Sobre la Nota Doctrinal Mater Populi Fidelis, de fecha 7 de octubre de 2025, publicada el 4 de noviembre de 2025, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en el pontificado de Su Santidad Papa León XIV

Ella es la Madre de Cristo, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de todos los cristianos, Madre del Pueblo Fiel.

La Virgen no se redimió a sí misma, fue inmaculada gracias a su elección para ser la Madre del Salvador.
La Virgen no dispuso la Encarnación del Verbo, pero dijo que sí y asumió su misión al servicio del Emanuel.
La Virgen no le dijo a Cristo lo que debía hacer, pero guardó en su corazón todo lo que el Hijo le quiso revelar.
La Virgen no cambió el agua en vino, pero pidió a su Hijo para que sea posible.
La Virgen no consagró el pan y el vino eucarísticos, pero compartió la mesa del Señor y la comunión como discípula fiel.
La Virgen no derramó su sangre en la cruz, pero estuvo al lado del Redentor en su muerte.
La Virgen no pidió ser la Madre de Juan y Madre de la Iglesia, pero aceptó el testamento del Señor crucificado.
La Virgen no resucitó a su Hijo, pero celebró al verlo glorioso.
La Virgen no redimió a la humanidad de sus pecados, ni concedió la gracia de que seamos hijos de Dios, pero celebró la redención con una vida santa.
La Virgen no envió el Espíritu Santo en Pentecostés, pero imploró con los Apóstoles su venida.
La Virgen no subió por sus medios al cielo, pero fue elevada por Dios para estar con su Hijo.
La Virgen no se apareció tantas veces a tantos por su propio interés y voluntad, sino siempre cumpliendo con la Palabra Divina.
La Virgen no hizo milagros con su poder, pero elevó sus plegarias al poderoso capaz de hacer milagros.

Así es Ella. No hace milagros, Ella es el milagro y es milagrosa, porque en Caacupé atrae millones junto a Ella para llevarlos a misa, a la reconciliación, a la oración y a la esperanza, a la comunión de la Iglesia en Cristo, a la vida plena en el amor y en la bienaventuranza. No necesita títulos pomposos, nunca los quiso, porque se llama a si misma la servidora, la humilde, la que escucha y da su Si, para que se siga realizando en todas partes el milagro de Dios en la vida de muchos. Sí, es la Virgencita de los milagros, que cientos y miles han vivido al volver al encuentro con Cristo, al volver a la casa de Dios.

Entonces, te espera en Caacupé, en Itapé, en Itacuá, en Tupãrenda y en todos los lugares donde los cristianos la veneramos y le expresamos nuestra devoción, llamándola Virgencita de los Milagros, Virgen de los pobres, María Auxiliadora, Madre del Perpetuo Socorro, Virgen de Fátima, Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt, Virgen del Pilar y de la Merced y de muchas otras maneras, para que le confiemos nuestras penas y súplicas y le escuchemos repetir sus sabias palabras: “Hagan lo que Él les diga” y por cierto aún sin palabras agrega: Yo los llevo a todos en mi corazón, y mi corazón es el lugar preferido de Aquel que me redimió, me consagró y me tiene a su lado para siempre.

La Nota Doctrinal Mater Populi Fidelis, aprobada por el Papa León XIV en el día de la Virgen del Rosario, 7 de octubre de 2025, y publicada el 4 de noviembre de 2025, dice esto mismo con otras palabras. La Iglesia sigue fiel y devota a la misma Madre, en quien todos, Papa, Obispos, clero, consagrados y consagradas y fieles laicos, depositamos nuestra confianza, rezándole con amor filial cada día e invocándola en las fiestas litúrgicas dedicadas a Ella y en todo tiempo.

Que hagan ruido, no pierdan la calma. Hagamos como Ella, que en el silencio contempla la verdad.

Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo

Hijo de la Virgen, porque Ella me conquistó para Cristo.

Encarnación, 5 de noviembre de 2025

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