Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.

Introducción ❆

Antes que el tiempo fuera, había amor,

con rostro de madre, de Dios corazón,

que sufre el momento de parir el don,

expectante vigilia de ese dolor,

del grito naciente, hora divina,

que a todo hombre su faz ilumina.

PARTE I — Del principio al umbral

I.

Llamó a Eva viviente, el Dios creador,

aunque dar la vida le cause dolor.

Sara, la anciana, esperó con paciencia,

Dios la bendijo con su descendencia.

II.

Agar, desolada, a Dios nombre dio:

Es cierto, “Tú eres el Dios que me ve”,

la lucha en su vientre a Rebeca movió,

en su desconcierto fue alivio su fe.

III.

Raquel fue la madre de aquel que salvó,

las tribus que Lea por don concibió.

Y Miriam, que al mismo Moisés protegió,

cruzó a pie enjuto y el pandero tocó.

IV.

Fue Débora, jueza, madre en Israel,

su canto en batalla libró al pueblo fiel.

Rut a su suegra Noe mí rescató,

amó a su pueblo y su Dios escogió.

V.

Ana en el templo a Dios le suplicó,

su canto es el hijo que a Dios consagró.

Un astro brillante fue la Reina Ester,

no temió a la muerte, valiente, mujer.

VI.

Judit, una frágil mujer, enfrentó,

al poder engreído y lo humilló.

La vejez de Isabel fue la frontera,

que Dios en su hijo mudó en bandera.

VII.

¿Puede olvidar la madre a su criatura?

Su llanto es la música verdadera,

notas celestes, sacra partitura.

No puede, dice Dios, aunque pudiera.

Corona — María ❆

Hágase, dijo, y se hizo escritura,

el Verbo divino que se hizo presente,

guardó la espada que le abrió la vida,

Mujer, tu hijo, en Cruz, la voz herida,

Ahí tu madre, nos entregó consciente,

ese vientre que lo amó con premura.

Antífona ❆

Canta en nosotros, Espíritu de amor,

el salmo materno del seno de Dios.

PARTE II — De los Apóstoles hasta hoy

I.

Por los zebedeos, Salomé, pidió,

pero fue ella quien primero bebió.

La de Cleofás a la grey anunció,

que Cristo está vivo, que resucitó.

II.

Perpetua en prisión dio el pecho a su infante,

Felicidad allí a su hijo alumbró,

en la cárcel se oyó un himno vibrante,

martirio materno, la vida triunfó.

III.

Fue Helena quien encontró la santa cruz,

mujer augusta, peregrina en su luz.

Mónica lloró su cruz con coraje,

su hijo converso es hoy su homenaje.

IV.

Emelia les dio el pan de la Escritura,

a sus cuatro hijos, hoy santos, sin duda.

Margarita lavó pies con ternura,

reyes, mendigos, bendicen su ayuda.

V.

De gris franciscano bajó al hospital,

Isabel, la reina, que llagas lavó.

Penitente y fiel, profeta al final,

Brígida muy firme al papado clamó.

VI.

Zélie sembró lo que Luís cosechó,

Historia de un alma en Lisieux brotó.

Gianna, a su Pietro muy firme indicó,

primero mi hija, y su vida salvó.

VII.

Ellas crían, hijos que nadie trunca,

las que oran solas, cuando nadie escucha,

ninguna suelta su hijo en la lucha,

pasan sus nombres, mas su voto nunca.

Corona — La Iglesia Madre ❆

Madre es la Iglesia, esposa divina,

engendra en agua, nutre en pan partido,

de su pecho, cual pelícano herido,

da su sangre vida eterna y genuina.

¡Ven! Llama la gracia de Jerusalén,

bajo sus alas cada madre es Belén.

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.

Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

Encarnación, mayo de 2026

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