristo? El Catecismo lo describe como «un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne» (CEC 675), y añade que esta impostura «aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico» (CEC 676). Y si esa es la impostura, ¿cómo se articula el verdadero katechon? ¿Es una fuerza tecnológica, una realidad personal, o la decisión y la actitud interior de cada cristiano que elige a Cristo y no lo que se le opone? San Pablo habla primero de «lo que» retiene y luego de «el que» retiene (2 Ts 2,6-7). ¿Qué dice esa diferencia a quien debe elegir?

Tomista: ¿de qué manera se relacionan la libertad y la dignidad con la eficiencia del poder? ¿Vuelve la eficiencia del poder tecnológico irrelevante la participación humana en las decisiones? Santo Tomás enseñaba que «la legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia» (Suma teológica, I-II, q. 93, a. 3, ad 2; cf. CEC 1902).

De Kentenich: ¿cuál es la imagen del ser humano que diseña la república tecnológica, y a quién refleja? Antiqua et nova recuerda que «los productos tecnológicos reflejan la visión del mundo de sus creadores, propietarios, usuarios y reguladores» (n. 41). ¿Qué visión de la sociedad plantea, donde confluyen el individualismo, una tecnología que reemplaza la autonomía humana y una comprensión elitista que asume un liderazgo impuesto por el poder tecnológico? ¿Hay un reemplazo de Dios por el poder tecnológico?

Ver, juzgar y actuar: ¿es posible justificar que una tecnología y la élite que la crea tomen el control de la vida política, social y económica, pasando por alto la dignidad de las personas? Si analizamos la propuesta a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica (CEC): «la autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una “fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido”» (CEC 1902, que cita Gaudium et spes, 74). «La determinación del régimen y la designación de los gobernantes han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos» (CEC 1901, que cita Gaudium et spes, 74), y «los regímenes cuya naturaleza es contraria a la ley natural, al orden público y a los derechos fundamentales de las personas, no pueden realizar el bien común de las naciones en las que se han impuesto». Si los dirigentes «proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia» (CEC 1903, que cita Pacem in terris, 51). Y sobre la técnica: «la ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano» (CEC 2293).

VII. Por qué esta cara es distinta de la otra

En la cara popular el Evangelio está cautivo pero presente: deformado, pero necesario como fuente de legitimidad ante las masas. Aquí, a nuestro juicio, no. El Evangelio ya no está cautivo: está jubilado. El proyecto no necesita al Evangelio como fuente de legitimidad, y lo usa, cuando lo usa, como recurso de lectura, no como límite. Es una diferencia importante para el discernimiento, porque exige otra vigilancia: la primera cara se reconoce por su ruido; en esta, el Evangelio puede hablar, pero ya no puede limitar.

VIII. La respuesta de la Iglesia

La Iglesia ha respondido con un instrumento que no es nuevo: el discernimiento social a la luz del Evangelio. León XIV explicó, ante el Colegio Cardenalicio (10/5/2025), que eligió su nombre por León XIII, el Papa de Rerum novarum, que afrontó la cuestión social «en el contexto de la primera gran revolución industrial»; hoy, añadió, «la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo». La nota Antiqua et nova (Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación, 28/1/2025) pide que los fines, los medios y la visión global de cada aplicación de la IA «deben evaluarse para garantizar que respetan la dignidad humana y promueven el bien común» (n. 42), y recuerda que «la dignidad humana y el bien común nunca deben abandonarse en nombre de la eficacia» (n. 54). Sobre los asuntos que hemos tocado, observa que «la mayor parte del poder sobre las principales aplicaciones de la IA esté concentrado en manos de unas pocas y poderosas empresas», y que la falta de una responsabilidad (accountability) bien definida produce el riesgo de que la IA sea manipulada «para ganancias personales o empresariales» (n. 53). Sobre la vigilancia, afirma que no es justificable usar la IA «con fines de control para la explotación, para restringir la libertad de las personas o para beneficiar a unos pocos a expensas de muchos», y que el riesgo de exceso de vigilancia «debe ser supervisado por organismos de control adecuados, con el fin de garantizar la transparencia y la responsabilidad pública» (n. 93). Sobre los datos, recoge palabras de Francisco: «el respeto fundamental por la dignidad humana postula rechazar que la singularidad de la persona sea identificada con un conjunto de datos» (n. 94). Y sobre las armas autónomas letales cita también a Francisco: «Ninguna máquina debería elegir jamás poner fin a la vida de un ser humano» (n. 100). Advierte, por último, que «la presunción de sustituir a Dios con una obra de las propias manos es idolatría» (n. 105). La encíclica Magnifica humanitas (León XIV, 15/5/2026) sigue la misma línea y es más explícita sobre el poder. Advierte que la IA «tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos», y que «pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio» (n. 108). Por eso propone «desarmar» la IA: «Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano» (n. 110). Y frente a una técnica que clasifica y optimiza, recuerda: «Para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo. El futuro de una persona no es calculable, sino que está confiado a su libertad —elevada por la inagotable gracia divina— y a las relaciones que cultiva» (n. 128). La pregunta que ese proyecto no siempre se formula no es qué tan poderosa puede ser la tecnología, sino a quién sirve y a costa de quién.

IX. ¿Superar la fragilidad o asumirla?

Hay un trasfondo que conviene nombrar con cuidado. Magnifica humanitas dedica una sección a las «narrativas de fondo» del transhumanismo y el posthumanismo, y las describe como «el trasfondo ideológico que reside en algunos centros de poder tecnológico» (n. 115). No se las atribuimos a nadie en particular: son corrientes diversas, «unidas por el mismo mar de presupuestos: la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana» (n. 116).

El punto crítico, dice la encíclica, no es la técnica en cuanto tal, sino la visión que subyace: «si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos» (n. 117). Es la pregunta de la imagen en la moneda llevada al límite: ¿quién decide qué vida se potencia y cuál se descarta?

Frente a eso, la encíclica no propone quedarse inmóvil ante el límite, sino otra manera de superarlo. La sensatez humana «enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo» (n. 120), y la finitud, «cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro» (n. 122). La humanidad, «magnífica y herida», «no debe ser sustituida ni superada», y la pregunta decisiva es: «si existe un auténtico «más que humano», ¿dónde se encuentra?» (n. 126). La respuesta cristiana es que no se llega a ser más que humano potenciando lo que ya somos, sino dejándose transformar por la gracia: «llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero» (n. 128, que cita a Francisco). De ahí la diferencia con «los sueños prometeicos»: «lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión que transforma» (n. 128).

Hay, entonces, dos maneras de superar la fragilidad: eliminarla desde el poder, o asumirla desde la relación y dejarse transformar. La segunda es la que un orden sin Evangelio no puede ofrecer.

X. Lo que esta cara no puede ofrecer

Puede ofrecer eficacia, y también seguridad. Lo que no puede ofrecer es una respuesta a la pregunta de la moneda: ¿ante quién responde este poder? Un orden que necesita jubilar al Evangelio para funcionar ha dejado fuera la única voz capaz de decirle que no todo lo posible es lícito. En el próximo artículo miramos cómo se paga la moneda: el poder de pago distinto.

Para profundizar

Biblia

  • Ap 1,1-3; 2 Ts 2,6-8; Mt 4,1-11; Mt 5,3-10; Mt 25,31-46, en Libro del Pueblo de Dios.

Hechos y fuentes

  • Thiel en Roma: Associated Press (N. Winfield), «Thiel brings his Antichrist lectures to the Vatican’s doorstep, and Catholic institutions back away» (13 de marzo de 2026), en America Magazine.
  • Thiel en San Francisco: AFP, «Tech billionaire Thiel says Greta Thunberg servant of Antichrist» (10 de octubre de 2025); Jack Nicastro, «I Listened to Over 7 Hours of Peter Thiel’s Leaked Antichrist Lectures. They’re Surprisingly Libertarian», Reason (14 de octubre de 2025).
  • Palantir (@PalantirTech), «The Technological Republic, in brief», resumen en veintidós puntos (publicación en X, 18 de abril de 2026); A. C. Karp y N. W. Zamiska, The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025). Reacciones: Fortune (22 de abril de 2026); Euronews (22 de abril de 2026).
  • Palantir e ICE: Wired, sobre el contrato de ImmigrationOS; M. Deutscher, SiliconANGLE (21 de abril de 2025).
  • León XIV, discurso al Colegio Cardenalicio (10 de mayo de 2025).

Autores y magisterio

  • Agustín de Hipona, La doctrina cristiana (De doctrina christiana), I, 3-5 (usar y gozar).
  • Tomás de Aquino, Suma teológica, I-II, q. 93, a. 3, ad 2.
  • Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), 675-676, 1901-1903 y 2293; Concilio Vaticano II, constitución pastoral Gaudium et spes, 74; Juan XXIII, encíclica Pacem in terris, 51.
  • Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación, nota Antiqua et nova (28 de enero de 2025), 41-42, 53-54, 93-94, 100 y 105.
  • León XIV, carta encíclica Magnifica humanitas (15 de mayo de 2026), 108, 110, 115-117, 120, 122 y 126-128.
Lo del César al César + Lo de Dios a Dios

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