
JORNADA 1
DE LA VOCACIÓN CRISTIANA
“Francisco, ve y repara mi casa, que como ves está en ruinas.”
San Damián · c. 1205
Oración de la Sandalia
Señor Jesús, tú que caminaste los caminos de Galilea con los pies en el polvo y el corazón en el Padre, tú que te detuviste ante el ciego, ante el leproso, ante la mujer que lloraba, ante el niño que nadie miraba — míranos a nosotros.
Francisco se quitó las sandalias y salió descalzo a seguirte. No porque el calzado fuera malo, sino porque quería sentir la tierra como tú la sentiste, caminar cerca del suelo como tú caminaste cerca de los pobres.
Nosotros no pedimos sus llagas. Pedimos su mirada. Pedimos su corazón libre. Pedimos sus pies dispuestos.
Toma, Señor, nuestras sandalias — nuestros planes, nuestras seguridades, nuestros caminos ya trazados — y ponlas donde tú quieras. Que caminemos donde tú caminas. Que nos detengamos donde tú te detienes. Que lleguemos a quienes tú nos envías.
Y que al final del camino podamos decir con Francisco: He hecho lo que era mío hacer.
¡Paz y bien!
INTRODUCCIÓN
Por qué este novenario
En el año 2026, la Iglesia universal celebra el VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís. Ochocientos años desde que ese hombre pequeño y descalzo murió cantando en la Porciúncula, sobre la tierra desnuda, habiendo vivido veinte años de seguimiento radical de Cristo.
La Iglesia en Paraguay celebra ese centenario con el proyecto pastoral La Sandalia de Francisco — Siguiendo sus huellas. Una reliquia ex cineribus corporis del Seráfico Padre peregrina por todas las diócesis del país. Este novenario es la preparación espiritual para recibirla — y una invitación a caminar con Francisco, a mirar nuestra tierra paraguaya a través de sus ojos.
Cómo está construido
Diez jornadas — nueve y una coronación. Cada una tiene la misma arquitectura en siete momentos: La Sandalia (una escena de la vida de Francisco), La Palabra (Evangelio), El Bien Común (dimensión social), La Reflexión, El Silencio (un minuto real), La Oración y El Cierre con un gesto concreto.
Para quién
Para todos. No requiere formación teológica, sino disposición: un corazón abierto, una vida honesta, y la voluntad de dejarse sorprender por el Evangelio.
Una advertencia
Francisco no es una figura del pasado. Es un contemporáneo. Sus preguntas son las nuestras. No se trata de admirarlo desde lejos. Se trata de ponerse sus sandalias y caminar.
¡Paz y bien!
JORNADA 1 — DE LA VOCACIÓN CRISTIANA
El llamado de San Damián
Apertura
El animador enciende una vela o coloca una sandalia frente a la imagen de Francisco.
Francisco caminó descalzo por amor a Cristo. Nosotros seguimos sus huellas.
Pueblo: ¡Paz y bien!
I — La Sandalia
Era un joven de veinte años que tenía todo. Ropa fina, amigos, fiestas, sueños de gloria militar. Francesco Bernardone era el hijo del comerciante más próspero de Asís, y el mundo le sonreía.
Pero algo empezó a quebrarse por dentro. Una guerra perdida, una enfermedad larga, el ruido vacío de las fiestas que ya no llenaban nada. Francisco comenzó a salir solo, a caminar por los campos, a buscar en el silencio lo que el ruido no le daba.
Un día entró en la pequeña capilla en ruinas de San Damián. Se arrodilló ante el crucifijo. Y el crucifijo le habló:
“Francisco, ve y repara mi casa, que como ves está en ruinas.”
No lo entendió del todo. Pensó que se trataba de piedras y paredes. Empezó a cargar piedras con sus manos. Pero poco a poco fue comprendiendo que la casa que había que reparar era mucho más grande. Era la Iglesia. Era su propia vida. Era el mundo.
Esa voz que lo llamó desde la cruz es la misma que resuena hoy en cada corazón que busca con honestidad.
II — La Palabra
Evangelio según San Marcos 1, 16-18:
Al pasar junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés echando las redes, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y los haré pescadores de hombres.” Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
Pueblo: Palabra de Dios. — ¡Gloria a ti, Señor Jesús!
III — El Bien Común
Francisco reparó una capilla con sus manos. Pero la casa que Dios quería reparar era mucho más grande.
Nosotros también tenemos una casa que reparar juntos: la educación que no llega a todos, la salud que no alcanza para los pobres, la justicia que se compra, la política que se corrompe. Esa casa rota es la Casa Común — y nadie la repara solo.
El bien común no es caridad. Es justicia. Francisco lo entendió cuando abrazó al leproso: no le dio limosna, le devolvió la dignidad.
¿Qué parte de esa casa nos toca reparar a nosotros, aquí, en el Paraguay de hoy?
IV — La Reflexión
Francisco no buscaba ser santo. Buscaba sentido. Y lo encontró donde menos lo esperaba: en una capilla rota, ante una imagen descascarada, en el silencio de un mediodía cualquiera.
El Evangelio nos muestra a Simón y Andrés haciendo lo de siempre — echando redes, ganándose el pan — cuando de pronto algo los interrumpe. Una voz. Una mirada. Y todo cambia.
Eso es la vocación cristiana: no un plan de vida trazado desde arriba, sino una interrupción amorosa. Un momento en que Alguien nos llama por nuestro nombre y nosotros, sin entender del todo por qué, soltamos las redes y seguimos.
En Paraguay, cada uno de nosotros ha recibido ese llamado. La pregunta no es si Dios llama. La pregunta es si estamos escuchando. Y si escuchamos: ¿qué casa estamos llamados a reparar?
V — El Silencio
Un momento de silencio para dejar que la Palabra haga su camino. (Silencio de un minuto.)
VI — La Oración
Señor Jesús, tú llamaste a Francisco desde una cruz en ruinas y él no huyó de tu mirada. Gracias porque también a nosotros nos llamas, en medio de nuestra vida ordinaria, de nuestra tierra paraguaya, de nuestras propias ruinas. Danos oídos para escuchar tu voz. Danos valentía para soltar lo que nos ata. Danos manos para reparar lo que está roto en nuestra familia, en nuestra comunidad, en la educación, en la salud, en la justicia de nuestro país. Como Francisco, queremos responderte:
Pueblo: Aquí estoy, Señor. Envíame a mí.
VII — El Cierre
| Gesto del día: Hoy, busca un momento de silencio — aunque sean cinco minutos. Apaga el teléfono, siéntate, y pregúntate: ¿qué está llamando Dios a reparar en mi vida? ¿Y qué parte de la Casa Común me toca a mí? |
Pueblo: San Francisco, ruega por nosotros.
(Cántico franciscano.)


Deja un comentario