Cuando la fe se mide en prosperidad, salud y éxito
PRIMERA SERIE: Algunas corrientes del evangelicalismo contemporáneo
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación
TIEMPO DE LECTURA: 7 minutos
Si el sionismo cristiano lee el «regreso a la tierra prometida» en clave geopolítica, la teología del éxito —también llamada teología de la prosperidad, o Word of Faith en su versión estadounidense original— lo traduce a la escala más íntima y cotidiana: la del bolsillo, el cuerpo y las circunstancias personales de cada creyente. Es, de las corrientes que hemos visto, la que tiene una penetración amplia en la predicación de muchas congregaciones evangélicas y neopentecostales de Paraguay y de toda América Latina, muchas veces sin que se la identifique por su nombre técnico.
I. Origen y figuras principales
La teología de la prosperidad surge en Estados Unidos a mediados del siglo XX, con raíces en el llamado movimiento del Nuevo Pensamiento (New Thought, siglo XIX) y su idea de que la mente y la palabra tienen poder creador sobre la realidad. Dentro del campo pentecostal, su figura fundadora es Kenneth E. Hagin (1917-2003), considerado el padre del movimiento Word of Faith («Palabra de Fe»), y se populariza después con predicadores como Oral Roberts, Kenneth Copeland, Creflo Dollar y, en el ámbito latinoamericano y global por televisión, figuras de enorme alcance mediático.
II. La doctrina central: confesión positiva y «siembra» de fe
Dos ideas sostienen todo el edificio de esta corriente:
1. La confesión positiva: la convicción de que las palabras pronunciadas con fe tienen poder para crear la realidad que declaran —salud, dinero, éxito—, y que, a la inversa, las palabras «negativas» (hablar de enfermedad, pobreza o fracaso) pueden atraerlos. La fe se concibe así menos como confianza entregada a Dios y más como una fuerza casi mecánica que el creyente activa mediante la palabra correcta.
2. La siembra de fe (seed faith): la enseñanza de que dar dinero —generalmente a la iglesia o al ministerio del predicador— es «sembrar una semilla» que Dios multiplicará de vuelta al dador, con frecuencia citando de modo descontextualizado 2 Co 9,6 («el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente») o Mal 3,10 sobre el diezmo. La prosperidad material y la salud física se presentan, en consecuencia, como la señal visible y esperable de una fe genuina y de una siembra correcta; la pobreza o la enfermedad persistente, a la inversa, se entienden a veces como signo de fe insuficiente o de pecado oculto.
III. La misma lógica de «exilio y regreso», en clave personal
Es la misma estructura que venimos encontrando en toda esta familia de corrientes: así como el premilenialismo espera el regreso de Cristo, la NAR busca tomar las montañas de la sociedad y el sionismo cristiano lee el regreso a la tierra como señal profética, la teología del éxito promete a cada creyente individual su propio «regreso» de la carencia a la abundancia, del exilio de la pobreza y la enfermedad al territorio prometido de la prosperidad y la salud, aquí y ahora, como fruto directo y medible de la fe correctamente ejercida.
IV. Por qué la Iglesia católica no sigue este camino
1. La teología de la cruz. El corazón del Evangelio no es la promesa de bienestar inmediato, sino el misterio pascual: Cristo «siendo rico, se hizo pobre por nosotros» (2 Co 8,9), y anunció con toda claridad: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). El sufrimiento, lejos de ser necesariamente signo de fe insuficiente, puede ser —unido al de Cristo— camino de santificación. Reducir el Evangelio a una promesa de prosperidad material vacía la cruz de su sentido.
2. Las Bienaventuranzas. Jesús no proclama felices a los ricos y exitosos, sino a «los que tienen alma de pobres», a «los afligidos», a «los que tienen hambre y sed de justicia» (Mt 5,3-10). La tradición de la Iglesia —desde los Padres hasta la Doctrina Social— ha sostenido siempre una valoración positiva, incluso privilegiada, de la pobreza evangélica y de la sobriedad, no como mal a superar mediante la fe, sino como lugar teológico desde el cual se recibe mejor el Reino. Esto no es idealizar la miseria: la pobreza que nace de la injusticia es un mal que la Iglesia debe combatir; lo que se valora es el desprendimiento evangélico y la cercanía a los pobres.
3. La gracia no se compra ni se activa mecánicamente. La fe cristiana entiende la gracia como don gratuito de Dios, no como una fuerza que el creyente activa correctamente mediante fórmulas verbales o aportes económicos calculados. La «siembra de fe» como técnica de multiplicación financiera se acerca peligrosamente a lo que la tradición moral llama simonía (comerciar con lo sagrado) y a una instrumentalización de la fe para fines materiales.
4. Una preocupación pastoral, no solo doctrinal. Más allá del error teológico, esta corriente plantea un problema de justicia concreto: en comunidades con necesidades económicas reales, la presión a «sembrar» para recibir bendición material puede convertirse en una forma de explotación de la esperanza y de la vulnerabilidad de los más pobres, precisamente de quienes menos pueden permitirse esa «siembra». Esto no es una acusación menor, y los propios líderes evangélicos serios de otras corrientes —incluidos muchos pentecostales clásicos— han criticado con dureza estos excesos dentro de su propio campo.
V. Lo que sí podemos afirmar junto con ellos
No todo lo que toca esta corriente es cuestionable. La convicción de que Dios se ocupa de las necesidades concretas de sus hijos, que la confianza y la esperanza activa tienen un lugar legítimo en la vida de fe, y que el trabajo honesto y la generosidad son virtudes cristianas, son todas afirmaciones que compartimos. El problema no es creer que Dios provee ni que la generosidad tiene fruto; el problema es convertir esa provisión en una ecuación mecánica, condicionar la bendición de Dios a técnicas verbales o financieras, y silenciar el lugar que el sufrimiento y la cruz tienen en el camino cristiano.
Para profundizar
- Kate Bowler, Blessed: A History of the American Prosperity Gospel (Nueva York: Oxford University Press, 2013) — la historia académica de referencia sobre esta corriente.
- Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa, «Teología de la Prosperidad. El peligro de un «Evangelio diferente»», La Civiltà Cattolica (edición española), 29 de abril de 2022 (original italiano: julio de 2018) — análisis de la revista de los jesuitas de Roma, revisada por la Secretaría de Estado vaticana (texto).
- Papa Francisco, homilía en Santa Marta, 5 de febrero de 2015 (Radio Vaticana): «La salvación no es teología de la prosperidad» (religionenlibertad.com).
- Mt 5,3-10 (Bienaventuranzas); 2 Co 8,9.



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