Mensaje del Obispo diocesano

LECTURA BÍBLICA ✦

Juan 20, 19-21

Al anochecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos por miedo, llegó Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, yo también los envío a ustedes.»

Palabra de Dios.

MENSAJE ✦

La paz esté con ustedes.

Con estas palabras, el Resucitado no ofrece un deseo amable. Ofrece una realidad que él mismo trae consigo, ganada a través de la cruz. Una paz que tiene marcas: las heridas en las manos y en el costado. Una paz que no ignora el dolor, sino que lo atraviesa y lo transforma.

Hoy, al conmemorar el nacimiento de nuestra patria y al honrar a nuestras madres, recibimos ese mismo saludo. Y como aquellos discípulos encerrados por el miedo, estamos invitados a abrir las puertas.

Paraguay cumple 215 años de vida independiente. Es tiempo de gratitud, sí. Pero también de lucidez. Los obispos paraguayos, en la Carta del Bien Común, nos recuerdan que la patria no se hereda pasivamente: se construye cada día en la justicia, en la solidaridad, en la honestidad de quienes tienen responsabilidades públicas y en la dignidad de quienes trabajan, crían hijos y sostienen la vida cotidiana. El bien común no es una abstracción. Es el pan en la mesa, la educación que abre futuros, la salud que protege a los más frágiles, la institucionalidad que hace posible la convivencia.

El Papa León XIV, desde el inicio de su pontificado, nos llama a diseñar nuevos mapas de esperanza. No mapas que copien los trazados del miedo o del poder acumulado, sino mapas trazados desde las periferias, desde los que cargan con lo que otros no quieren cargar. Hay una figura evangélica que nos ilumina este año como Iglesia diocesana: el Cireneo. Simón de Cirene no eligió cargar la cruz. Lo sacaron del camino, lo pusieron ahí. Y sin embargo, ese gesto —cargar el peso de otro— lo inscribió para siempre en el corazón del Evangelio. En este año celebramos también los 800 años de Francisco de Asís, que nos convoca a esa lógica diferente del hombro puesto: la del que no huye del momento difícil, sino que lo asume como lugar de encuentro con el Señor, que lleva paz, perdón, reconciliación, servicio, presencia, amistad, solidaridad donde se necesita.

Esa es la responsabilidad del momento presente: no como carga que aplasta, sino como fundamento de la esperanza. El Paraguay que queremos no vendrá de las alturas del poder ni de las ilusiones del escapismo. Vendrá de los que se quedan, de los que trabajan, de los que educan, de los que sirven, de los que —como tantas madres— sostienen la vida sin pedir reconocimiento.

Que el Señor Resucitado, que trae la paz con las marcas de su entrega, nos fortalezca en ese camino.

ORACIÓN ✦

Señor Jesús, Resucitado y vivo,

te presentamos esta mañana a nuestra patria, Paraguay.

Gracias por los hombres y mujeres que dieron su vida para que pudiéramos ser un pueblo libre.

Bendice a quienes hoy tienen en sus manos la responsabilidad de gobernar, de legislar, de administrar justicia: que el bien común sea siempre su norte.

Bendice a las fuerzas que cuidan el orden y la paz, a las instituciones educativas que forman las nuevas generaciones, a todos los servidores públicos que trabajan con honestidad.

Hoy, especialmente, te pedimos por nuestras madres.

Por las que crían con amor y con poco.

Por las que lloran en silencio la ausencia de un hijo.

Por las que ya no están, pero cuya ternura nos sigue sosteniendo.

Por las madres jóvenes que cargan una vida nueva con valentía.

Dales fortaleza, consuelo y la certeza de que su amor no se pierde: toca la eternidad.

Que la paz que tú traes —la paz que tiene marcas y que transforma— sea el horizonte de nuestro Paraguay.

Amén.

BENDICIÓN ✦

Inclinen sus cabezas ante el Señor.

El Dios de la vida, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos, bendiga a nuestra juventud: que crezcan libres, valientes y arraigados en lo verdadero.

Bendiga a nuestras familias: que sean hogares donde se aprende a amar, a perdonar y a esperar.

Bendiga a esta patria querida, Paraguay: que seamos un pueblo capaz de cargar juntos lo que ninguno puede cargar solo.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✝ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.

Encarnación, 15 de mayo de 2026.

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara, P. Sch.

Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

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