Las preguntas que cualquier ciudadano puede hacerle a un poder, crea o no crea

SEGUNDA SERIE: La Moneda del Poder. Corrientes y poder, poder y apariencia cristiana: el discernimiento que le toca a la Iglesia

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara

Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

TIEMPO DE LECTURA: 6 minutos

El artículo anterior preguntó desde la fe. Pero las monedas de poder que estudia esta serie no actúan solo sobre los creyentes: afectan a toda la ciudad, y a ella le cabe también examinarlas, con instrumentos que no dependen de ningún credo. Aquí la Iglesia se sienta a la mesa común, sin privilegio, y escucha las preguntas que hace la sociedad. El Concilio Vaticano II lo dijo con claridad: «la comunidad política y la Iglesia son entre sí independientes y autónomas en su propio campo», aunque ambas sirven a la vocación personal y social de los mismos seres humanos (Gaudium et spes, 76).

I. Siete lentes

Primera lente, jurídica: ¿es legal, y es legítimo? Un poder puede ser legal y no ser legítimo, o al revés. La primera pregunta es si respeta el marco jurídico común: el Estado de derecho, la supremacía de la Constitución paraguaya de 1992 (art. 137), la igualdad de todos en dignidad y derechos (art. 46) y las libertades religiosa e ideológica (art. 24). Este último dispone que «ninguna confesión tendrá carácter oficial» y fija las relaciones del Estado con la Iglesia Católica sobre la base de la independencia, la cooperación y la autonomía. Ante una moneda de poder, la pregunta jurídica es si pide al Estado un trato especial para una fe, o si pide a la fe que sirva a un proyecto del Estado.

Segunda lente, política y administrativa: ¿quién decide, con qué competencia y bajo qué control? El poder público se ejerce por el voto del pueblo, con división de poderes y controles recíprocos, y «la dictadura está fuera de ley» (art. 3). También se juzga por cómo se administra: si hay transparencia en los contratos y en el uso de los recursos, si se separan los intereses públicos de los privados, si los funcionarios responden por lo que hacen («ningún funcionario o empleado público está exento de responsabilidad», art. 106). Un proyecto que invoca lo sagrado no queda dispensado de estas preguntas.

Tercera lente, económica: ¿quién financia y quién se beneficia? Es la pregunta que, en el artículo 2, hacíamos al preguntar qué respalda la moneda. Casi nunca se la formula en voz alta, y casi siempre ayuda a entender lo que las palabras ocultan: quién paga los eventos, las campañas, las plataformas y los cargos, y qué espera a cambio.

Cuarta lente, comunicacional: ¿cómo se cuenta? Todo poder cuenta un relato. Conviene preguntarse qué palabras usa, qué simplifica, qué oculta y qué miedo explota. La Constitución reconoce a la vez la libre expresión (art. 26) y el derecho a una información «veraz, responsable y ecuánime» (art. 28). Entre ambos queda el espacio del ciudadano que no se deja arrastrar por el primer relato que le llega, y que contrasta las fuentes.

Quinta lente, histórica: ¿qué precedentes tiene? La historia ya conoció alianzas entre la fe y el poder, para bien y para mal. Preguntar por los precedentes no obliga a repetir los errores del pasado, pero evita presentar como novedad lo que ya se ensayó. Conviene mirar cómo terminaron: quién ganó, quién perdió, y qué pasó con la fe.

Sexta lente, de rendición de cuentas: ¿se deja examinar? Es la lente que une todas las demás. Retoma lo que decía Guardini en el primer artículo: el peligro empieza cuando ya no hay una voluntad a la que se pueda interpelar. Un poder sano admite la crítica, la auditoría y el disenso. Uno que se cierra, que trata toda pregunta como ataque, ya mostró qué clase de moneda es. Y una pregunta más, que cualquier ciudadano puede hacerse: si ese poder ganara, ¿qué lugar quedaría para quien piensa distinto?

Séptima lente, eclesial: ¿respeta lo que la Iglesia enseña sobre sí misma? Cuando un proyecto habla en nombre de la fe, cabe preguntar si es coherente con lo que la Iglesia dice de sí. ¿Reconoce la autonomía de lo político? ¿Respeta la libertad religiosa de todos? ¿Pone en el centro a los pobres y a quienes sufren, según el criterio del juicio final: «cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40; cf. 25,31-46)? La fe puede ser pública, pero no puede ser usada.

II. Señales de cierre

Hay además unas señales que no pertenecen a ninguna lente en particular, sino a una manera de ejercer el poder. Umberto Eco, en un ensayo de 1995 sobre lo que llamó el «fascismo eterno» (Ur-Fascism, en The New York Review of Books, 22 de junio de 1995), describió catorce rasgos de una mentalidad cerrada, y advirtió que no forman un sistema, que algunos se contradicen y que basta uno para que algo se cristalice a su alrededor. Tomamos de él, con libertad y sin atribuirle nuestra formulación, algunas señales que pueden aparecer en cualquier bando:

  • el pasado intocable, o el pasado descartable;
  • el disenso tratado como traición;
  • la diferencia vista como amenaza;
  • el complot como explicación de todo;
  • el desprecio hacia quien piensa distinto, o hacia los más débiles: la fragilidad tratada como defecto, y a quien la padece como un obstáculo;
  • el lenguaje empobrecido, que reduce el pensamiento a consignas.

Estas señales no sirven para clasificar a nadie, y mucho menos para descalificar. Sirven para que cada uno se examine primero a sí mismo, y para reconocer cuándo un proyecto, venga de donde venga, empieza a cerrarse.

III. Una lógica que no es de un solo bando

Los verbos de esta serie (legitimar, movilizar, jubilar) describen una manera de tratar la fe, no una ideología. Puede apoyarse en ella una causa para darse aval y ganar fuerza de convocatoria; puede una agenda ya decidida buscar en la fe un adorno que la haga presentable; y puede, en sentido contrario, desconfiarse de toda voz religiosa en el espacio público, como si el creyente tuviera que dejar su fe en casa para participar. Las tres actitudes se encuentran en posiciones muy distintas, conservadoras, progresistas o seculares. Las lentes de arriba no preguntan de qué lado está un proyecto, sino cómo trata a la fe y a las personas.

IV. Una advertencia

Igual que en el artículo anterior, estas lentes también pueden usarse como arma. Se aplican a todos con la misma vara, también a quien pregunta y a la propia Iglesia. Un examen que solo mira hacia el adversario no es discernimiento: es propaganda.

Con las herramientas de la fe y las de la ciudad común, estamos en condiciones de mirar los casos. Comenzamos por la cara más visible de la moneda: la popular.

Para profundizar

Marco jurídico y magisterio

  • Constitución de la República del Paraguay (1992), arts. 3, 24, 26, 28, 46, 106 y 137.
  • Concilio Vaticano II, constitución pastoral Gaudium et spes, 76.
  • Mt 25,31-46, en Libro del Pueblo de Dios.

Autores

  • Umberto Eco, «Ur-Fascism», The New York Review of Books, 22 de junio de 1995 (ed. española: El fascismo eterno).
  • Romano Guardini, Die Macht (1951), citado en el primer artículo.
Lo del César al César + Lo de Dios a Dios
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