Cinco casos concretos, y lo que la fe tiene que decir ante cada uno

PRIMERA SERIE: Algunas corrientes del evangelicalismo contemporáneo

+ Francisco Javier Pistilli Scorzara

Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación

TIEMPO DE LECTURA: 8 minutos

Hasta aquí hemos descrito corrientes: de dónde vienen, qué sostienen, por qué la Iglesia católica no las sigue. Pero una corriente rara vez se presenta con su nombre; se la reconoce por lo que hace y dice en la vida pública: una oración, una propuesta de ley, un curso para gobernantes. Este artículo recoge cinco casos recientes y observables, y de cada uno pregunta qué se afirma o se hace, qué corriente de las vistas lo explica y qué tiene que decir la fe.

Antes, tres advertencias. Describimos afirmaciones y hechos, no juzgamos a las personas ni su fe; ninguno de estos casos representa a «los evangélicos» en general, y muchos evangélicos los rechazan; y, como en toda la serie, no nombramos pastores (las fuentes están en «Para profundizar»).

I. El «nuevo Ciro»: la unción de los gobernantes

En algunos ambientes evangélicos se ha propuesto leer a ciertos gobernantes como un «Ciro» de nuestro tiempo: un político a quien Dios habría «ungido» para una misión, aunque no comparta su fe. Une piezas ya vistas: la unción de quienes ocupan las «montañas» del poder (art. 4) y Ciro como el rey del regreso a Jerusalén (art. 5). Según un congresista estadounidense crítico de este movimiento, predicadores carismáticos presentaron así a un gobernante.

El texto bíblico es más sobrio. Isaías llama a Ciro «su ungido» (Is 45,1), pero subraya que Dios lo llama «aunque no me conocías» (Is 45,4): es un instrumento de la providencia, no un santo ni un enviado con credenciales, y los mismos profetas que reconocen la acción de Dios en la historia reprenden a los reyes. La Iglesia reconoce que toda autoridad legítima viene de Dios (Rom 13,1), pero eso no exime a ningún gobernante, de ningún lado, del juicio moral de los fieles. Reconocer, con humildad y a la luz de la fe, la acción de Dios en un hecho ya ocurrido no es lo mismo que declarar «ungido» a quien tiene poder porque simpatiza con nuestra causa. Eso es instrumentalizar la fe para respaldar a un gobernante, atribuyendo a Dios una preferencia política que es solo nuestra.

II. Formar a quienes gobiernan: los estudios bíblicos para autoridades

Capitol Ministries, fundada en 1996, organiza estudios bíblicos semanales para legisladores —desde 2017, también para miembros del gabinete de Estados Unidos— con presencia en decenas de capitolios estatales y varias legislaturas extranjeras, entre ellas la de Paraguay (mayo de 2025). Nació de una dirigente que, tras elegir cristianos a la legislatura de California, notó que «pronto perderían sus convicciones cristianas», según relató su fundador a la BBC en 2018.

El rigor exige un matiz: su fundador no se presenta como teonomista. Dice que las leyes civiles del Antiguo Testamento «eran para el antiguo Israel, pero no para la Iglesia» y rechaza toda teocracia. Pero define así su método: «Creo en la separación institucional, pero no en la separación de la influencia». Nunca indica a un legislador cómo votar, dice, pero espera que sea obvio, y le decepciona que quien «sabe lo que es bíblico» vote en contra. Capitol afirma, en un documento de respuesta a los medios (14 de septiembre de 2017), que no hace lobby y que la asistencia es voluntaria; sus estudios, sin embargo, abordan «desde una perspectiva bíblica» asuntos como el racismo o la deuda pública. Entre lo que se declara y lo que se espera hay una distancia que conviene mirar sin acusar. Un libro crítico le atribuye además un «evangelio del libre mercado»; Capitol lo niega. Lo prudente es leer lo que el propio ministerio publica.

La Iglesia católica también acompaña a quienes gobiernan, y debe hacerlo: formarlos en la doctrina social, orientar su conciencia, rezar por ellos. No hay nada reprochable en que una autoridad estudie la Biblia. Lo que hay que discernir es si se forma una conciencia o se transmite una agenda, si se acompaña a la persona o se la vincula a un partido, si se adoctrina y se condiciona o se aportan criterios y fundamentos razonables para el diálogo, y con qué redes se articula esa labor.

III. La oración que pide puntería

En marzo de 2026, en un servicio cristiano mensual celebrado en el Pentágono, el secretario de Defensa de Estados Unidos dirigió una oración en plena guerra con Irán: «Que cada proyectil dé en el blanco contra los enemigos de la justicia y de nuestra gran nación», y pidió «violencia abrumadora contra quienes no merecen misericordia».

Se juntan aquí el nacionalismo religioso y la «guerra espiritual» ya vistos: Dios como aliado de una causa, el enemigo político como enemigo de Dios. La fe cristiana dice otra cosa: el Señor manda amar a los enemigos y orar por ellos (Mt 5,44), y la Nota Un camino de esperanza (2026, n. 36) lo dice sin rodeos, citando a León XIV: «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma». La Iglesia reconoce la legítima defensa y estudia cuándo una guerra es justa; lo que no admite es que se invoque a Dios como cómplice de la puntería.

IV. El voto por familia

Un pastor reformado de Idaho propone derogar la Decimonovena Enmienda, que en 1920 reconoció el voto femenino, y sustituirla por el voto «por hogar», como se practica en su congregación, para combatir «el cáncer del individualismo». La idea es marginal y exigiría una enmienda aprobada por dos tercios del Congreso y tres cuartos de los estados. En la práctica, el voto de la mujer casada dependería del jefe de hogar. Y queda sin respuesta una pregunta elemental: ¿quién votaría por las viudas, las huérfanas, las madres solteras, las religiosas, las agnósticas, las mujeres de otras religiones no cristianas? La propia Escritura la vuelve más incómoda, porque pone a la viuda y al huérfano bajo la protección especial de Dios (Ex 22,21-22; Sant 1,27).

La propuesta supone que la unidad política básica es la familia gobernada por el varón y no la persona. La Iglesia católica enseña lo contrario: la dignidad es personal, y toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, «por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino» (Gaudium et spes, 29).

V. El «ojo por ojo» a la vista de todos

El 8 de octubre de 2026, el secretario de Defensa de Estados Unidos anunció que el condenado por el tiroteo de Fort Hood de 2009 sería ejecutado por fusilamiento el 3 de diciembre, con el aval del presidente, y que «nos aseguraremos de que la gente pueda verlo»; se habló de una posible transmisión en vivo.

Ninguna fuente que hemos visto invoca un fundamento bíblico, y no hay que atribuirle uno que no se ha dado. Pero la lógica es la de la retribución: que el castigo sea, además, un espectáculo. El «ojo por ojo» de la ley antigua (Ex 21,24) nació para limitar la venganza, y Jesús lo supera (Mt 5,38-39). La reacción de la Iglesia fue inmediata. El arzobispo Coakley, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, lo llamó «una promoción bárbara de una cultura de la muerte»; el cardenal Parolin dijo que «no es aceptable que se espectacularice la muerte; por muy culpable que sea la persona, existen otros sistemas»; el arzobispo Broglio, de los Servicios Militares, preguntó si queremos «imitar a los terroristas de este mundo» y obligó a los católicos del pelotón a pedir ser excusados de «esta acción contraria a la enseñanza de la Iglesia». Y León XIV escribió el 10 de octubre, Día Mundial contra la Pena de Muerte, que la pena de muerte es «inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona» —sin referirse a este caso—, con las mismas palabras del Catecismo (n. 2267), tomadas de Francisco.

VI. Lo que estos casos tienen en común

Cinco casos distintos, un mismo patrón. Primero, el Evangelio se pone al servicio de una causa: un gobernante «ungido», una guerra «bendecida», una propuesta política «bíblica». Segundo, aparece una lógica de poder donde debería haber gratuidad y servicio: la formación que busca influencia, el castigo convertido en espectáculo. Tercero, rara vez el nombre de la corriente aparece en escena; aparecen etiquetas atractivas y en apariencia neutrales —valores cristianos, formación de líderes, defensa de la patria, orden familiar— detrás de las cuales hay una arquitectura doctrinal mucho más amplia. Por eso importa preguntar no solo qué doctrina declara una organización, sino con qué redes se articula y qué efecto produce en nuestro contexto.

VII. Una pregunta para nosotros

Sería injusto y falso terminar creyendo que estas tentaciones son de otros. También en la historia católica se han bendecido armas y se ha invocado a Dios para la victoria; también hubo alianzas del trono y el altar, y todavía hoy el integrismo católico (art. 9) busca imponer por poder lo que solo puede proponerse por testimonio. Los propios observadores críticos del fenómeno en Estados Unidos advierten que hay una vertiente católica, nostálgica de un Estado regido por la autoridad moral de la Iglesia, que no es evangélica y que merece el mismo examen. La pregunta que sigue en pie es la que atraviesa toda la serie: ¿qué hacemos, nosotros, para que el Evangelio no se convierta en una consigna al servicio de ningún poder, incluido el nuestro?

Para profundizar

  • Dicasterios para la Doctrina de la Fe, para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo Interreligioso, Nota Un camino de esperanza (16 de septiembre de 2026), n. 36.
  • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2267 (texto de 2018), que cita el Discurso del papa Francisco en el XXV aniversario del Catecismo, 11 de octubre de 2017.
  • Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 29.
  • Owen Amos, «Estados Unidos: cómo funciona y quiénes forman el grupo de estudio de la Biblia de la Casa Blanca», BBC News Mundo, 8 de abril de 2018 (entrevista al fundador de Capitol Ministries).
  • Capitol Ministries, «Capitol Ministries Responds to Fake News from The L.A. Times and Others» (capmin.org, 14 de septiembre de 2017).
  • Capitol Ministries, «Capitol Ministries Paraguay Launches Bible Study Ministry in Asunción» (capmin.org, 2025).
  • Sobre el servicio del Pentágono (marzo de 2026): PBS/AP, «At Pentagon Christian service, Hegseth prays for violence “against those who deserve no mercy”».
  • Iker Seisdedos, «‘One family, one vote’: The men (and women) seeking to revoke women’s suffrage in the United States», El País (edición en inglés), 2 de agosto de 2026.
  • David Smith, «“A Bible-sized blind spot”: congressman sounds alarm on rising Christian nationalism», The Guardian, 26 de agosto de 2026 (sobre el libro No Prophets, de Jared Huffman). Fuente crítica y de opinión: sirve para conocer su tesis, no como prueba de los hechos.
  • Sobre la ejecución anunciada (octubre de 2026): Vatican News, «León XIV rechaza la pena de muerte: atenta contra la dignidad de la persona» (10/10/2026; texto); «Parolin: no es aceptable convertir la muerte en un espectáculo» (texto); arzobispo Timothy Broglio, Statement Expressing Disapproval of Proposed Execution Livestream (12/10/2026; texto), y su resumen en Vatican News; USCCB, declaración del arzobispo Coakley (octubre de 2026); Infobae (8/10/2026).
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