Celebra en el altar de Cristo

la eucaristía de cada jornada,

como si fuera la primera de tu vida,

como lo más importante de tu día,

como testamento final de tu fe vivida.

Celebra en el altar de la virtud,

la gracia bautismal que te une a Cristo,

como si fuera el fundamento de tu vida,

como lo único y más valioso de tu día,

como legado y testimonio de tu fe vivida.

Celebra en el altar del corazón,

el mandato de Cristo en la caridad asumida,

como si fuera el alimento de tu vida,

como lo que da sentido a todo en tu día,

como anuncio bienaventurado de tu fe vivida.

Celebra en el altar de la vida,

la fe del Cristo, que de la cruz resucita,

como si fuera el ancla que equilibra tu vida,

como la luz que vence la oscuridad en tu día,

como norte de esperanza que sostiene tu fe vivida.

Celebra con Cristo,

en el altar,

en la virtud santa,

en el corazón limpio,

en la vida íntegra,

como si fuera la primera vez,

como si fuera la única vez,

como si fuera la última vez.

Felices los que hoy celebran en torno a la mesa del Señor, el sacerdocio común de los bautizados, el sacerdocio ministerial de los consagrados, la caridad sacerdotal que nos une a todos en Cristo, el primero, el único y el último, que ocupa el centro de nuestras vidas.

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch..

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