Camino de tierra a las afueras del pueblo. Media tarde. Tres sendas se juntan en un cruce con una cruz de madera gastada por el sol. Ovi llega con Bit atado a una correa y un papel arrugado en la mano. Litu viene detrás, con Schrödinger en los brazos, que va de pasajero y no opina.

OVI – ¡Litu! Vamos a hacer un programa.

LITU – Ya tenemos programa. Se llama «la semana».

OVI – Un programa de formación. En tres series. Y con un nombre larguísimo: «La teología del poder y el poder de la teología».

LITU – Repetí.

OVI – La teología del poder y el poder de la teología.

LITU – Es un trabalenguas con doctorado.

OVI – Y tiene subtítulo: «El Evangelio en la encrucijada».

LITU – ¿En la qué?

OVI – En la encrucijada. Es donde se juntan los caminos.

LITU – ¿Y por qué no dice «cruce» y listo?

OVI – Buena pregunta. Seguro tiene una respuesta incómoda.

Llegan al cruce. Schrödinger salta de los brazos de Litu y se va por la senda de la izquierda sin mirar atrás. Bit tira de la correa hacia la derecha. Ovi queda en el medio, estirado como una cuerda de guitarra.

LITU – Mirá bien la palabra. Encrucijada. ¿Qué tiene adentro?

OVI – «En» y… «cruz».

LITU – Cruz. Una encrucijada es un lugar donde dos caminos se cruzan y, al cruzarse, dibujan una cruz. No es una bifurcación.

OVI -¿Y qué diferencia hay?

LITU – En una bifurcación, los dos caminos van más o menos al mismo lugar. Por la izquierda o por la derecha, igual llegás al pueblo. En una encrucijada no: lo que se cruza no va al mismo lugar, y para seguir tenés que saber quién sos y a dónde vas.

OVI – ¿Y la cruz de madera, justo ahí en el medio?

LITU – Fijate dónde la pusieron. No al costado del camino: en el cruce. Pasar por una encrucijada es pasar por la cruz.

OVI – O sea que cada vez que el Evangelio llega a una encrucijada del poder…

LITU – …llega a su cruz. Y ahí se decide si sigue siendo fiel a su forma, o se deja llevar por una lógica que no es la suya.

OVI -Qué pesado para una tarde de calor.

LITU – Por eso nos sentamos.

· · ·

Se sientan al pie de la cruz de madera. Bit, vencido por el cansancio o por el hambre, se echa también. Ovi despliega el papel.

OVI – Mirá, la pregunta del programa es esta: «¿A quién servimos?». Y arranca con el Evangelio del tributo al César. «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

LITU -¿Y vos qué entendés?

OVI – Fácil. Mitad y mitad. Una parte para cada uno y todos contentos.

LITU – ¿Y qué es del César?

OVI – Eh… los impuestos.

LITU – ¿Y qué es de Dios?

OVI – Y… todo lo demás.

LITU – Entonces el César se queda con casi nada.

OVI – Cierto. Con los impuestos nomás.

LITU – ¿Y eso no es mucho para el César?

OVI – Depende de a quién le preguntes.

Litu sonríe. Saca una moneda del bolsillo y la pone sobre la palma abierta.

LITU – Cuando le tendieron la trampa, Jesús pidió una moneda. ¿Y qué preguntó?

OVI – ¿De quién es esta imagen?

LITU – Exacto. La moneda lleva grabada la imagen del César. Pero hay otra pregunta que casi nadie hace.

OVI – ¿Cuál?

LITU – Si la moneda lleva la imagen del César… ¿qué lleva grabado una persona?

Silencio. Ovi mira la moneda, después a Bit, después a Litu.

OVI – Me estás haciendo pensar y yo vine a hacer un programa.

LITU – Entonces quizá la pregunta no sea cuánto le doy al César. Quizá sea a quién pertenezco.

OVI – Y eso es «¿a quién servimos?».

LITU – Dicho con otras palabras. Nunca resolvió la tensión con una fórmula fácil. La dejó abierta, como tarea. Para siempre.

· · ·

Ovi saca una libreta y empieza a escribir con aire de conspirador.

LITU – ¿Qué hacés?

OVI – La lista. De los malos.

LITU – ¿Qué lista?

OVI – Los que usan el nombre de Dios para sus intereses. Los poderosos que quieren una Iglesia a su medida. Los que gritan en las redes. Los que…

LITU – Ovi.

OVI – Dejame terminar, que tengo hasta los de mi propio sector.

LITU – ¿Y tu lista de héroes?

OVI – ¿Qué lista de héroes?

LITU – La que todo el que arma una lista de villanos tiene guardada en el otro bolsillo.

Ovi cierra la libreta despacio.

OVI – …Tengo una lista de héroes.

LITU – Ya lo sabía.

OVI – Pero el programa no es sobre eso, ¿verdad?

LITU – Dice, textualmente: «ni villanos ni héroes». No busca culpables ni salvadores. No cambia un villano por otro. El Evangelio juzga las obras, no las etiquetas.

OVI – Entonces, ¿para qué sirve?

LITU – Para examinar las alianzas. Empezando por las propias.

OVI – Qué incómodo.

LITU – Por eso se llama formación. Si fuera cómodo, se llamaría entretenimiento.

· · ·

Se oye una bicicleta que viene por el camino levantando polvo. Es Seba, uno de los Custodios, con la mochila a medio cerrar y la cara de quien trae algo adentro desde hace días.

SEBA – ¡Los encontré! Me dijeron en la parroquia que andaban por acá.

LITU – ¿Pasó algo?

SEBA – No sé si pasó o si todavía está pasando.

Se sienta en el suelo. Bit se acerca a olerle la mochila. Seba no lo nota.

SEBA – En el grupo del colegio nos están pidiendo que elijamos. Que todos pongamos de qué lado estamos. Si no ponés nada, te dicen que sos cómplice. Si ponés algo, los del otro grupo te dicen que sos de los otros. Y si decís que no sabés…

OVI – Te dicen tibio.

SEBA – ¿Cómo sabés?

OVI – Me lo dijeron a mí a tu edad. Y hace una semana.

LITU – ¿Y vos qué pensás, Seba?

SEBA – Que no sé. Que no tengo toda la información. Que lo que me mandaron lo armó alguien que quiere que yo piense de una manera. Pero no puedo decirlo, porque entonces quedo solo.

LITU – ¿Quién te dijo que solo hay dos opciones?

SEBA – Todos.

LITU – ¿Todos quiénes?

SEBA – Los que gritan.

LITU – ¿Y los que no gritan?

SEBA – …No sé qué piensan. No dicen nada.

OVI – Eso también es una respuesta.

LITU – Hay dilemas de verdad, Seba. Los que piden tiempo, información, conciencia. Esos no se resuelven con fórmulas. Y hay dilemas trampa, donde alguien te arma dos puertas para que no veas que hay una tercera.

SEBA – ¿Y cuál es la tercera?

LITU – No lo sé. Pero yo empezaría preguntando a quién le conviene que no la veas.

SEBA – Eso no me lo enseñaron en el colegio.

OVI – Tampoco a mí. Lo aprendí a los golpes.

LITU – Y fijate otra cosa. Callar para no tomar partido es una opción. Alinearse con un bando es otra. Y dar un portazo en contra también. Las tres tienen algo en común.

SEBA – ¿Qué?

LITU – En las tres, alguien más decidió por vos de qué se trata.

Seba se queda mirando el suelo. Después levanta la cabeza.

SEBA – ¿Y entonces qué hago?

LITU – No te lo voy a decir yo. Pero para eso vamos a hacer este programa. Para que nadie tenga que decidir a ciegas.

· · ·

Litu toma un palo del suelo y dibuja en la tierra tres líneas que salen del pie de la cruz. Ovi, sentado a su lado, anota en la libreta.

LITU – Mirá. Primer camino: conocer. Hay corrientes de otros cristianos que piensan distinto. Con ellos compartimos el Evangelio, pero no siempre la manera de entenderlo. Antes de juzgarlos, hay que conocerlos bien.

SEBA – ¿Para qué?

LITU – Para no inventarles un disfraz de malos. Eso es lo que hacen los que gritan.

Dibuja el segundo camino.

LITU – Segundo camino: ver qué hace el poder con la fe. Y qué hace la fe cuando se deja usar por el poder. Ahí aparece la moneda: dos caras de la misma moneda, y una tercera cara distinta que casi nadie mira.

SEBA – ¿Por qué una moneda?

OVI – Porque el poder siempre quiere acuñar su imagen sobre algo. Y la fe puede ser ese algo si no tiene cuidado.

Dibuja el tercero.

LITU – Tercer camino: lo que nos toca a nosotros. Cómo se relaciona la Iglesia con el Estado, qué pasa con un caso concreto, y con quién hacemos alianza. Y cómo saber si una voz que me pide confianza se parece a la del Buen Pastor.

SEBA – ¿Y cuál de los tres caminos es el correcto?

LITU – Los tres. En orden. Es un solo recorrido, no una elección.

SEBA – Entonces esto no es una bifurcación.

OVI – Me lo explicó mejor que vos, Litu.

LITU – Vos dijiste «una respuesta incómoda». Fue la mejor definición.

· · ·

Seba saca de la mochila una chipa envuelta en servilleta. Bit se levanta como si hubiera sonado una campana. En tres pasos está sentado en el centro exacto del cruce, mirando la chipa con una fe que ningún otro de los presentes ha mostrado jamás.

OVI – Mirá a Bit.

LITU – Ya lo vi.

OVI – Él sí que no tiene duda a quién sirve.

SEBA – A mí.

OVI – A quien tenga la chipa.

Seba reparte la chipa en cuatro. Schrödinger aparece de la nada, sentado también en medio del cruce, con aire de no haberse movido nunca.

SEBA – ¿Y él, a quién sirve?

LITU – Preguntale.

SEBA – Schrödinger, ¿a quién servís?

El gato lo mira con enorme dignidad. No dice nada. Se limpia una pata.

OVI – Sirve a los dos y a ninguno, hasta que alguien lo mire.

LITU – Es lo más honesto que escuché en todo el día.

· · ·

El sol baja. Las tres sendas tienen la misma sombra de la cruz de madera. Seba se levanta y se sacude las migas. Hay un silencio largo, de esos que Litu sabe dejar.

LITU – Hay una frase del Evangelio que no se pasa de moda. «Nadie puede servir a dos señores. No pueden servir a Dios y al Dinero».

OVI – Hoy los señores tienen otros nombres.

LITU – Sí. El dinero. El poder político. La tecnología. La causa que nos parece justa. Cambian los nombres, pero la disyuntiva es la misma.

SEBA – ¿Cuál?

LITU – A quién le pertenece, en última instancia, nuestra lealtad.

Nadie dice nada. Bit termina su pedazo de chipa y se echa en el centro del cruce. Schrödinger lo imita a medias.

OVI -Entonces, ¿a quién servimos?

LITU – Esa es la pregunta del programa. Y la del camino. Y no te la voy a contestar yo.

SEBA – ¿Entonces quién?

LITU – Vos. Después de recorrer los tres caminos. Y con los ojos abiertos.

Los tres se levantan despacio. Ovi guarda el papel arrugado. Caminan juntos de vuelta al pueblo, sin apuro, con Bit y Schrödinger en el medio de la senda, que por primera vez van en la misma dirección.

OVI – Caesaris Caesari.

LITU – Dei Deo.

SEBA – ¿Y eso qué es?

OVI – Lo que dice la moneda. Después te explico.

Atrás queda la cruz de madera, con las tres sendas dibujadas en la tierra.

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