De la Reforma del siglo XVI a su llegada y expansión en Paraguay y América Latina
PRIMERA SERIE: Algunas corrientes del evangelicalismo contemporáneo
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación
TIEMPO DE LECTURA: 8 minutos
Antes de distinguir corrientes teológicas particulares —que es lo que haremos en los próximos artículos—, conviene detenernos en algo más sencillo y más necesario: ¿de dónde viene la familia evangélica? ¿Cuáles son sus raíces, sus ramas principales, y cómo llegó a tener la presencia que hoy tiene en Paraguay y en toda América Latina? Sin este panorama, las diferencias doctrinales que vendrán después pueden parecer arbitrarias o exóticas. Con él, se entienden como lo que son: el desarrollo histórico de una familia cristiana amplia, con una historia real, intereses legítimos, y también —como toda historia humana— intersecciones con la política que merecen ser conocidas.
I. El tronco común: la Reforma del siglo XVI
La palabra «evangélico» (del griego evangelion, buena noticia) fue, originalmente, sencillamente otro nombre para «protestante»: los movimientos de reforma eclesial que se separaron de Roma en el siglo XVI, afirmando la autoridad final de la Escritura (sola Scriptura) y la justificación por la fe (sola fide). De este tronco común surgieron varias ramas que hoy, cinco siglos después, siguen distinguibles:
- Luteranismo (Martín Lutero, Alemania, 1517): el origen mismo de la Reforma.
- Tradición reformada o calvinista (Juan Calvino, Ginebra; también Zuinglio en Zúrich): daría origen a los presbiterianos y a buena parte de la tradición puritana inglesa y norteamericana.
- Anglicanismo (Inglaterra, 1534): una ruptura de origen tanto doctrinal como político (el cisma de Enrique VIII), que daría origen más tarde al metodismo.
- Anabautismo (Suiza y centroeuropa, década de 1520): la rama más radical, que rechazó el bautismo de niños y la unión de Iglesia y Estado; de ella descienden hoy los menonitas, presentes en el Chaco paraguayo.
De estas ramas madre surgieron, entre los siglos XVIII y XX, nuevas corrientes que hoy son las más numerosas en nuestro continente:
- El metodismo (John Wesley, Inglaterra, siglo XVIII), nacido dentro del anglicanismo como movimiento de renovación espiritual.
- Los bautistas (origen en el puritanismo inglés y holandés, siglo XVII), que insisten en el bautismo solo de adultos creyentes y en la autonomía de cada congregación.
- Los movimientos de santidad (holiness, siglo XIX, Estados Unidos), que enfatizaron la experiencia de una segunda obra de gracia posterior a la conversión.
- Y, de estos últimos, el pentecostalismo (Topeka y Los Ángeles, 1901-1906), que añadió el énfasis en los dones del Espíritu Santo —lenguas, sanidad, profecía— y que hoy es, con mucho, la rama evangélica de mayor crecimiento en América Latina.
Es importante decir con claridad: esta diversidad no es, en sí misma, un problema ni una amenaza. Es el fruto normal de cinco siglos de historia eclesial fuera de la comunión con Roma. Muchos hermanos evangélicos viven su fe con sinceridad, austeridad y celo misionero genuinos, y comparten con nosotros el Credo, la fe en la divinidad de Cristo y las Escrituras como Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II nos enseña a reconocer esto con gratitud (Unitatis Redintegratio), incluso mientras sostenemos con igual claridad nuestras diferencias doctrinales.
II. La llegada a Paraguay: una historia de más de siglo y medio
La presencia evangélica en Paraguay no es un fenómeno reciente. Tiene una historia larga, concreta y bien documentada:
- 1856-1886: los primeros colportores de la Sociedad Bíblica Americana recorren el país distribuyendo Escrituras.
- 1886: llegan los primeros misioneros metodistas.
- 1889: la Iglesia Anglicana, a través de la misión de W. Barbrooke Grubb, inicia su trabajo entre los pueblos indígenas del Chaco.
- 1893: llegan los luteranos.
- 1900: los adventistas del séptimo día.
- 1917 y 1927: dos oleadas de inmigración menonita —herederos directos de aquella rama anabautista que vimos nacer en el siglo XVI como la más radical de la Reforma— llegan provenientes de Canadá, Ucrania, Estados Unidos, Alemania y México, y se asientan en el Chaco central. Los convocó la misma razón que llevó a sus antepasados a desplazarse una y otra vez por Europa y América desde el siglo XVI: la búsqueda de libertad religiosa y la objeción al servicio militar, convicciones que les vienen de aquel rechazo original al poder temporal como autoridad sobre la conciencia. El Congreso paraguayo les reconoció por ley esas condiciones. Hoy suman unas 35.000 personas y han desarrollado allí colonias agrícolas prósperas.
- 1919-1920: se organizan formalmente las primeras congregaciones bautistas.
- 1932-1935: la Guerra del Chaco interrumpe buena parte de la actividad misionera.
- 1956: se constituye la Convención Evangélica Bautista del Paraguay como entidad nacional.
De ahí en más, el crecimiento —especialmente pentecostal y neopentecostal— se acelera en todo el país, hasta la presencia pública, numerosa y organizada que hoy conocemos, y que ha motivado iniciativas como el proyecto de ley, ya aprobado por ambas cámaras, del Día Nacional de la Iglesia Evangélica.
Nada de esta historia es, en sí misma, motivo de alarma. Es la historia de comunidades que llegaron, se asentaron, y con el tiempo echaron raíces profundas en el tejido social paraguayo —muchas veces con un testimonio de honestidad, trabajo y fe que merece nuestro respeto.
III. Un capítulo distinto: la expansión ligada a la política exterior de Estados Unidos
Pero hay un segundo capítulo de esta historia, más reciente y de naturaleza distinta, que como pastores no podemos omitir si queremos que los fieles comprendan el panorama completo: la expansión del evangelicalismo —particularmente de sus corrientes más conservadoras y politizadas— no ocurrió en América Latina de manera aislada de la política internacional. Ocurrió, en buena medida, en conexión con ella.
La estrategia estadounidense hacia América Latina durante la Guerra Fría no fue un episodio aislado, sino una aplicación más de un principio mucho más antiguo de la política exterior de ese país hacia el continente: la Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por el presidente James Monroe, que estableció que las potencias europeas no debían intervenir ni colonizar territorios del hemisferio occidental, a la vez que reservaba a Estados Unidos un papel de influencia preponderante sobre la región. A lo largo de dos siglos, esa doctrina se ha reinterpretado y aplicado de maneras muy diversas —desde la no intervención original hasta el intervencionismo directo de buena parte del siglo XX—, y la promoción de misiones protestantes como contrapeso a la Teología de la Liberación en los años sesenta y setenta fue una expresión más, de carácter religioso-cultural, de ese mismo principio de influencia hemisférica.
Durante la Guerra Fría, sectores del Gobierno de Estados Unidos vieron en las iglesias protestantes evangélicas un instrumento útil frente a dos fenómenos que les preocupaban: el avance del comunismo, y —ya en los años sesenta y setenta— el avance de la Teología de la Liberación dentro de la propia Iglesia católica latinoamericana. Es conocido, por ejemplo, un memorando de 1969 preparado para el entonces presidente Richard Nixon, en el que se advertía que la Iglesia católica ya no podía considerarse un aliado automático y confiable de los intereses estadounidenses en la región, y se sugería promover alternativas religiosas más afines. En las décadas siguientes, numerosas organizaciones misioneras, think tanks y fundaciones —algunas abiertamente religiosas, otras con fines más políticos— impulsaron de manera activa y financiada el crecimiento evangélico conservador en el continente, en países como Guatemala, Brasil, Costa Rica y Honduras, entre otros, con resultados que en algunos casos llegaron hasta la propia presidencia de la nación.
Decir esto no es afirmar que todo pastor, toda congregación o todo fiel evangélico paraguayo sea parte de una estrategia geopolítica extranjera. Sería tan injusto como afirmar que todo católico es agente del Vaticano. La inmensa mayoría de los evangélicos paraguayos vive su fe genuinamente, al margen de cualquier cálculo político. Pero sí es necesario que los fieles católicos conozcan que, dentro de esa familia amplia y diversa, existen también corrientes específicas —el dominionismo, la Nueva Reforma Apostólica, ciertas formas del sionismo cristiano— que sí nacieron o se fortalecieron con un proyecto explícito de poder político, muchas veces de origen e inspiración norteamericana, y que hoy tienen expresiones activas también en Paraguay. De estas corrientes trataremos específicamente en los artículos que siguen.
Vale la pena que los fieles sepan, además, que esta lógica no pertenece solo al pasado. La actual Administración de Estados Unidos ha revivido explícitamente la Doctrina Monroe como pilar de su estrategia de seguridad nacional —lo que diversos medios y analistas han llamado informalmente la «Doctrina Donroe»—, invocándola este mismo año para justificar una postura más activa en el hemisferio frente a la influencia china, rusa e iraní, incluyendo una incursión militar en Venezuela en enero de 2026 (The Objective; Escenario Mundial; CNN en Español). No corresponde a esta serie pronunciarse sobre la política exterior de ningún Estado, que es materia prudencial y opinable; pero sí corresponde señalar, con la misma honestidad con que narramos el episodio de los años sesenta, que la pregunta sobre qué papel juega la influencia religiosa dentro de una estrategia geopolítica más amplia hacia nuestro continente sigue siendo, hoy, una pregunta vigente y no solo histórica.
Conclusión de este panorama
La familia evangélica es, entonces, una familia cristiana real, con una historia de más de cinco siglos a nivel mundial y de más de siglo y medio en nuestro país. Reconocer esa historia con honestidad —sus raíces reformadoras legítimas, su arraigo genuino en Paraguay, y también su capítulo más reciente de politización ligada a intereses extranjeros— es el primer paso para entender, con la serenidad que exige el Evangelio y no con la sospecha fácil, las corrientes específicas que examinaremos a continuación, comenzando por la más antigua y menos politizada de todas: el premilenialismo dispensacionalista clásico, de vocación explícitamente apolítica.
Para profundizar
- Justo L. González, La Era de los Reformadores (Historia del Pensamiento Cristiano, vol. 7) — panorama estándar de las ramas de la Reforma.
- Jean-Pierre Bastian, Historia del protestantismo en América Latina (México: CUPSA, 1990) — referencia académica clásica sobre la expansión protestante en el continente.
- Comité Evangélico Bautista del Paraguay, «Historia» (cebp.org.py) — cronología del protestantismo paraguayo.
- «Menonitas en Paraguay» (Evangélico Digital) — historia de la inmigración menonita al Chaco.
- «Doctrina Monroe» y su reactivación 2026 (The Objective; Escenario Mundial).



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