“Yvy Marae’ỹ , María Inmaculada y la Sabiduría divina”
Introducción: El Corazón de la Fiesta y una Balanza Inclinada
Hermanos y hermanas, la gracia de Dios nos reúne hoy para celebrar la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, nuestra querida Virgen de Itacuá.
Contemplamos a la mujer que ha sido hecha «llena de gracia» (Lc 1, 28) por el amor de Dios, el inicio de la Nueva Creación. Ella ha sido destinada a ser santa e irreprochable en el amor. Ella es la prueba de que el plan de Dios, trazado desde antiguo, puede realizarse en un corazón humano. El primer paraíso, la primera tierra sin mal, sucumbió en el pecado de nuestros primeros padres, como recuerda la escritura. Pero Dios, en su plan de salvación, nunca desistió y preparó la llega de su Hijo, el Redentor, anticipando la nueva tierra sin mal en el corazón y en la persona de la Virgen María, como la primera redimida. Ella personifica ese nuevo Yvy Marae’ỹ, la nueva creación que Cristo quiere para todos y concede a todos los que lo reciben dispuestos a escuchar, querer y poner en práctica la Buena Noticia unidos en Él.
Metáfora 1: La Balanza Desequilibrada
Nosotros, redimidos por Cristo, purificados de aquel pecado original, caminamos con esperanza anhelando la plenitud del Reino. Somos una creación nueva, pero llevamos aún el peso del desorden, del desequilibrio del pecado que rompe la armonía de nuestras relaciones y de nuestras acciones. La lucha entre el bien y el mal continúa en nuestro mundo y en nuestro propio corazón, como evidencia de un doloroso desorden.
El desequilibrio más profundo es el peso del pecado,del egoísmo, que se expresa en las marcadas diferencias entre hermanos, en la rivalidad destructiva, en las muchas formas de injusticia y de maldad.
El peso que inclina la balanza es lo que podemos llamar la ceguera del pecado, una fuerza que se manifiesta en la inclinación al mal en sus muchas formas, siguiendo, como decía el 2 de diciembre en Caacupé, “lo no-sabio”
• Es la fuerza que nos lleva a la adicción, que roba la libertad,
• Es el deterioro moral de la mentira, el abuso, la perversión de la autoridad familiar, social, religiosa, política, científica, que genera odio, rencor, desconfianza.
• Es la lógica de la corrupción, de la trampa y del engaño como sistema, y de la polarización que nos hace dividirnos para imponer la voluntad de algunos.
• Es la ambición que nos hace destruir para construir y depredar la Creación para consumir, olvidando el sustento de las generaciones venideras.
Esta falsa sabiduría no deja crecer la tierra sin mal en nosotros, en nuestros corazones, en nuestros ambientes.
Preguntémonos con fe: ¿Qué es lo que verdaderamente restablece el equilibrio en nuestro espíritu, en la sociedad y en la creación entera? ¿Cuál es la sabiduría que debemos asumir?
El Centro de la Fiesta: María, el Punto de Equilibrio y la Nueva Sabiduría
La Solemnidad de hoy nos da la respuesta. Si el pecado, narrado en el Génesis, es la expresión de la No-Sabiduría humana, María Inmaculada es el punto de equilibrio y la fuente de la Nueva Sabiduría.
Ella representa este equilibrio total porque eligió el plan de Dios desde el principio y porque dio su «Sí» de plena fe: «Aquí está la esclava del Señor» (Lc 1, 38). Con ese Sí comenzó la nueva tierra sin mal en su persona, en su corazón, para ser compartido el fruto bendito de su vientre, aquel que vino a hacer nuevas todas las cosas, llamándonos a la conversión. La conversión empieza diciendo no al pecado, a la falsa sabiduría que destruye, y madura en el sí, a la verdadera sabiduría del Evangelio.
Metáfora 2: La Fábula de los Dos Lobos
Hermanos, la lucha por este equilibrio interior es el drama de la historia de salvación. Podemos tomar como metáfora, una fábula Cherokee: dentro de cada persona, hay dos lobos en constante batalla. Uno representa el egoísmo, el miedo y la ambición; y el otro representa la Nueva Sabiduría de Dios: el servicio, la humildad, la paz y la integridad. La pregunta es, ¿quién va a ganar esta batalla, el lobo bueno o el lobo malo? La respuesta es evidente: El lobo que más alimentamos.
• Vence el lobo del pecado cuando nos dejamos llevar por el instinto de imponernos, de dividir para reinar, o de acaparar para que solo unos pocos se sientan bien a costa de muchos, de destruir, de depredar, de transgredir.
• Vence el lobo de la gracia cuando imitamos la pureza y el "Sí" de María, la mujer humilde y sabia, cuando asumimos la realidad para unir, cuando servimos al bien con desinterés, cuando cuidamos la vida de todos en el equilibrio del amor sincero, cuando compartimos lo que es de todos, cuando refrenamos el instinto y sabemos postergar la gratificación en favor de todos.
Metáfora 3: La Lucha por la Tierra Sin Mal (Yvy Marae’ỹ)
Queridos hermanos, el Evangelio nos habla de un «Sí» puro de María que trae la gracia al mundo. En nuestra tierra guaraní, sabemos lo que significa la lucha entre la pureza y el caos. De la filosofía o cosmogonía guaraní, recuerdo aquel relato de Tau y Kerana. Quiero dar una interpretación desde la perspectiva cristiana.
Kerana puede representar la conciencia pura, limpia hermosa. Angatupyry, el Espíritu del Bien, y Tau, el Espíritu del Mal, pelean por conquistar para sí a Kerana. Ambos pelearon siete días, midiendo fuerzas. Uno no era más fuerte que el otro. Recordamos que no son Dios Creador y su opuesto, Aña. La batalla la podemos entender en el alma de cada persona. Finalmente, Tau venció, y de su unión con Kerana nacieron siete realidades que representan cada uno un desequilibrio en la naturaleza, en la persona, en las relaciones, en la vida, como si fueran siete plagas y males que nos azotan: la voracidad, el abuso, el pillaje de la corrupción y la muerte.
Pero, ¿cómo ganó Tau? Ganó porque hizo trampa, engañó. La leyenda narra que Tau, venció a Angatupyry no por fuerza, sino por astucia y trampa.
En nuestra realidad muchas veces volvemos a pasar por esta lucha. Los sacerdotes escuchamos y podemos absolver de la culpa eterna, y ayudamos a encaminar la conversión y sanación del pecador. Pero todos nosotros en algún momento escuchamos confesiones, en nuestra familia, de nuestros amigos, de las personas con las que estudiamos o trabajamos, y muchas veces escuchamos que vuelve a vencer Taú, porque no elegimos hacer el bien sino que cedemos ante la conveniencia del engaño, la mentira, el fraude, el disfraz. Y dejamos que sigan sin absolución y sin conversión.
El triunfo de Tau nos recuerda el engaño que sembró el desorden, la sabiduría falsa de la astucia mezquina. Pero nuestro corazón sigue en la búsqueda de la Tierra Sin Mal (Yvy Marae’ỹ), un estado de vida en perfecta armonía, porque la Gracia de Dios no se deja vencer, y nos sigue llamando.
Sabemos que Dios no desiste de su plan, y que lo ha realizado en Cristo, nacido de María. Por eso contemplamos a María, a la mujer que es, por gracia, nuestra Yvy Marae’ỹ viviente. Ella es el punto de equilibrio que demuestra que podemos alimentar la Nueva Sabiduría:
• Alimentamos la Nueva Sabiduría cuando combatimos el engaño y la trampa en nuestros negocios y en la política, imitando la pureza y la integridad de María.
• Alimentamos la Gracia cuando, en lugar de generar caos, construimos comunidad con servicio y humildad, buscando el ideal de la Tierra Sin Mal.
• Alimentamos la verdadera sabiduría, cuando rechazamos el mal y damos a la generación presente el mejor alimento: la vida digna, la justicia y la integridad. Así preparamos el futuro mejor sirviendo al bien con desinterés para unir y no dividir, cuidando los bienes presentes con respeto y preparando el futuro de una casa común saludable, asumiendo que somos uno y que cada uno con sus diferentes necesidades puede integrarse en una plenitud que supera las individualidades.
• Alimentamos la sabiduría divina en nosotros cuando decimos no a lo mundano y asumimos la cruz, aunque nos signifique dolor y rechazo.
Consecuencias: La Conversión para la Vida de las Nuevas Generaciones
Alimentar la Nueva Sabiduría es nuestra conversión integral, un compromiso a transformar nuestro poder —individual y comunitario— para asegurar la vida de las nuevas generaciones. Esta es la misión de la Iglesia, es mi misión como Pastor y la misión de cada bautizado. No hablo de plataformas, ni de denominaciones o asociaciones, tampoco de personas específicas, porque este mensaje es para todos, comenzando por la misma Iglesia, sus miembros, y desde la Iglesia, para la comunidad y la sociedad.
De esta manera buscamos la conversión de las relaciones, para que venzamos el abuso y llevemos a la reconciliación, para que dejemos la anti-lógica de la agresión y de la prepotencia del fuerte, transformando el poder en servicio con una profunda transformación ética y social. Es así que buscamos vencer la corrupción y recuperar la integridad, postergando el individualismo y su éxito egoísta para dar paso al triunfo de la comunidad y del bien común, construyendo la verdadera riqueza que se mide por el valor de cada vida y no por el volumen de bienes materiales.
Buscamos también la conversión de nuestras acciones. Elegir la falsa sabiduría y el pecado, es hipotecar el futuro. Tenemos que ser ejemplo, como cristianos y como Iglesia, trabajando juntos. No es nuestro discurso, sino las buenas decisiones que tomemos y las buenas acciones que emprendamos, las que van a garantizar un legado sostenible. Cada uno tiene en su interior, en su conciencia, en su corazón, una urna. No hablo de partidos, hablo que en esa urna interior uno debe elegir a quién va a alimentar, qué sabiduría elige y qué consecuencias asume.
Como Iglesia necesitamos por eso, más allá de los discursos, trabajar unidos para ser testimonio viviente con ejemplos de vida, de relaciones y acciones sanas y santas. Para eso es necesario renovar nuestro compromiso por la educación ética, que contemple la renovación personal y social, en el contexto económico y ecológico integral, asegurando un convivir armonioso de todos y una relación sana con la naturaleza, don de Dios. Necesitamos promover el bien de todos y asegurar que el bien público, sea garantía del respeto y cuidado de todos. Necesitamos preparar a las nuevas generaciones para que ellos sean constructores de esa anhelada tierra sin mal, y que no sean vencidos por la angustia y la ansiedad del futuro incierto de la falsa sabiduría, que ofrece pan para hoy y hambre para mañana, gozos pasajeros y dolores duraderos.
Conclusión
Hermanos y hermanas, hoy celebramos que Dios nos eligió «antes de la creación del mundo» para ser santos. La Virgen Inmaculada es la prueba de que el plan divino se cumple. Ella es la mujer pura, sabia y auténtica que nos muestra el camino.
Estamos invitados a creer y sostener esta afirmación paulina con nuestra vida. Seamos un testimonio vivo de que la mejor economía es la del Cuidado, alimentando la Nueva Sabiduría en cada elección. La tierra sin mal comienza en vos, en tu corazón, se manifiesta en tu familia, se expresa en la comunidad eclesial y en la sociedad.
Que la Inmaculada Concepción nos dé la gracia para que, al cumplir el mandato de dar de comer a nuestros hermanos, les aseguremos un futuro digno y lleno de esperanza para todos sus hijos.
Hagamos como Ella, diciendo Sí, a ese plan sabio de amor, de bondad, de verdad, de vida y plenitud, que Cristo hace posible en todos los que lo buscan con fe y sincero corazón.
Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo


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