Título de la homilía: El Pesebre de la Vida Diaria

Introducción: La Luz que llega al hogar

Hoy celebramos la Epifanía, la «Manifestación» del Señor. El profeta Isaías nos grita: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!”. En Paraguay, esta fiesta nos habla de camino y de encuentro. Pero la gran noticia de hoy es que esa luz no se detuvo en un palacio, sino en una casa sencilla. El pesebre no es solo una figura de barro en un rincón; es una metáfora diaria de nuestra vida cristiana. Nuestro pesebre es el hogar, el encuentro con Dios hecho pequeño, hecho familia, allí donde la vida sucede realmente.

I. La actitud de los Magos: Sorpresa y Humildad

Los Magos de Oriente nos enseñan el «estilo de vida» del creyente. Ellos no se quedaron instalados en sus certezas, sino que se pusieron en camino.

Volver a sorprenderse: En medio de la rutina, la actitud del cristiano es la de dejarse maravillar por la ternura de Dios. Sorprenderse de que el Creador del universo se manifieste en el abrazo de un hijo, en la mesa compartida o en el perdón renovado.

Postrarse de rodillas: El Evangelio dice que, al entrar, «postrándose, le rindieron homenaje». Postrarse ante el pesebre cotidiano es un acto de humildad: es reconocer que no somos autosuficientes y que necesitamos de la misericordia de Dios para caminar. Es arrodillarse ante la fragilidad del otro para servirlo.

II. Nuestros Cofres: Los Regalos del Emanuel

Los magos abrieron sus tesoros, y nosotros hoy estamos invitados a abrir los cofres de nuestro corazón para ofrecerle al «Dios con nosotros» los regalos que nacen de nuestra vida diaria:

El Incienso de nuestra oración cotidiana: Representa nuestra dimensión espiritual. No es solo la oración de los templos, sino el perfume que sube desde el altar del hogar. Es la oración de alabanza al empezar el día, la súplica confiada cuando el dinero no alcanza o la salud flaquea, y la gratitud profunda por el pan de cada día. Es reconocer que Él es el centro de nuestra familia.

La Mirra de nuestra humanidad: La mirra, amarga y medicinal, representa nuestra fragilidad y nuestro dolor. Le ofrecemos al Señor nuestro cansancio al final de la jornada, los sacrificios silenciosos que nadie ve y nuestras limitaciones personales. Al entregarle nuestra «pequeñez», reconocemos que confiamos más en Su bondad que en nuestras fuerzas. Ofrecemos nuestras heridas y sufrimientos con esperanza, sabiendo que Él los unge y les da sentido.

El Oro de nuestra caridad en el servicio: El oro es el regalo para el Rey, y nuestro Rey se identifica con el prójimo. Este es el oro que brilla en cada gesto de amor auténtico: en la paciencia con el que sufre, en el servicio alegre en las tareas de la casa, y en la mano tendida al necesitado. Cada encuentro lleno de verdadero amor, cada gesto de ternura que damos o recibimos, es la moneda de oro con la que coronamos al Niño Jesús en nuestro prójimo.

III. Conclusión: Regresar por otro camino

Los Magos, tras encontrar al Niño, «volvieron a su tierra por otro camino». Este es el llamado final: quien se encuentra con la ternura de Dios en el pesebre de su hogar, no puede seguir caminando por las mismas sendas de egoísmo o amargura.

Que esta Epifanía nos transforme. Que nuestros hogares sean pesebres de luz donde el incienso de la fe, la mirra de la entrega y el oro del amor nunca dejen de brillar.

Fin de la homilía

Oración de Bendición de los Reyes para las Familias

Señor Jesús, Emanuel, Dios-con-nosotros:
Hoy te abrimos las puertas de nuestro hogar, que queremos sea tu pesebre permanente. Como los Magos de Oriente, nos acercamos a Ti para reconocer tu presencia en medio de nuestra familia.
Hoy, ante este pesebre cotidiano, abrimos nuestros cofres y te decimos:
• Te ofrecemos nuestro Incienso: Recibe nuestra oración, nuestra alabanza y nuestra gratitud. Que el diálogo contigo sea el perfume que llene cada rincón de esta casa.
• Te entregamos nuestra Mirra: Recibe nuestra fragilidad, nuestros dolores y nuestro cansancio. Ponemos en tus manos nuestra pequeñez humana, confiando plenamente en tu bondad que todo lo sana y le da sentido.
• Te damos nuestro Oro: Recibe nuestro deseo de servir, nuestra paciencia y nuestro amor puesto en obras. Que cada gesto de caridad que vivamos aquí sea un regalo para Ti.
Bendice esta casa y a quienes en ella habitan. Que al salir de aquí cada día, sepamos transitar por el «camino nuevo» de la alegría, siendo estrellas que guíen a otros hacia tu Amor.

¡Que la bendición de Dios descienda sobre nosotros y permanezca para siempre! Amén.

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