Título de la Homilía: Caminar con el Emmanuel, Nuestra Esperanza Inquebrantable
Queridos hermanos y hermanas: Hoy, en este cuarto domingo de Adviento, nos encontramos en el umbral del Misterio. Como comunidad que peregrina en este Año Jubilar, nuestras lecturas de hoy no son solo relatos del pasado, sino un mapa para nuestro presente como Peregrinos de Esperanza.
El riesgo de confiar: De Ajaz a San José
La Palabra de Dios nos presenta hoy dos reacciones ante la crisis. Por un lado, el rey Ajaz, quien bajo una falsa apariencia de humildad, se niega a pedir un signo al Señor. Ajaz representa el corazón que se ha cerrado, el que prefiere confiar en sus propias estrategias y alianzas humanas antes que en la Providencia.
Por otro lado, contemplamos a San José, el Justo. Él también atraviesa una crisis profunda, una «noche oscura» del alma al ver el misterio que envuelve a María. Pero a diferencia de Ajaz, José escucha. En el silencio de su sueño, se abre a lo imposible. Para nosotros, como ucranianos que a menudo enfrentamos la incertidumbre y el dolor del exilio o la guerra, José es el modelo del peregrino: aquel que, aunque no comprende todo el camino, confía en quien lo guía.
La Theotokos y el Emmanuel: Dios con nosotros
El profeta Isaías nos lanzó una promesa que atraviesa los siglos: «La Virgen concebirá y dará a luz un hijo». En nuestra tradición bizantina, veneramos a la Theotokos como el arca de la nueva alianza. El nombre que hoy resuena es Emmanuel.
Este no es un simple título; es una certeza teológica y vital. «Dios con nosotros» significa que Dios no contempla nuestro sufrimiento desde la distancia de los cielos, sino que ha plantado su tienda en medio de nuestra historia. Para los fieles de Santa Olga, ser Peregrinos de Esperanza significa reconocer que, en cada paso de nuestra peregrinación, Cristo camina a nuestro lado, compartiendo nuestro cansancio y renovando nuestras fuerzas.
La pureza de corazón en el Año Jubilar
El Salmo 24 nos preguntaba: «¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor?». La respuesta es clara: «El que tiene las manos limpias y puro el corazón». En este año de gracia, la Iglesia nos invita a purificarnos, no por mérito propio, sino dejándonos alcanzar por la «gracia y la paz» que San Pablo anuncia a los Romanos.
Como descendientes de la estirpe de David según la carne, y herederos de la resurrección según el Espíritu, nuestra misión es la obediencia de la fe. Esta obediencia no es esclavitud, es la libertad de decir «sí» a Dios, como lo hizo María y como lo hizo José al despertar de su sueño.
Conclusión: Llevar a Cristo a nuestra casa
El Evangelio termina con un gesto de profunda ternura y valentía: «José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa».
Hermanos, en este cuarto domingo de Adviento, la invitación para la familia de Santa Olga es esta: lleven a María y al Niño a su casa. Lleven la esperanza del Jubileo a sus hogares, a sus trabajos y a sus oraciones por nuestra patria. Que no nos cansemos de buscar el rostro de Dios, porque Él ya ha buscado el nuestro en la fragilidad de un pesebre.
Que el Emmanuel, el Dios que salva, nos encuentre con las manos abiertas y el corazón dispuesto a seguir caminando. ¡Cristo nace, glorifiquémosle!
Fin de la homilía
Oración por la Paz y las Familias de Ucrania
Señor Jesús, Emmanuel y Príncipe de la Paz:
Hoy, ante el misterio de tu Nacimiento, nos acercamos a ti con el corazón de San José: un corazón que, aunque lleno de preguntas y temores, confía plenamente en tu Providencia. Te presentamos a nuestra amada Ucrania, una tierra que hoy camina por el valle de las sombras, pero que busca con ansia la luz de tu justicia.
Te pedimos, Señor:
• Por las familias: Al igual que la Sagrada Familia tuvo que huir para proteger la vida, protege a todas las familias ucranianas que hoy se encuentran divididas, desplazadas o bajo el fuego. Sé tú el refugio de los niños, el consuelo de las madres y la fortaleza de los ancianos.
• Por el fin de la guerra: Tú que eres el «Dios con nosotros», detén la mano del opresor y el estruendo de las armas. Que el anuncio de paz que los ángeles cantaron en Belén resuene hoy en nuestras ciudades, desde las orillas del Dnipró hasta las montañas de los Cárpatos.
• Por nuestra esperanza: Como peregrinos del Año Jubilar, no permitas que el dolor nos robe la alegría de saber que el mal no tiene la última palabra. Que la intercesión de Santa Olga y la protección de la Theotokos sostengan nuestra fe mientras esperamos el amanecer de la paz.
Señor, así como San José llevó a María a su casa, te pedimos que Tú entres hoy en cada hogar de Ucrania. Sana las heridas, enjuga las lágrimas y devuélvenos la certeza de que tu Amor es más fuerte que la muerte.
Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Amén.
Bendición Final (Rito Bizantino)
Sacerdote: El Señor esté con todos ustedes.
Fieles: Y con tu espíritu.
Sacerdote:
Que Cristo, nuestro verdadero Dios, que por nuestra salvación aceptó nacer en una cueva y ser reclinado en un pesebre; que es el Emmanuel, nuestra esperanza inquebrantable y el cumplimiento de toda profecía;
Por las oraciones de su Madre purísima, la Theotokos y siempre Virgen María; por la protección del Justo San José, custodio del Redentor; por la intercesión de la santa y digna de toda alabanza, la princesa Santa Olga, y de todos los santos:
• Les conceda la gracia de ser verdaderos Peregrinos de Esperanza en este Año Jubilar.
• Fortalezca a sus familias en Ucrania y en la diáspora con la paz que el mundo no puede dar.
• Y haga brillar sobre nosotros la luz de su rostro para que caminemos siempre en la justicia y el amor.
Por la misericordia de la Santa, Consustancial, Vivificante e Indivisible Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Fieles: Amén.
Sacerdote: ¡Cristo nace!
Fieles: ¡Glorifiquémosle! (Khrystos Razhdayetsia! – Slavite Yoho!)

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