La tierra, la promesa y la política: lo que la fe enseña y lo que es legítimamente opinable
PRIMERA SERIE: Algunas corrientes del evangelicalismo contemporáneo
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación
TIEMPO DE LECTURA: 7 minutos
De las corrientes que hemos visto hasta ahora, el sionismo cristiano es, en cierto sentido, una de las más antiguas en su raíz —la esperanza en el regreso de los judíos a su tierra precede al siglo XIX—, se consolidó en el dispensacionalismo del artículo 2 y es a la vez una de las más influyentes hoy en la política internacional, particularmente en Estados Unidos. Conviene tratarla con el mismo cuidado con que trataremos, más adelante, cualquier tema que roce la política internacional: distinguiendo con toda claridad una cuestión histórico-política legítima de una interpretación teológica discutible.
I. Qué es: la restauración de Israel como señal profética
El sionismo cristiano sostiene que el regreso del pueblo judío a la tierra de Israel y la fundación del Estado de Israel en 1948 son el cumplimiento literal de las promesas y profecías del Antiguo Testamento sobre la restauración de Israel (por ejemplo, Ez 36-37, o las promesas a Abraham en Gn 12 y 15), y que por tanto ese acontecimiento histórico tiene un significado directamente escatológico: sería una de las señales que anuncian el regreso de Cristo. De esta lectura se deriva una consecuencia práctica muy concreta: el apoyo político, económico y diplomático incondicional al Estado de Israel se entiende, para muchos de sus sostenedores, como un deber religioso —apoyado en la promesa hecha a Abraham: «Bendeciré a los que te bendigan, y a quien te maldiga, maldeciré» (Gn 12,3)—, no solo como una posición geopolítica entre otras.
Esta lectura se apoya en lo que vimos en el artículo 2: la lectura literal de la profecía y la distinción entre Israel y la Iglesia (esta, entendida como el conjunto de los creyentes en Cristo, no como institución). Si Israel y la Iglesia son dos pueblos con planes distintos, y si las promesas hechas a Israel —incluida la tierra— deben cumplirse al pie de la letra, lo que ocurre hoy con el Estado de Israel deja de ser un asunto político más y pasa a ser un acontecimiento del plan de Dios. En su versión más popular, como la de Tim LaHaye, el esquema incluye además la expectativa de un templo reconstruido en Jerusalén. No todos los dispensacionalistas sostienen esto con la misma intensidad —las versiones revisada y progresiva moderan la distinción—, pero es el marco que sustenta el apoyo religioso a Israel.
Conviene precisar que sionismo cristiano y dispensacionalismo no son lo mismo. La esperanza cristiana en el regreso de los judíos a Palestina —el «restauracionismo»— es anterior a Darby: aparece en el protestantismo desde el siglo XVII, con autores como Thomas Brightman (†1607) y Henry Finch (1621), y la sostuvieron también cristianos que no eran dispensacionalistas. El propio Darby se opuso a la agitación política en su favor; la unión con el dispensacionalismo se consolidó después, con figuras como Blackstone y la difusión de la Biblia de Scofield. Hoy, además, el sionismo cristiano es abrazado con frecuencia por dirigentes de movimientos de escatología distinta, como la NAR (art. 4), que enseña una «escatología victoriosa» y no la dispensacionalista. Aun así, el dispensacionalismo sigue siendo su vía de transmisión más influyente.
II. Una distinción que hay que hacer con mucho cuidado
Aquí es indispensable separar dos planos que con frecuencia se mezclan, y que nosotros, como católicos, debemos mantener siempre distintos:
- El plano histórico-político: la existencia del Estado de Israel, nacido en 1948 tras siglos de persecución del pueblo judío que culminaron en la Shoá, es un hecho histórico reconocido por la comunidad internacional y por la Santa Sede, que mantiene relaciones diplomáticas plenas con Israel desde 1994 (tras el Acuerdo Fundamental de 1993). Las cuestiones de política internacional relativas a Israel y a la región —fronteras, seguridad, el conflicto con los palestinos— son materias complejas, legítimamente debatidas, sobre las que la Iglesia no toma partido político unilateral, y sobre las que existen posiciones diversas y respetables. Aun así, la Iglesia no es indiferente: la Santa Sede reconoció al Estado de Israel (Acuerdo Fundamental de 1993) y al de Palestina (Acuerdo Global de 2015), considera los dos Estados la única vía practicable y equitativa hacia una paz justa, pide un estatuto garantizado internacionalmente para Jerusalén, condena el terrorismo y exige respetar la vida y la dignidad de todos los civiles, sin distinción de pueblo ni de religión.
- El plano teológico: lo que sí es propio de nuestra fe examinar es si el acontecimiento político de 1948 debe leerse como cumplimiento directo y literal de las profecías bíblicas de restauración, en el sentido que le da el dispensacionalismo. Y aquí la tradición católica es prudente: lee las promesas a la luz de Cristo y no ha dado una valoración teológica de 1948 como cumplimiento profético.
III. Lo que enseña San Pablo: la promesa universalizada
En la Carta a los Romanos, Pablo explica que la promesa hecha a Abraham «de ser heredero del mundo no le fue dada \[…\] en virtud de la Ley, sino en virtud de la justicia de la fe» (Rom 4,13), y que por tanto esa promesa se extiende «no solo al que es de la Ley \[el pueblo judío\], sino también al que es de la fe de Abraham» (Rom 4,16): es decir, a todos los que creen, judíos y gentiles. Pablo muestra así que la promesa hecha a Abraham alcanza también a los que creen de entre las naciones, sin retirar nada a Israel: «los dones y la llamada de Dios son irrevocables» (Rom 11,29). La alianza de Dios con el pueblo judío es irrevocable (Nota Un camino de esperanza, 2026, n. 13). En esa línea, la Iglesia invita a comprender el vínculo religioso del pueblo judío con la tierra de sus padres, que hunde sus raíces en la tradición bíblica, «sin hacer suya, sin embargo, ninguna interpretación religiosa particular de esta relación», y pide considerar la existencia del Estado de Israel y sus opciones políticas «no en una perspectiva que sea en sí misma religiosa, sino en referencia a los principios comunes del derecho internacional» (Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, Notas, 1985, n. 33). Por eso no convierte un acontecimiento político contemporáneo en clave de lectura escatológica obligatoria, como hace el dispensacionalismo.
IV. Por qué la Iglesia católica no suscribe esta lectura
1. No leemos la Escritura de modo literalista-futurista. Como vimos en el artículo 2, el dispensacionalismo lee la profecía de manera literal y futurista; la Iglesia, en cambio, interpreta las profecías del Antiguo Testamento a la luz de su cumplimiento en Cristo (la lectura «cristológica» de la Escritura), no como un calendario de acontecimientos políticos por verificar en el siglo XX o XXI.
2. Evitamos condicionar la fe a la política internacional. Convertir el apoyo a la política de un Estado determinado en un deber religioso de fe —cualquiera sea ese Estado— confunde el plano de la fe con el plano prudencial de la política internacional, que corresponde al discernimiento informado de cada persona y de cada nación, no a un mandato bíblico directo.
3. Defendemos la dignidad igual de todos los pueblos de la región. Precisamente porque no leemos el conflicto de Oriente Medio en clave de cumplimiento profético que favorecería a una parte sobre la otra, la Iglesia puede sostener con coherencia su preocupación constante tanto por la seguridad del pueblo judío como por la justicia y la dignidad del pueblo palestino, cristiano y musulmán. No es un detalle: en esa tierra viven cristianos que pertenecen a la misma Iglesia que nosotros, y una teología que los vuelve invisibles o los considera obstáculo del plan de Dios les hace un daño real.
V. Una nota final
Ser crítico del sionismo cristiano como marco teológico no equivale, de ningún modo, a poner en duda la legitimidad del Estado de Israel ni a minimizar el antisemitismo, que la Iglesia ha condenado y sigue condenando sin ambigüedad. Tampoco es antisemita, por sí misma, la crítica a una política concreta del Gobierno de Israel, ni defender la dignidad del pueblo palestino equivale a justificar la violencia contra nadie. La Iglesia condena toda forma de terrorismo y todo ataque contra civiles, vengan de donde vengan. Lo que esta serie busca es, una vez más, la misma distinción de fondo que atraviesa todos estos artículos: separar lo que es legítimamente político y opinable de lo que, presentado como mandato de fe, deja de serlo.
Para profundizar
- Stephen Sizer, Christian Zionism: Road-map to Armageddon? (Leicester: Inter-Varsity Press, 2004) — estudio crítico de referencia desde dentro del mundo evangélico.
- Andrew Crome, «Christian Restorationism Prior to 1900», en J. Crossley y A. Lockhart (eds.), Critical Dictionary of Apocalyptic and Millenarian Movements (texto) — historia del apoyo cristiano a la restauración de Israel antes del dispensacionalismo.
- Concilio Vaticano II, Nostra Aetate (1965), n. 4.
- Dicasterios para la Doctrina de la Fe, para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso, Nota Un camino de esperanza. Sesenta años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la Declaración conciliar Nostra aetate (16 de septiembre de 2026), nn. 13, 15 y 36.
- Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, Notas sobre la manera correcta de presentar a los judíos y el judaísmo en la predicación y la catequesis de la Iglesia católica (1985), VI, n. 33 (citado en traducción propia del inglés; no hay versión oficial en español a nuestro alcance).
- Acuerdo Básico entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (15 de febrero de 2000), sobre el estatuto de Jerusalén y la libertad religiosa.
- Kairós Palestina. Un momento de verdad (diciembre de 2009; texto) — documento de cristianos palestinos; véanse los nn. 2.2.2, 2.3 y 2.3.3, sobre la promesa de la tierra y las interpretaciones occidentales que legitiman la injusticia.
- Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, «Los dones y la llamada de Dios son irrevocables» (2015) — documento reciente sobre la relación teológica católico-judía (texto oficial).



Deja una respuesta