Queridos hermanos: Hoy celebramos con toda la Iglesia, el domingo de la Palabra de Dios, una institución relativamente reciente en la Iglesia Católica, creada por el Papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, en la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio titulada Aperuit illis, frase inspirada en el pasaje de San Lucas que dice: “Entonces les abrió (aperuit) el entendimiento para comprender las Escrituras».
La fecha elegida coincide con la fiesta de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín (la Vulgata), quien famosamente dijo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo». Se fijó esta celebración para el III Domingo del Tiempo Ordinario de cada año, con un fuerte sentido ecuménico, pues se vincula con la Jornada de Oración por la Unidad de los Cristianos y de la Jornada de diálogo con los judíos. Nos une con ellos, la Palabra de Dios.
El Papa Francisco introdujo esta jornada para que la Iglesia pueda «reavivar la responsabilidad que los creyentes tienen en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva mediante un trabajo de transmisión y comprensión constante». Busca que la Palabra no sea solo un texto leído, sino un encuentro vivo con Cristo que nos une por encima de cualquier ideología. En este sentido, meditemos los textos de hoy.
1. Introducción: Diógenes y la búsqueda de la Verdad
Podemos comenzar evocando la figura de Diógenes de Sinope, quien, con una lámpara encendida al mediodía, recorría Atenas exclamando: «Busco a un hombre». Aquel gesto era un grito de auxilio y una crítica mordaz: entre la multitud, Diógenes no encontraba la esencia, la honestidad, la humanidad.
Hoy, la Palabra de Dios nos presenta una luz superior. Jesús, al establecerse en la Galilea de los paganos, no enciende una lámpara para buscar defectos, sino para ser Él mismo la Luz de las Naciones. Mientras Diógenes buscaba al hombre con el pesimismo del que duda de encontrarlo, Cristo llama a los discípulos —«los haré pescadores de hombres»— con la certeza de que el ser humano, por más hundido que esté, es rescatable para la luz.
2. La Humanidad en las Sombras: El Escondite de la Soberbia
El Evangelio nos habla de un pueblo que habitaba en tinieblas. Hoy, esas tinieblas no son geográficas, sino existenciales. ¿En qué oscuridades se esconde la humanidad? Nos refugiamos en las sombras de una pretendida grandeza que es, en realidad, una trampa de la estupidez, el egoísmo y la soberbia.
- La trampa del cinismo: Donde ya nada es verdad, donde nos burlamos de la virtud para justificar nuestra propia decadencia.
- El poder perverso y la fantasía de superioridad: Creer que somos más que el otro por el cargo, la raza o la ideología, alimentando el odio al diferente y la exclusión de quienes «no caben» en el sistema.
- El miedo y la mentira: La humanidad se esconde en la oscuridad porque tiene miedo de verse tal cual es; prefiere la falsa seguridad de sus sombras antes que la exigente claridad de la verdad. Es la «estupidez» de quien cree que escondiéndose de la luz, el problema desaparece.
La Luz que Construye desde la Verdad
Frente a estas sombras, Cristo trae una luz universal, pero profundamente humilde.
- Evidenciar para sanar: La luz de Cristo no se reserva para los «perfectos». Viene a nuestras imperfecciones no para humillarnos, sino para que veamos y nos convirtamos al verdadero amor.
- La humildad de la Verdad: A diferencia del cinismo que destruye, el discípulo está llamado a hablar con la verdad, aunque duela. Es la luz de quien no busca destruir al otro con su «verdad», sino construir con él.
- Contra los fanatismos: Esta luz de la Palabra nos libera de seguir ideologías o personalidades. No somos de Pablo ni de Apolo; somos de Cristo. La Palabra nos une en un culto agradable a Dios, que es siempre un culto en espíritu y en verdad, lejos de los fanatismos ciegos.
4. Preguntas para el examen del corazón
Como comunidad, debemos confrontarnos con esta luz:
- ¿Desde dónde estamos mirando el mundo y a los demás? ¿Miramos desde la luz o desde la oscuridad?
- ¿Nuestras opiniones y acciones nacen de la valentía del amor o desde esa aparente seguridad que nuestros miedos sostienen?
- ¿Estamos dispuestos a que la Palabra evidencie nuestras sombras para poder sanarlas, o preferimos seguir habitando en la mentira de nuestra propia suficiencia?
5. Pescadores de Luz: Una Misión de Dignidad
Finalmente, ser «pescadores de hombres» hoy significa ser hombres y mujeres que irradien la luz de la vida.
Nuestra misión en la Diócesis y en la sociedad es llevar a las orillas del mundo una red cargada de:
- Amor y Paz: Frente al conflicto constante.
- Respeto y Dignidad: Reconociendo al otro como hermano, nunca como objeto.
- Libertad Responsable: Que no es hacer lo que uno quiere, sino lo que el bien exige.
- Sinceridad, Honestidad y Justicia: Siendo reflejos de una Palabra que no defrauda.
Que este Domingo de la Palabra nos transforme en esa luz que, partiendo de nuestras propias imperfecciones reconocidas con humildad, ayude a otros a salir de sus propias cuevas hacia la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Fin de la homilía


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