• 1. Introducción: El contraste del Reino

    Queridos hermanos y hermanas, nos reunimos en este octavo día del novenario a San Blas bajo una consigna que nos interpela profundamente: «Comprometerse en la vida comunitaria». En una sociedad que muchas veces exalta el «yo», el éxito individual y la competencia, la Palabra de Dios nos propone hoy una lógica inversa: la lógica del nosotros.

    Estamos en el año del Bien Común, y el lema «Denles ustedes de comer» no es solo una invitación a la asistencia social, es un mandato de corresponsabilidad. No podemos decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no somos capaces de comprometernos con el hermano que camina a nuestro lado en esta Ciudad del Este pujante, pero también necesitada de solidaridad y fraternidad.

    2. La Identidad: El «Resto» que se refugia en el Señor

    Para comprometernos en la comunidad, primero debemos saber quiénes somos delante de Dios. Las lecturas de Sofonías y de San Pablo a los Corintios nos ofrecen una lección de humildad revolucionaria.

    La fuerza de la pequeñez: Sofonías nos habla de un «pueblo pobre y humilde». No se refiere a una carencia material que humilla, sino a una disposición del espíritu: el Anawim, aquel que sabe que no se basta a sí mismo y que su refugio es el Nombre del Señor.

    La elección de Dios: San Pablo es directo con los Corintios —y con nosotros hoy—: «Miren quiénes han sido llamados». No somos los más poderosos, ni los más sabios según el mundo. Dios elige lo que el mundo tiene por necio para confundir a los sabios.

    La base del compromiso: Esto es vital porque el que se cree autosuficiente no sabe trabajar en comunidad. El que se siente «grande» quiere mandar; el que se sabe «pequeño y amado» sabe servir. Nuestro compromiso nace de la gratitud, no de la soberbia.

    3. El Mapa del Compromiso: Las Bienaventuranzas

    Si nos preguntamos: «¿En qué debo comprometerme?», el Evangelio de Mateo nos entrega hoy el mapa de ruta: Las Bienaventuranzas. Ellas no son un consuelo para el más allá, sino un programa de acción para el más acá.

    Hambre y sed de justicia: Comprometerse es no acostumbrarse a la injusticia. Es sentir dolor por la desigualdad y trabajar para que el Reino se haga presente.

    Misericordia y paz: El compromiso no es un trámite; es una actitud del corazón. Ser «bienaventurados» es tener la alegría profunda de saber que nuestra vida está gastada en favor de los demás. Como dice Sofonías: ellos «descansarán sin que nadie los perturbe», porque quien vive en el compromiso encuentra la verdadera paz.

    4. La Praxis: ¿Cómo bajamos las Bienaventuranzas a lo cotidiano?

    Pero, ¿cómo bajamos estas bienaventuranzas a lo cotidiano? San Pablo, en su carta a los Romanos, nos da la clave práctica: no se crean superiores, sino reconozcan que somos un solo cuerpo con diversos dones.

    La «Sobria Autoestima»: El compromiso empieza por no estorbar el paso de Dios. Pablo pide una «justa valoración de nosotros mismos». El que es humilde reconoce que su talento es una herramienta prestada para el Bien Común.

    La mística del Cuerpo: Pablo nos enseña que el compromiso no es un esfuerzo solitario. «Dénles ustedes de comer» es un mandato para el cuerpo entero. En nuestra comunidad, algunos son «pies» que salen a las periferias y otros son «corazón» que ora. Mi don necesita del tuyo.

    Caridad sin máscaras: Pablo aterriza las Bienaventuranzas en actitudes concretas: caridad auténtica, alegría en la esperanza y hospitalidad. En una ciudad de fronteras, el compromiso se vuelve carne cuando practicamos la acogida.

    5. El Riesgo de la Omisión: El Talento enterrado

    Sin embargo, este despliegue de dones y este llamado a la acción no son opcionales. El compromiso es una responsabilidad que se nos ha confiado. Por eso, el Evangelio de los talentos nos advierte sobre el peligro de quedarnos de brazos cruzados.

    El riesgo de no arriesgar: El pecado del tercer siervo fue el miedo. Enterró su talento. A veces, pecamos por omisión: tenemos miedo de involucrarnos o de equivocarnos, y terminamos enterrando nuestra capacidad de hacer el bien. En el Reino de Dios, quien no arriesga, ya está perdiendo.

    La inversión del amor: El compromiso es la respuesta valiente de quien se sabe amado. «A quien tiene se le dará» significa que, en la comunidad, cuanto más te das, más recibes. El que sirve se llena de vida; el que se encierra en su egoísmo termina perdiendo incluso lo que creía tener.

    Conclusión

    Queridos hermanos, al concluir esta reflexión, fijemos en el corazón estas certezas:

    El compromiso comunitario no es una carga, es la respuesta lógica a un amor (el de Cristo) recibido hasta el extremo.

    Dios no elige a los capacitados, capacita a los elegidos que se animan a decir: «Aquí estoy».

    El talento más peligroso es el que se guarda bajo tierra por miedo al qué dirán o por comodidad personal.

    En la mesa del Bien Común, nadie es tan pobre que no tenga nada que compartir, ni tan rico que no tenga algo que recibir.

    Que San Blas interceda por nosotros para que sepamos responder con generosidad al mandato de Jesús: «Denles ustedes de comer». Que nuestra comunidad sea el lugar donde el hambre de pan y el hambre de Dios encuentren respuesta en nuestras manos abiertas.

    Fin de la homilía

  • Queridos hermanos: Hoy celebramos con toda la Iglesia, el domingo de la Palabra de Dios, una institución relativamente reciente en la Iglesia Católica, creada por el Papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, en la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio titulada Aperuit illis, frase inspirada en el pasaje de San Lucas que dice: “Entonces les abrió (aperuit) el entendimiento para comprender las Escrituras».

    La fecha elegida coincide con la fiesta de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín (la Vulgata), quien famosamente dijo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo». Se fijó esta celebración para el III Domingo del Tiempo Ordinario de cada año, con un fuerte sentido ecuménico, pues se vincula con la Jornada de Oración por la Unidad de los Cristianos y de la Jornada de diálogo con los judíos. Nos une con ellos, la Palabra de Dios.

    El Papa Francisco introdujo esta jornada para que la Iglesia pueda «reavivar la responsabilidad que los creyentes tienen en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva mediante un trabajo de transmisión y comprensión constante». Busca que la Palabra no sea solo un texto leído, sino un encuentro vivo con Cristo que nos une por encima de cualquier ideología. En este sentido, meditemos los textos de hoy.

    1. Introducción: Diógenes y la búsqueda de la Verdad

    Podemos comenzar evocando la figura de Diógenes de Sinope, quien, con una lámpara encendida al mediodía, recorría Atenas exclamando: «Busco a un hombre». Aquel gesto era un grito de auxilio y una crítica mordaz: entre la multitud, Diógenes no encontraba la esencia, la honestidad, la humanidad.

    Hoy, la Palabra de Dios nos presenta una luz superior. Jesús, al establecerse en la Galilea de los paganos, no enciende una lámpara para buscar defectos, sino para ser Él mismo la Luz de las Naciones. Mientras Diógenes buscaba al hombre con el pesimismo del que duda de encontrarlo, Cristo llama a los discípulos —«los haré pescadores de hombres»— con la certeza de que el ser humano, por más hundido que esté, es rescatable para la luz.

    2. La Humanidad en las Sombras: El Escondite de la Soberbia

    El Evangelio nos habla de un pueblo que habitaba en tinieblas. Hoy, esas tinieblas no son geográficas, sino existenciales. ¿En qué oscuridades se esconde la humanidad? Nos refugiamos en las sombras de una pretendida grandeza que es, en realidad, una trampa de la estupidez, el egoísmo y la soberbia.

    • La trampa del cinismo: Donde ya nada es verdad, donde nos burlamos de la virtud para justificar nuestra propia decadencia.
    • El poder perverso y la fantasía de superioridad: Creer que somos más que el otro por el cargo, la raza o la ideología, alimentando el odio al diferente y la exclusión de quienes «no caben» en el sistema.
    • El miedo y la mentira: La humanidad se esconde en la oscuridad porque tiene miedo de verse tal cual es; prefiere la falsa seguridad de sus sombras antes que la exigente claridad de la verdad. Es la «estupidez» de quien cree que escondiéndose de la luz, el problema desaparece.

    La Luz que Construye desde la Verdad

    Frente a estas sombras, Cristo trae una luz universal, pero profundamente humilde.

    • Evidenciar para sanar: La luz de Cristo no se reserva para los «perfectos». Viene a nuestras imperfecciones no para humillarnos, sino para que veamos y nos convirtamos al verdadero amor.
    • La humildad de la Verdad: A diferencia del cinismo que destruye, el discípulo está llamado a hablar con la verdad, aunque duela. Es la luz de quien no busca destruir al otro con su «verdad», sino construir con él.
    • Contra los fanatismos: Esta luz de la Palabra nos libera de seguir ideologías o personalidades. No somos de Pablo ni de Apolo; somos de Cristo. La Palabra nos une en un culto agradable a Dios, que es siempre un culto en espíritu y en verdad, lejos de los fanatismos ciegos.

    4. Preguntas para el examen del corazón

    Como comunidad, debemos confrontarnos con esta luz:

    • ¿Desde dónde estamos mirando el mundo y a los demás? ¿Miramos desde la luz o desde la oscuridad?
    • ¿Nuestras opiniones y acciones nacen de la valentía del amor o desde esa aparente seguridad que nuestros miedos sostienen?
    • ¿Estamos dispuestos a que la Palabra evidencie nuestras sombras para poder sanarlas, o preferimos seguir habitando en la mentira de nuestra propia suficiencia?

    5. Pescadores de Luz: Una Misión de Dignidad

    Finalmente, ser «pescadores de hombres» hoy significa ser hombres y mujeres que irradien la luz de la vida.

    Nuestra misión en la Diócesis y en la sociedad es llevar a las orillas del mundo una red cargada de:

    • Amor y Paz: Frente al conflicto constante.
    • Respeto y Dignidad: Reconociendo al otro como hermano, nunca como objeto.
    • Libertad Responsable: Que no es hacer lo que uno quiere, sino lo que el bien exige.
    • Sinceridad, Honestidad y Justicia: Siendo reflejos de una Palabra que no defrauda.

    Que este Domingo de la Palabra nos transforme en esa luz que, partiendo de nuestras propias imperfecciones reconocidas con humildad, ayude a otros a salir de sus propias cuevas hacia la verdadera libertad de los hijos de Dios.

    Fin de la homilía


  • AMBIENTE:
    La oficina parroquial. El calor de enero no da tregua. Litu está leyendo un artículo sobre «Liderazgos Narcisistas», mientras Ovi intenta moderar un debate encendido en el grupo de WhatsApp de los Custodios Reguetoneros.

    1. El Bully en el Grupo de WhatsApp

    P. OVI: —¡Litu, esto es insoportable! Uno de los chicos, inspirado por los discursos de Trump y los «influencers de la ira», está haciendo un bullying tremendo a otro porque cuestionó la invasión a Venezuela. Le dice que es un «tibio», un «traidor». ¡Usa un lenguaje de odio que asusta!

    P. LITU: (Sin levantar la vista del papel) —Es la Hipnocracia, Ovi. Han caído en el trance del relato. No importa la verdad fáctica, importa quién grita más fuerte y quién humilla mejor. El bullying es la herramienta del que confunde la Potestas con la Auctoritas.

    P. OVI: —¿Potestas? Explícame eso en paraguayo, Litu.

    P. LITU: —La Potestas es el poder del cargo, la fuerza bruta, el número de seguidores. Trump tiene Potestas. Pero la Auctoritas es el prestigio moral, la autoridad que nace de la coherencia y el servicio. La Iglesia está sufriendo una crisis porque muchos buscan la Potestas para aplastar al que piensa diferente, pero han perdido toda Auctoritas. Se han vuelto «hipnócratas»: gobiernan a través de la fascinación y el miedo.

    2. Visita al Carmelo: La Voz de María de la Resurrección

    Litu y Ovi deciden que necesitan una «desconexión de sistema» y van al locutorio de las Carmelitas Descalzas. Tras la reja, aparece la Hermana María de la Resurrección (Carmelita Pop).

    P. OVI: —Sister, ayúdenos. El bullying se nos metió en la parroquia. Los chicos creen que ser «firme en la fe» es ser un bully digital.

    SR. MARÍA (Carmelita Pop): (Con una sonrisa que desarma) —Mis queridos padres… Yo estuve ahí, ¿recuerdan? Yo vivía de la fascinación, de hipnotizar a mi audiencia. El bullying es el síntoma de una hibernación ética. La gente deja de juzgar por sí misma y entrega su conciencia a un líder narcisista porque les ahorra el trabajo de pensar.

    P. LITU: —El Papa León XIV dice que la paz debe ser «desarmada». Pero el bullying es un arma cargada de ego.

    SR. MARÍA (Carmelita Pop): —Exacto. Díganles a esos chicos que la verdadera autoridad no necesita gritar. El narcisista crea una realidad inventada donde él es el centro. Ustedes deben devolverlos a la realidad material. El bullying se cura tocando el dolor ajeno. Desafíen su «trance hipnocrático» con el encuentro real. Que dejen de obedecer a la «colmena» del odio y empiecen a obedecer a su conciencia.

    3. La Intervención Pastoral: «Despertar del Trance»

    Litu y Ovi regresan y convocan a los jóvenes. Litu escribe en la pizarra dos palabras: POTESTAS vs. AUCTORITAS.

    P. LITU: —Muchachos, el que insulta en las redes para defender una idea no es un valiente, es un hipnotizado. Está siendo víctima de una psicopatología del poder que necesita enemigos para existir.

    P. OVI: —Vamos a hacer un «ayuno de bullying». Como dice León XIV, vamos a desarmar el lenguaje. El que use un insulto en el grupo, pierde el celular por un día y se va a ayudar a la Pastoral Social. Vamos a cambiar la «Hipnocracia» del Like por la Auctoritas del servicio.

    CUSTODIO: —¿Y si Trump o los demás siguen gritando?

    P. LITU: —Que griten. Nosotros conservaremos la capacidad de distinguir lo real de lo inventado. Nuestra autoridad no viene de cuánta gente aplastamos, sino de cuánta paz desarmada somos capaces de generar.

    Cierre del Episodio:

    El episodio termina con un posteo de Kevin, supervisado por Litu, que simplemente dice:

    «La autoridad no se impone con bullying, se gana con coherencia. En la Parroquia Zeta, preferimos ser personas de conciencia que seguidores hipnotizados. ¡Despierten! El 2026 necesita voces, no ecos.»

  • Introducción: La Fe en lo Cotidiano

    Hermanos, hoy iniciamos el Tiempo Ordinario. No se llamen a engaño por el nombre: «ordinario» no significa mediocre ni carente de importancia. Es el tiempo de celebrar y vivir la fe en las circunstancias comunes de la vida; es el taller donde la misión cristiana se realiza en el día a día, en el trabajo, en la mesa compartida y en el descanso. Es aquí, en lo cotidiano, donde Dios nos sale al encuentro.

    El Interrogante de Isaías: ¿Qué quiere Dios de sus elegidos?

    Al escuchar la primera lectura, surge una pregunta inevitable: ¿Qué es lo que Dios espera de aquellos que ha llamado? Escuchamos al profeta Isaías decirnos algo que sacude nuestra comodidad. Dios le dice a su Servidor: «Es demasiado poco que seas mi Servidor solo para restaurar a las tribus de Jacob».

    Dios tiene una «ambición» santa para nosotros. A veces pensamos que cumplir con Dios es simplemente «mantener lo nuestro», cuidar nuestra pequeña parcela espiritual o cumplir con ciertos ritos. Pero Dios nos dice: Eso es poco. Él no nos ha elegido para el encierro, sino para ser «luz de las naciones». Nuestra misión no tiene como límite las paredes de nuestra casa o de este templo; su destino son los confines de la tierra.

    In Crescendo: ¿Es suficiente recibir el Bautismo?

    Damos un paso más y nos preguntamos con valentía: ¿Basta con estar bautizados? ¿Es suficiente tener un certificado de bautismo guardado en un cajón?

    Al mirar el Evangelio, vemos la figura de Juan el Bautista. Él, con una humildad que sobrecoge, reconoce que hay alguien demasiado grande a quien no podemos servir con la pequeñez de nuestras tibiezas. Juan nos enseña que el testimonio del cristiano consiste en asumir la luz, no en creerse la luz. Nosotros no somos la fuente del resplandor, somos el espejo que debe reflejarlo. Pero para que Cristo sea conocido en sus elegidos, ese reflejo debe ser nítido. Si nuestra vida está empañada por el egoísmo, la luz de Cristo no llega a nadie. Dios nos pide que esa luz brille con tal fuerza que los demás, al vernos, no nos vean a nosotros, sino a Aquel que nos envió.

    El Desafío de la Santidad: ¿Es posible ser cristiano mediocremente?

    Subimos un peldaño más en nuestra reflexión: ¿Se puede ser cristiano a medias? La respuesta de San Pablo a los Corintios es tajante. No estamos llamados a una vida espiritual de «bajo perfil». Estamos «llamados a ser santos».

    La santidad no es una vocación de élite para unos pocos elegidos con cualidades extraordinarias; es la vocación universal de todo bautizado. Es cierto que en este camino la iniciativa es de Dios: primero actúa la gracia. Pero la gracia no anula ni cambia mágicamente nuestra naturaleza. Dios no nos destruye para santificarnos; al contrario, la gracia —si colaboramos con ella— asume nuestra naturaleza, la eleva y la perfecciona. Dios toma lo que eres (tus dones, tu carácter, incluso tus límites) y lo transforma en algo sagrado. Ser santo es permitir que la gracia de Dios saque la mejor versión de lo que somos.

    Conclusión: El Momento del «Aquí Estoy»

    Termino hoy haciéndote y haciéndonos la misma pregunta que el Espíritu nos hace a través de la Palabra: ¿No sientes que es demasiado poco como estás viviendo tu vida cristiana hasta ahora?

    ¿No sientes que Dios te está pidiendo más que una fe de mínimos, de cumplimientos externos y de silencios cómodos?

    • ¿Dónde te pide Cristo hoy que des testimonio de que lo conoces?
    • ¿En qué rincón de tu vida te pide que demuestres que lo sigues?

    Ese testimonio se muestra con palabras, sí; pero se muestra mucho mejor con nuestras actitudes, y se muestra por excelencia con nuestras acciones. No es momento de grandes discursos, sino de una entrega concreta.

    Por eso, ante la magnitud de esta llamada a ser luz, unamos nuestra voz a la del Salmo y digamos de corazón: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». No para hacer «lo poco», sino para dejar que Tú hagas cosas grandes a través de mí.

    Fin de la homilía

    Oración

    Señor y Dios nuestro,

    Hoy reconocemos que, muchas veces, nos hemos conformado con una fe de mínimos y un amor a medias. Pero tu Palabra nos sacude y nos recuerda que «es demasiado poco» que solo busquemos nuestra propia paz mientras el mundo espera tu luz.

    No permitas que vivamos nuestra vocación con mediocridad. Danos la humildad de Juan para señalarte a Ti antes que a nosotros mismos, y la docilidad para que tu gracia asuma, eleve y perfeccione nuestra naturaleza, transformando lo que somos en reflejo de tu santidad.

    Porque queremos ser luz en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, con palabras que sanen, actitudes que integren y acciones que revelen tu Reino, hoy te respondemos con todo el corazón: ¡Aquí estoy, Señor!

  • ¿Quieres conocer lo que dice el Papa León XIV en su Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, titulada “La paz esté con ustedes: Una paz desarmada y desarmante”, publicada el 1 de enero de 2026?

    Aquí te comparto un Resumen para que conozcas algunos contenidos centrales del Mensaje del Santo Padre y una Guía de reflexión que puede ayudar a vivir en una mayor paz, acogiendo la invitación del Papa.

    Resumen del Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2026

    El mensaje del Papa León XIV presenta una visión profunda sobre la naturaleza de la paz frente a una realidad global marcada por el miedo y la tecnología militar. El Papa propone una transición de una paz basada en el equilibrio de fuerzas hacia una paz «desarmada y desarmante».

    El contenido del mensaje se presenta en contraste con el convulso panorama geopolítico de inicios de 2026:

    1. La Crítica a la «Noción Armada» de la Seguridad y la Blasfemia de instrumentalizar la fe.

    Frente a la escalada de tensiones en muchas regiones (Irán, el Ártico (Groenlandia), Venezuela) y los persistentes conflictos bélicos (Ucrania, Israel-Palestina, Siria, Myanmar, Sudán, Etiopía y Eritrea), el mensaje advierte sobre la peligrosa tendencia de los gobiernos a justificar el rearme bajo la premisa del «peligro respecto a los otros».

    • Gasto Militar: El Papa señala con preocupación que en 2024 el gasto militar mundial creció un 9,4%, alcanzando los 2.718 billones de dólares.
    • Desestabilización Planetaria: Denuncia que la lógica de oposición y la disuasión nuclear encarnan una «irracionalidad» basada en el miedo y no en la justicia o la confianza.
    • Educación para la Guerra: Critica que las políticas educativas y los medios de comunicación estén promoviendo una percepción de amenaza constante, sustituyendo la «cultura de la memoria» por programas que difunden una visión puramente armada de la defensa. En lugar de una «cultura de la memoria» que nos ayude a aprender del pasado, se fomenta un adiestramiento mental para la confrontación, lo cual es el motor de las polarizaciones vigentes en las democracias occidentales.
    • La denuncia de las «lógicas de oposición»: El Papa advierte sobre cómo las sociedades modernas han caído en la tentación de definirse a través del conflicto. En el contexto de las polarizaciones actuales, el mensaje critica que la identidad se construya sobre el miedo al que piensa diferente, convirtiendo al adversario político en un enemigo existencial.
    • La «blasfemia» de instrumentalizar la fe: Uno de los puntos más críticos del mensaje es la denuncia de quienes utilizan el lenguaje religioso o la fe para bendecir nacionalismos o proyectos ideológicos que fomentan el odio. Esto resuena fuertemente con las corrientes de polarización en Occidente, donde a menudo se utiliza la religión como una herramienta de división política. El Papa califica esto como una «blasfemia contra el nombre de Dios, que es Paz».

    2. El Riesgo de la Tecnología y la Inteligencia Artificial

    El texto aborda directamente la modernización de los conflictos que mencionas al citar la respuesta de la OTAN y las intervenciones tecnológicas actuales:

    • Desresponsabilización: El Papa advierte sobre el creciente «delegar» de decisiones de vida o muerte a las máquinas (IA), lo que genera una espiral destructiva para el humanismo jurídico y filosófico.
    • Poderes Privados: Denuncia la influencia de grandes concentraciones de intereses financieros privados que empujan a los Estados hacia la guerra.

    3. La Paz como «Presencia» y no solo como Meta

    Mientras el mundo parece fragmentarse en lo que describe —citando a Francisco— como una «tercera guerra mundial a pedazos», León XIV propone una resistencia activa:

    • La Paz Desarmada: Inspirada en el camino no violento de Jesús, esta paz no es una utopía lejana, sino una realidad que debe experimentarse en lo íntimo para evitar que la agresividad se difunda a la vida pública.
    • Desarme Integral: Siguiendo a Juan XXIII, afirma que el desarme solo es posible si es «absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias», eliminando el temor de los corazones.
    • No destruir puentes: Citando a San Agustín, el texto exhorta a no romper los puentes de comunicación, incluso con aquellos que se consideran enemigos, recordando que «mientras los hombres caminan por la tierra, no deben desesperar de nadie».

    4. Diplomacia vs. Fatalismo

    En el contexto de la posible deslegitimación de instituciones internacionales ante conflictos en América y Europa, el mensaje hace un llamado urgente:

    • Refuerzo Institucional: Lamenta la violación de acuerdos internacionales y pide no deslegitimar, sino reforzar las instituciones supranacionales.
    • Caminos de la Paz: Exhorta al uso de la diplomacia, la mediación y el derecho internacional como el «camino desarmante» frente al desequilibrio de poder entre los más fuertes.

    En resumen, aunque el Papa no nombra específicamente a partidos o líderes mundiales, su mensaje es un ataque directo a las estructuras mentales que sostienen la polarización, proponiendo sustituir la «seguridad basada en el miedo» por una «seguridad basada en la confianza recíproca».

    El Papa concluye que la paz verdadera no puede apoyarse en el equilibrio de fuerzas militares, sino en una «fraternidad» que reconozca al diferente, instando a que el Jubileo de la Esperanza que hemos celebrado, sea el motor para este desarme del corazón.

    Guía de Reflexión: Caminemos a la luz del Señor

    Aquí tienes una serie de puntos de reflexión y preguntas para trabajar en los grupos parroquiales, basados directamente en el mensaje de Su Santidad León XIV:

    1. El desafío de la «Paz Desarmada»

    El Papa nos recuerda que la paz de Cristo es «desarmada» porque su propia lucha lo fue, incluso en contextos de gran injusticia política y social.

    * En nuestros conflictos cotidianos (familia, trabajo, comunidad), en los conflictos de nuestra sociedad civil y en los conflictos políticos: ¿buscamos imponer nuestra razón por la fuerza o tenemos la valentía de Jesús para responder con la no violencia?.

    * ¿Qué «espadas» —palabras hirientes, juicios, deseos de dominio— necesitamos «envainar» hoy para que la paz sea una realidad en nuestro entorno?.

    2. El peligro del miedo y el rearme

    El mensaje denuncia que el aumento del gasto militar mundial (un 9,4% en el último año) nace de una lógica de sospecha y de considerar al «otro» como una amenaza.

    * El Papa advierte que es posible olvidar la luz y ceder a una visión distorsionada del mundo bajo el signo del miedo.

    * ¿Cómo podemos, como comunidad, contrarrestar las narrativas de desesperanza que nos rodean y volver a ver la «gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos»?.

    3. La tecnología y la desresponsabilización

    León XIV expresa su preocupación por el uso de la Inteligencia Artificial en la guerra, lo que lleva a «delegar» en máquinas decisiones sobre la vida y la muerte.

    * La paz requiere un despertar de las conciencias y del pensamiento crítico frente a una tecnología que puede deshumanizarnos.

    * En un mundo cada vez más digital y automatizado, ¿cómo podemos proteger la dignidad humana y asegurar que nuestras decisiones sigan guiadas por la misericordia y no por algoritmos?.

    4. La paz como un «desarme del corazón»

    Citando a san Juan XXIII, el mensaje afirma que el desarme general solo es posible si llega hasta las mismas conciencias.

    * La paz no es solo la ausencia de guerra, sino una «presencia» que debe habitar en nosotros.

    * Desde la experiencia del Jubileo de la Esperanza, ¿qué pasos concretos podemos dar para que nuestras comunidades sean verdaderas «casas de paz» donde se practique el perdón?.

    5. Compromiso grupal:

    El Papa nos invita a transformar «espadas en arados»;

    * ¿Podríamos identificar una situación de conflicto en nuestro barrio o parroquia y proponer una acción de «justicia reparadora» o mediación para este mes?.

    6. Para la Juventud: «Centinelas en un mundo tecnológico»

    El Papa advierte sobre una «tercera guerra mundial a pedazos» y cómo la tecnología —como la Inteligencia Artificial— se usa para «delegar» decisiones de vida o muerte.

    * El reto: Hoy se nos vende un «realismo» sin esperanza que nos vuelve ciegos ante la belleza de los demás.

    * Pregunta para el grupo: En redes sociales y juegos, ¿consumimos narrativas que nos entrenan para ver al otro como un enemigo o como una amenaza?.

    * Dinámica: Identifiquen un «puente» que puedan construir esta semana para conectar con alguien que piensa diferente, siguiendo el consejo de San Agustín de no destruir puentes.

    7. Para las Familias: «La Paz comienza en el pesebre del hogar»

    El mensaje nos dice que «nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo» y que la paz debe ser una realidad experimentada en la vida doméstica.

    * El reto: Si no cultivamos la paz en casa, la agresividad se difunde a la vida pública. La fragilidad de los niños y ancianos nos hace más lúcidos sobre lo que realmente da vida.

    * Pregunta para la mesa: ¿Cómo manejamos los conflictos en casa? ¿Buscamos una paz «desarmada» (basada en el diálogo) o una paz impuesta por la fuerza o el grito?.

    * Dinámica: Realizar un momento de «desarme del corazón» antes de la cena, pidiendo perdón por las palabras que usamos como «armas» durante el día.

    8. Para las Comunidades Parroquiales: «Ser Casas de Paz»

    El Papa León XIV desea que cada comunidad sea una «casa de paz» donde se aprenda a desactivar la hostilidad.

    * El reto: Debemos denunciar la «blasfemia» de arrastrar las palabras de la fe al combate político, nacionalista, de estatus social. La paz no es una utopía, sino una creatividad pastoral.

    * Pregunta para la comunidad: ¿Nuestra parroquia es un lugar donde alguien diferente (en etnia, pensamiento o estatus) se siente acogido o rechazado?.

    * Dinámica: Analizar los gastos y prioridades de la comunidad: ¿invertimos en «arados», proyectos sociales y de encuentro, de atención a sectores vulnerables?

  • Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy nos convoca una alegría doble. Celebramos la fiesta patronal de nuestra comunidad bajo la advocación del Niño Jesús, y lo hacemos en la fecha que recuerda la fundación de esta antigua reducción jesuítica. Este lugar no nació por azar; nació como un proyecto de fe, como un «Nazaret» en medio de estas tierras, donde el Nombre de Jesús debía ser el centro de toda vida común. Al mirar las imponentes ruinas de nuestra misión, recordamos que somos herederos de una historia que buscaba refugio, dignidad y crecimiento espiritual para cada familia.

    El Evangelio de hoy nos muestra que la Sagrada Familia no fue una familia estática, de cuadro o de estatua. Fue una familia «en camino», que se fue construyendo día a día bajo la guía de la Providencia. José tuvo que levantarse de noche, huir a Egipto, esperar, confiar y luego volver para establecerse en Nazaret. Nada fue inmediato. Su santidad no consistió en no tener problemas, sino en construir la voluntad de Dios en medio de la incertidumbre.

    La familia como obra en construcción

    Así como esta reducción de Jesús de Tavarangüe quedó inconclusa en sus muros de piedra, a veces sentimos que nuestra propia familia está «incompleta» o «en obras». Quizás hay sillas vacías, heridas que no cierran o proyectos que no se concretan. Pero hoy la Palabra de Dios nos trae una certeza: En la Providencia de Dios, nada de lo que se hace con amor y en Su nombre queda imperfecto. A los ojos del mundo, una iglesia sin techo está inacabada; a los ojos de Dios, es un templo abierto al cielo. Tu familia, con sus límites y sus procesos, es la obra que Dios está labrando hoy. No te desesperes si el «techo» aún no está puesto; confía en que Dios es el arquitecto y que todo se va haciendo a su tiempo.

    Arreglar los detalles cotidianos

    Construir una familia no es solo levantar grandes paredes; es cuidar los detalles del día a día, como nos pedía San Pablo. Construir es:
    • Pedir «permiso» antes de entrar en el espacio del otro.
    • Decir «gracias» por el plato de comida o el esfuerzo del trabajo.
    • Tener la humildad de pedir «perdón» cuando nos gana el mal genio.
    • Es la paciencia de escuchar al abuelo que cuenta la misma historia, como dice el Eclesiástico, siendo indulgentes con él aunque pierda la lucidez.
    Esos son los ladrillos de amor que mantienen en pie el hogar cuando llegan las tormentas de la vida.

    El valor del Nombre

    Finalmente, recordemos el sentido de esta fiesta: el Nombre de Jesús. En aquel tiempo, el nombre indicaba la misión de la persona. Nuestra parroquia lleva el nombre más alto, el que nos salva. Pero cada uno de ustedes también lleva un nombre: el apellido de su familia.

    Cuidar el «buen nombre» de la familia no es aparentar perfección ante los vecinos. Cuidar el nombre es vivir de tal manera que nuestros hijos se sientan orgullosos de quiénes somos; es que nuestra palabra sea valiosa, que nuestra honestidad sea conocida y que nuestra caridad sea real. Honramos nuestro nombre cuando, como dice el Salmo, «tememos al Señor y seguimos sus caminos». Al cuidar el nombre de Jesús en nuestras vidas, estamos protegiendo el nombre de nuestra propia casa.


    Conclusión

    Hermanos, no se desanimen si sienten que su familia es una «obra en construcción». Dejen que el consejo de San Pablo sea el cimiento de su hogar a partir de mañana: “Revístanse de sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, humildad, dulzura y paciencia”.

    Que el Niño Jesús de Tavarangüe, que conoció el exilio y el trabajo sencillo en el taller de José, bendiga cada piedra de sus hogares y haga del amor el vínculo de su perfección.

    Fin de la homilía

  • Dios no hace acepción de personas: Un solo Padre, una sola familia humana


    El Don: La Gracia que nos precede

    Queridos hermanos, hoy celebramos el Bautismo del Señor, y con ello, el misterio de nuestra propia identidad. Antes de que nosotros decidiéramos buscar a Dios, Él ya nos había buscado. Antes de cualquier mérito nuestro, el Cielo se abrió.

    El Bautismo no es un trofeo a la santidad, sino el don de la primacía de la gracia. En las aguas del Jordán, Jesús nos enseña que el amor de Dios es un regalo previo: somos hijos porque Él así lo ha querido. Esta filiación es la base de nuestra dignidad; no hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más, y nada que puedas hacer para que te ame menos.

    El contraste: Las fronteras que inventamos

    Sin embargo, al mirar nuestro mundo, vemos un contraste doloroso con esta verdad divina. Mientras Dios abre el cielo para todos, nosotros nos especializamos en cerrar puertas. El ser humano ha creado una «cultura de categorías» basada en criterios arbitrarios que fragmentan la familia humana:

    • Criterios Materiales: Clasificamos a las personas por su poder adquisitivo o su éxito profesional.
    • Criterios Ideológicos y Políticos: Creamos muros invisibles entre «nosotros» y «ellos», etiquetas que nos impiden ver el rostro del hermano detrás de una postura.
    • Criterios Étnicos y Culturales: Seguimos juzgando por el origen, el acento o el color de piel.

    Vivimos en un mundo de asimetrías globales: una minoría que habita en la abundancia frente a mayorías que carecen de lo básico. Esta desigualdad no es un accidente, sino el resultado de haber olvidado que «Dios no hace acepción de personas».

    La Verdad de Pedro: El Amor sin fronteras

    San Pedro, en la segunda lectura, tiene una revelación que cambia la historia: «Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas». Pedro, que venía de una tradición que separaba rígidamente lo puro de lo impuro, entiende que el Espíritu de Dios sopla donde quiere y sobre quien quiere.

    Esta verdad no es una teoría bonita; es una tarea urgente. El amor universal que San Pedro descubre nos obliga a pasar del sentimiento a la acción. Si Dios no hace acepción de personas, el cristiano no puede permitirse el lujo de la indiferencia.

    ¿Cómo vivir esto en lo cotidiano?
    • En la escucha: Prestar atención a quien el mundo ignora (el anciano, el conserje, la persona en situación de calle).
    • En el juicio: Detener el comentario prejuicioso en la oficina, en la mesa familiar o en las redes sociales.
    • En la acogida: Salir de nuestra burbuja de «personas afines» para dialogar con quien piensa diferente.

    Conclusión: Una misión compartida

    Al salir Jesús del agua, se oyó una voz: «Este es mi Hijo muy querido». Hoy, esa voz el Padre te la dirige a ti, y a cada bautizado en Cristo. Al decirnos «hijos», nos está diciendo también que todos los que nos rodean son «hermanos».

    Nuestra misión es la misma de Cristo: ser la «luz de las naciones» y «la alianza del pueblo» (Isaías). Estamos llamados a construir la fraternidad y la paz en un mundo fracturado. Que este Bautismo que recordamos hoy nos dé la fuerza para derribar los muros de la acepción de personas y empezar a construir, desde lo pequeño, el Reino donde todos tienen un lugar a la mesa del Padre.

    Fin de la homlía


    Oración por la Fraternidad de los Hijos de Dios

    Padre de bondad, que en las aguas del Jordán revelaste a Jesús como tu Hijo Amado y lo ungiste con el Espíritu Santo para pasar haciendo el bien:
    Te damos gracias por el don de nuestro bautismo. Gracias porque, sin mérito nuestro, nos has llamado tus hijos y has abierto el cielo sobre nuestras vidas. Te pedimos hoy que la gracia de este regalo no se quede dormida en nuestro corazón, sino que se convierta en fuego que transforme nuestra mirada.
    Señor, danos la fuerza para ser instrumentos de sanación en este mundo dividido. Que allí donde otros levantan muros de prejuicios, nosotros sepamos tender puentes; donde el mundo clasifica y excluye, nosotros sepamos acoger y valorar.
    Ayúdanos a que nuestra identidad de hijos se exprese en gestos concretos:
    • En la mano tendida que reconoce la dignidad del que sufre.
    • En la palabra que busca la paz frente al grito de la discordia.
    • En el compromiso por la justicia que acorta las asimetrías de nuestra tierra.
    Que, al igual que tu Hijo, no apaguemos la mecha que arde débilmente ni rompamos la caña quebrada de la esperanza de nuestros hermanos. Haznos conscientes de que nuestra misión es humanizar la historia, construyendo una fraternidad donde nadie sea invisible y donde tu amor sea la única medida.
    Que el mundo, al ver nuestras acciones, pueda reconocer que verdaderamente somos tus hijos, y que en Cristo, Tú sigues enviando tu paz a todas las naciones. Amén.

    FJPS

  • Título de la homilía: El Pesebre de la Vida Diaria

    Introducción: La Luz que llega al hogar

    Hoy celebramos la Epifanía, la «Manifestación» del Señor. El profeta Isaías nos grita: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!”. En Paraguay, esta fiesta nos habla de camino y de encuentro. Pero la gran noticia de hoy es que esa luz no se detuvo en un palacio, sino en una casa sencilla. El pesebre no es solo una figura de barro en un rincón; es una metáfora diaria de nuestra vida cristiana. Nuestro pesebre es el hogar, el encuentro con Dios hecho pequeño, hecho familia, allí donde la vida sucede realmente.

    I. La actitud de los Magos: Sorpresa y Humildad

    Los Magos de Oriente nos enseñan el «estilo de vida» del creyente. Ellos no se quedaron instalados en sus certezas, sino que se pusieron en camino.

    Volver a sorprenderse: En medio de la rutina, la actitud del cristiano es la de dejarse maravillar por la ternura de Dios. Sorprenderse de que el Creador del universo se manifieste en el abrazo de un hijo, en la mesa compartida o en el perdón renovado.

    Postrarse de rodillas: El Evangelio dice que, al entrar, «postrándose, le rindieron homenaje». Postrarse ante el pesebre cotidiano es un acto de humildad: es reconocer que no somos autosuficientes y que necesitamos de la misericordia de Dios para caminar. Es arrodillarse ante la fragilidad del otro para servirlo.

    II. Nuestros Cofres: Los Regalos del Emanuel

    Los magos abrieron sus tesoros, y nosotros hoy estamos invitados a abrir los cofres de nuestro corazón para ofrecerle al «Dios con nosotros» los regalos que nacen de nuestra vida diaria:

    El Incienso de nuestra oración cotidiana: Representa nuestra dimensión espiritual. No es solo la oración de los templos, sino el perfume que sube desde el altar del hogar. Es la oración de alabanza al empezar el día, la súplica confiada cuando el dinero no alcanza o la salud flaquea, y la gratitud profunda por el pan de cada día. Es reconocer que Él es el centro de nuestra familia.

    La Mirra de nuestra humanidad: La mirra, amarga y medicinal, representa nuestra fragilidad y nuestro dolor. Le ofrecemos al Señor nuestro cansancio al final de la jornada, los sacrificios silenciosos que nadie ve y nuestras limitaciones personales. Al entregarle nuestra «pequeñez», reconocemos que confiamos más en Su bondad que en nuestras fuerzas. Ofrecemos nuestras heridas y sufrimientos con esperanza, sabiendo que Él los unge y les da sentido.

    El Oro de nuestra caridad en el servicio: El oro es el regalo para el Rey, y nuestro Rey se identifica con el prójimo. Este es el oro que brilla en cada gesto de amor auténtico: en la paciencia con el que sufre, en el servicio alegre en las tareas de la casa, y en la mano tendida al necesitado. Cada encuentro lleno de verdadero amor, cada gesto de ternura que damos o recibimos, es la moneda de oro con la que coronamos al Niño Jesús en nuestro prójimo.

    III. Conclusión: Regresar por otro camino

    Los Magos, tras encontrar al Niño, «volvieron a su tierra por otro camino». Este es el llamado final: quien se encuentra con la ternura de Dios en el pesebre de su hogar, no puede seguir caminando por las mismas sendas de egoísmo o amargura.

    Que esta Epifanía nos transforme. Que nuestros hogares sean pesebres de luz donde el incienso de la fe, la mirra de la entrega y el oro del amor nunca dejen de brillar.

    Fin de la homilía

    Oración de Bendición de los Reyes para las Familias

    Señor Jesús, Emanuel, Dios-con-nosotros:
    Hoy te abrimos las puertas de nuestro hogar, que queremos sea tu pesebre permanente. Como los Magos de Oriente, nos acercamos a Ti para reconocer tu presencia en medio de nuestra familia.
    Hoy, ante este pesebre cotidiano, abrimos nuestros cofres y te decimos:
    • Te ofrecemos nuestro Incienso: Recibe nuestra oración, nuestra alabanza y nuestra gratitud. Que el diálogo contigo sea el perfume que llene cada rincón de esta casa.
    • Te entregamos nuestra Mirra: Recibe nuestra fragilidad, nuestros dolores y nuestro cansancio. Ponemos en tus manos nuestra pequeñez humana, confiando plenamente en tu bondad que todo lo sana y le da sentido.
    • Te damos nuestro Oro: Recibe nuestro deseo de servir, nuestra paciencia y nuestro amor puesto en obras. Que cada gesto de caridad que vivamos aquí sea un regalo para Ti.
    Bendice esta casa y a quienes en ella habitan. Que al salir de aquí cada día, sepamos transitar por el «camino nuevo» de la alegría, siendo estrellas que guíen a otros hacia tu Amor.

    ¡Que la bendición de Dios descienda sobre nosotros y permanezca para siempre! Amén.


  • Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy iniciamos este año 2026 celebrando la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y la LIX Jornada Mundial de la Paz. Nos encontramos en el umbral de un tiempo nuevo, y la liturgia nos ofrece una hoja de ruta centrada en la bendición, la filiación y la paz.

    La Bendición: De la palabra al encuentro

    La primera lectura nos ha recordado la antiquísima bendición sacerdotal: «Que el Señor te bendiga y te proteja; que haga brillar su rostro sobre ti». Esta bendición no es un mero formalismo; es una promesa de Dios que quiere iluminar nuestra realidad. Como nos recuerda el Papa León XIV en su mensaje para este día, «ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad».
    El saludo que hoy nos intercambiamos, «¡La paz esté con ustedes!», es la palabra de Jesús resucitado que no solo desea la paz, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe. En este inicio de año, debemos comprender que la paz, antes de ser una meta, es una «presencia y un camino» que ya habita en nosotros y tiene el poder de iluminar nuestra inteligencia.

    María y el Dios «Sin Defensas»

    El Evangelio nos presenta a los pastores encontrando al Niño en el pesebre. En ese escenario de sencillez, descubrimos que «la bondad es desarmante». Dios ha elegido manifestarse en el pesebre de Belén como un «Dios sin defensas», a quien la humanidad solo puede amar cuidándolo.
    María, por su parte, «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón». Ella es el modelo de cómo custodiar la paz. El Papa nos advierte que la paz es como una «pequeña llama amenazada por la tormenta» que debemos cuidar sin olvidar a quienes han dado testimonio de ella. Al mirar al Niño, María nos enseña que la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos sobre lo que verdaderamente da vida.

    Hijos, no Esclavos del Miedo

    San Pablo nos ha dicho en la segunda lectura que Dios envió a su Hijo para que recibiéramos la filiación adoptiva. Al clamar «¡Abba!, ¡Padre!», se rompe toda cadena de esclavitud. Esta identidad de hijos nos llama a ir «más allá de los lazos de sangre o étnicos» y a rechazar cualquier fraternidad que solo reconozca al semejante.
    Es doloroso constatar, como señala el Santo Padre, que hoy se intente «justificar religiosamente la violencia y la lucha armada». Los creyentes debemos desmentir con nuestra vida estas formas de «blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios». La paz verdadera no puede apoyarse en el miedo o en la «disuasión nuclear», que encarna la irracionalidad de las relaciones humanas, sino únicamente en la «confianza recíproca».

    El Llamado de 2026: Desarmar el Corazón

    Al comenzar este año, no podemos ignorar que los gastos militares a nivel mundial han seguido una tendencia ininterrumpida de aumento, alcanzando cifras escandalosas. Ante esta realidad, el llamado es urgente: necesitamos un «desarme de las conciencias».
    Como cristianos, estamos llamados a ser testigos de una «paz desarmada», siguiendo el camino de Jesús que pidió a Pedro «envainar la espada». Que este año, marcado por el Jubileo de la Esperanza, nos impulse a redescubrirnos peregrinos y a comenzar en nosotros mismos ese «desarme del corazón». Hagamos vida la profecía de Isaías y trabajemos para que, con nuestras «espadas forjemos arados» y no nos adiestremos más para la guerra.

    Gesto Final

    Les invito ahora a que cerremos los ojos un momento. En este silencio, hagamos el propósito de desarmar nuestro corazón. Pidamos la gracia de que nuestras palabras en este 2026 no sean armas que hieran, sino bendiciones que sanen, para que seamos verdaderos artesanos de una paz desarmada y desarmante.

    Fin de la homilía

  • Título de la homilía: «Gratitud, Luz y Fraternidad en la Última Hora»

    La mirada desde la «Última Hora»

    Queridos hermanos, las palabras de San Juan nos sitúan en un umbral sagrado: «Hijos míos, ha llegado la última hora». Al cerrar este año 2025, no solo despedimos 365 días; nos presentamos ante Dios para leer nuestra historia bajo la luz del Verbo que se hizo carne. Hoy no es un día de nostalgia, sino de discernimiento. Como dice la epístola, hemos recibido una unción que nos permite conocer la Verdad. Esa verdad nos dice que, a pesar de los cambios y las crisis, Dios ha caminado con nosotros.

    Memoria de Gracia en la Iglesia Universal y Diocesana

    Este año ha sido un tiempo de «Gracia sobre Gracia». Hemos caminado como peregrinos en el Jubileo de la Esperanza, recordando que nuestra fe no es una idea, sino una persona. Hemos vivido el dolor y la gratitud por la partida del Papa Francisco, cuyo legado de misericordia sigue vivo, y hemos recibido con esperanza el inicio del ministerio del Papa León XIV.
    Agradecemos los 1700 años del Concilio de Nicea, que nos ha unido más a nuestros hermanos de Oriente, especialmente tras la histórica visita papal a Turquía. En nuestra Diócesis de la Santísima Encarnación, la luz del Verbo ha brillado en la ordenación diaconal de José Zarza y en cada peregrinación que llenó nuestros santuarios de oración. Y hoy, con el corazón encendido, miramos hacia la Bienal Católica 2026, bajo el lema: «Familia, ¡abramos las puertas a la esperanza!».

    El Clamor por la Paz y la Fraternidad Real

    El Evangelio nos advierte: «La luz brilla en las tinieblas». El mundo de este 2025 ha conocido sombras: conflictos persistentes y divisiones que duelen. Por eso, hoy elevamos un grito por la paz mundial. No una paz de papel, sino una fraternidad real. El informe del G20 sobre desigualdades nos recordó que la paz es fruto de la justicia. No puede haber paz donde hay hambre de pan o de dignidad.
    En nuestro Paraguay, bendecimos a Dios por el crecimiento económico, la estabilidad y los logros de nuestra agricultura que llega a nuevos mercados. Pero como Iglesia, recordamos que el crecimiento del PIB es estéril si no llega a los más humildes. Iniciamos este trienio con el mandato: «Denles ustedes de comer». Debemos pasar del decir al hacer, sanando nuestra sociedad desde el bien común, como nos recordaron nuestros obispos y la gran fiesta de Caacupé. La verdadera soberanía de nuestra nación reside en la fraternidad de sus hijos.

    La Iglesia Doméstica: Historia de Amor y Tiempo

    Finalmente, miremos hacia adentro, hacia el hogar. Cada familia aquí presente ha escrito este año una página de una historia de amor con Dios.
    Les invito a vivir el cuarto mandamiento con una profundidad nueva: que la gratitud y el respeto hacia nuestros mayores sea el cimiento de sus casas. Inviertan más amor que dinero en su familia. Creen un ethos cristiano donde el perdón sea el aire que se respira. Que cada mesa compartida sea un ensayo del cielo.

    Quiero concluir proclamando un himno de alabanza al Señor: Te Deum 2025: Acción de Gracias al Final del Año

    A ti, Dios, te alabamos; a ti, Señor, te reconocemos.
    Padre eterno, toda la tierra te venera por este año que culmina.
    Te damos gracias, Señor, por el Papa Francisco y su vida entregada,
    y por la luz que derramas sobre el Papa León XIV.
    Gracias por el Jubileo de la Esperanza y por la fe compartida en Nicea.
    Te bendecimos por nuestra Diócesis de la Santísima Encarnación,
    por sus pastores, por el nuevo diácono y por cada familia peregrina.
    Te alabamos por los frutos de nuestra tierra paraguaya,
    por el pan en nuestras mesas y por el crecimiento de nuestra nación.
    Señor de la Historia, te pedimos perdón por nuestras cegueras:
    por la falta de paz en el mundo y por la indiferencia ante la desigualdad.
    Ayúdanos a pasar del decir al hacer,
    para que el 2026 sea el año de la fraternidad real en nuestro Paraguay.
    Bendice nuestras familias: que sean templos de misericordia y esperanza.
    En tus manos ponemos el tiempo, que es tuyo.
    A ti la gloria, por los siglos de los siglos.
    Amén.

    Fin de la homlía