Una segunda parte en relación con la Nota Doctrinal Mater Populi Fidelis, de fecha 7 de octubre de 2025, publicada el 4 de noviembre de 2025, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en el pontificado de Su Santidad Papa León XIV.

Nuestro Redentor no pasó por encima de la libertad de Maria, fue Ella quien decidió.
El Verbo eterno esperó mudo la respuesta al Ángel, fue Ella quien pronunció el Si.
El Unigénito divino no se gestó humano por si mismo, fue Ella quien lo llevó en su vientre materno.
El Mesías no fue alumbrado angelicalmente, fue pujado por Ella para nacer.
El niño Dios no fue abrigado por querubines, fue rodeado del cariño humilde de Ella y de José.
El Emanuel, no fue alimentado por manjares divinos al nacer, fue nutrido por la leche maternal de Ella.
El pequeño Salvador no cambió sus pañales milagrosamente, fue Ella quien amorosamente lo limpió y vistió.
El divino Infante no multiplicó panes y peces en su hogar para comer, disfrutó los panes que Ella amasó y los peces que José llevó a la mesa.
El hijo eterno del Padre no pronunció sermones prodigiosos en sus primeros años, aprendió a llamar mamá y papá a Maria y a José.
El divino Cristo niño no se vistió solo, fue Ella quien tejió sus ropas y cubrió su desnudez.
Jesús no fue arrullado por coros celestiales, fue cargado en los brazos de María y José y se durmió al sonido de sus voces.
El Mesías adolescente no iba solo a todas partes, obedeció a su padre y a su madre.
Cristo no maduró de la noche al día su misión, creció en la protección de su familia bendecido por María y José.

Nuestro Señor Jesucristo ya adulto, siempre fue reconocido como hijo del carpintero esposo de María, su madre, que nunca lo abandonó, y lo siguió a todas partes, pasando por la cruz, hasta tenerlo de nuevo en su regazo, sin vida, bañándolo con lágrimas puras que lavaron sus heridas, dándole el amor que el mundo le negó, creyendo confiada en su Resurrección. El Resucitado que ascendió a los cielos no llevó a los Apóstoles consigo, sino a Ella, que fue la primera a quien miró a los ojos, en donde se descubrió humano y se reconoció querido.

No se confundan pensando que Ella quiere protagonismo. Ninguna madre lo quiere, simplemente se lo gana haciendo lo que toda madre sabe hacer. Aunque un día su Hijo la llamó simplemente Mujer, y un día muchos pensaron que la desconoció cuando predicó que su Madre y sus hermanos son los escuchan la Palabra, la llevan a su corazón y la cumplen, describiendo paradigmáticamente a su madre María, y aún cuando los evangelios no describen el encuentro de Jesús con su madre camino al Calvario como la tradición lo reconoce en la oración del Via Crucis, allí estuvo Ella, hasta abrazar la cruz desde la cual la volvió a llamar con el título que Ella se ganó, proclamado por el mismo Hijo de Dios: Madre. ¿Acaso hay un titulo mayor que el mismo Dios la llame Madre?

La Iglesia no consagró el mundo solamente al corazón sagrado del Rey de la Gloria, sino al corazón inmaculado de la Madre, porque sabe, que Ella cuida al rebaño como lo hizo El, para Él. Los evangelios no grabaron palabras de Ella, pero si nos legaron cómo Ella recibió y vivió las palabras del Hijo de Dios, nacido de sus propias entrañas.

Y si Ella dijo y lo sigue afirmando, «Hagan lo QUE Él les dice», los creyentes que por Ella hemos sido conquistados para Él, el único Redentor y Mediador, sabemos que Él nos dice, como seguramente hacía en su hogar con su padre José: Hagan COMO su Madre, mi Madre, nuestra Madre, les dice. Amén

Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo
Hijo de María, quien me enseña cómo ser discípulo del Señor.

En la Memoria María Medianera de todas las gracias: «Madre de la gracia. Ella humildemente colabora para que abramos el corazón al Señor, que es el único que puede justificarnos con la acción de la gracia santificante, es decir, cuando Él derrama en nosotros su vida trinitaria, habita en nosotros como amigo y nos hace partícipes de su vida divina.» Nota Doctrinal Mater Populi Fidelis 69

Encarnación, 7 de noviembre de 2025

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